8 ago. 2015

Muchos años en uno solo

Un año atrás, el hallazgo del nieto de Estela de Carlotto sorprendió a todo el mundo. La potencia de la noticia la volvió inmanejable: por la tarde ya se había filtrado a la prensa su nombre y apellido, su profesión, su domicilio y quiénes lo habían criado. A Ignacio le parece haber vivido 20 años desde ese 5 de agosto de 2014: debió escapar de su casa para evitar el acecho periodístico y apurar sus tiempos y procesos internos. Al día siguiente conoció a su abuela, y tres días después dio una conferencia de prensa para más de 100 medios de todo el mundo. Momentos críticos en su vida fueron televisados en vivo.

A un año de ese momento, todavía intenta definirse públicamente, salir del encasillamiento en el que fue colocado y construir una imagen propia. Su nombre es Ignacio y es músico. Esa es su identidad. Eso es lo que es y lo que quiere mostrar.

"Aparecí en ese momento y parece que 'soy' a partir de ahí, pero antes tenía toda una vida. Acá en Olavarría tenía una vida pública", analizó 12 meses después.

Y en la misma dirección, asegura: "La música es lo que yo soy. La vida mía es esa. Ahora me tocó esta historia. Y la volcaré a la música".

Ignacio habla tranquilo y muy seguro de sus convicciones. Afirma que el cimbronazo lo agarró bastante bien parado, con una historia detrás que le permitió sostenerse para no caerse. Se aferró de la música y de sus afectos.

El tiempo le permitió asentarse y señala que colocar el nombre Ignacio en su nuevo documento ni siquiera fue una decisión, sino "una sensación y sentimiento de certeza". Eso significó dejar de ser 'Guido', el nombre que le dio su madre en esos pocos días que compartieron tras el parto. "Entre todas las decisiones apuradas que tuve que tomar en ese momento, que fueron un millón, dudé un poco con lo del nombre", reconoce meses después.

Estas certezas y dudas de Ignacio pueden ser las mismas que tenga cualquiera de los nuevos nietos que identifique Abuelas. Los entonces niños, luego jóvenes, son ahora adultos, más cerca de los 40 años, con media vida ya vivida.

"Te mueve, te moviliza, pero ya tenés un bagaje y estás asentado", resume Ignacio.

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