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15 jul. 2015

Rumi y el acuerdo nuclear

El acuerdo para poner límites al programa nuclear de Irán es una victoria para la paz mundial y un éxito para la diplomacia en una edad de beligerancia, guerras incesantes y una polarización creciente e insana.

Por cierto que hay muchos, especialmente en el Congreso norteamericano, que han anunciado que se opondrán a este pacto. Empantanados en prejuicios pretéritos, se muestran incapaces de liberarse del pasado. El problema central que los corroe, a ellos y a sus seguidores, tanto en los Estados Unidos como en el extranjero, sobre todo en Israel, es la desconfianza hacia los enemigos iraníes.

¿Cómo superar ese miedo histórico y profundo entre dos pueblos?

La diplomacia ordinaria no basta. Estamos ante un ocasión única para que se lleve a cabo otro tipo de diplomacia, una diplomacia que podríamos llamar literaria. Nada mejor para aminorar suspicacias ante Irán que adentrarse en las fuentes más duraderas de la identidad persa. Y la manera más eficaz de llevar a cabo ese viaje cultural hacia una civilización que precede a la occidental en muchos siglos es, a mi modo de ver, a través de Rumi, el inimitable poeta sufí que nació en 1207. Todos los iraníes llevan en su corazón aquellos versos luminosos, salaces, místicos, escritos en farsi, tal como Shakespeare es parte del alma de quienes hablan inglés o Cervantes lo es para nosotros, los hispanohablantes. Leer, aunque sea una pequeña selección de las odas graciosas que Rumi le dedicó a su amigo del alma y a Dios, puede ir fracturando los estereotipos deshumanizantes que nos enceguecen y nos separan hoy de los hombres y mujeres comunes y corrientes de Teherán, hacer pedazos las mismas aprensiones que los negociadores en Ginebra tuvieron que superar para solucionar lo que parecía un problema insoluble. De hecho, quizás aquellos negociadores le estaban haciendo caso a Rumi cuando las posiciones se mostraban irreconciliables, quizá dejaron que el gran poeta los guiara secretamente con sus palabras milenarias: “El vino que ama Dios/ es la honestidad humana”.

Rumi tiene, además, mensajes para los dos pueblos, el norteamericano y el iraní, en cuanto a cómo reaccionar ante este acuerdo que evita crear aún más armas de destrucción masiva. Escuchen a uno de los hombres más sabios y generosos que pisó la Tierra al hablar sobre la seguridad: “Dejen de desear lo que tienen los demás seres humanos”, dice Rumi, y agrega:

“–Es el único camino para sentirse uno seguro.

–¿Dónde, dónde y cómo puedo sentirme seguro? –preguntas.

–Este no es un día para hacer ese tipo de preguntas”.

Y en cuanto a los que temen que los términos del convenio nuclear recién suscrito sean inverificables, harían bien ellos también en escuchar a Rumi: “No dejen que vuestra garganta/ se agarrote con el miedo”.

Quienes concertaron este convenio han utilizado una y otra vez la palabra inglesa breakthrough para caracterizarlo. Significa éxito y avance, pero lo que breakthrough contiene, más significativamente, es la idea de que para llegar a una condición nueva es imprescindible romper las rigideces que nos atan, ir más allá de quienes éramos ayer. Y Rumi, en efecto, es particularmente valioso como experto en rupturas, alguien que canta contra la complacencia que mata y sofoca. Es suya la sagacidad que necesitamos al enfrentar una situación amenazante y nueva. Entendió ese hombre tan espiritual que los cambios más trascendentes, para los pueblos como para los individuos, exigen destrozar alguna parte de nuestro ser anterior, dejar atrás aquello en que creíamos para alcanzar un estado humano superior.

Dice Rumi: “Bailen, cuando quedan descuartizados./ Bailen, cuando te sacan las vendas violentamente./ Bailen, cuando te encuentras en medio de la lucha”. Hace tantos siglos que ese místico nos legó estos versos y siguen tan vigentes como entonces: “Así”, dice, sigue diciendo, “habremos caído en el sitio/ donde todo es música”.

¿Traerá este acuerdo nuclear algo más de concordia y paz a nuestro atribulado planeta?

Esperemos, con Rumi muerto y sin embargo tan vivo, que así sea. Pero mientras tanto, si bailamos con sus palabras eternas, podremos tal vez traer algo de paz a las almas atribuladas de nuestra vasta y dividida humanidad. Es cosa de hacerle caso a Rumi cuando dice: “Apuesta todo lo que tienes para alcanzar el amor/ apuesta todo/ si eres un ser humano de verdad”.

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