28 may. 2017

La casa del Che

Un relato de Hugo Chávez

(“Permítanme siempre estas confidencias muy del alma, porque yo hablo con el pueblo, aunque no lo estoy viendo; yo sé que ustedes están ahí, sentados por allí, por allá, oyendo a Hugo, a Hugo el amigo. No al Presidente, al amigo, al soldado”)

Foto: En la casa del Che en Córdoba, Argentina, el 22 de julio de 2006

Dígame cuando fuimos con Fidel a la Universidad de Córdoba. ¡Qué cosa tan extraordinaria, aquella masa de gente, Dios mío!, y sobre todo gente muy joven. Yo no quise hablar mucho. Le dije a Fidel: “Aquí tienes que hablar tú”. Él es el “papaúpa”. Hablé una hora, pero había que darle la entrada a Fidel. Tres horas habló Fidel, con una gran capacidad, gran coherencia en sus ideas, sus reflexiones. De ahí no se movió nadie. ¡Y estaba haciendo un frío terrible!, soplaba mucha brisa fría, aquella noche en Córdoba.

Al día siguiente, en otro momento memorable, inolvidable, fuimos a la casa donde se crió el Che Guevara, allá en Alta Gracia, muy cerca de Córdoba. Recorrimos juntos una hora por carretera, viendo la campiña argentina. Pasamos la tarde en la casa donde vivió el Che, apareció un grupo de amigos del Che, amigos de la infancia, pasamos un rato inolvidable. Cuando usted conozca a Fidel Castro, le va a hacer cien preguntas en los primeros cinco minutos. Él quiere saber de todo. Entonces estaba allí la señora de la casa donde vivió el Che, que hoy es un museo, explicándonos, y mucha gente. Y la señora explicando: “Mire, esta es la foto del Che”, y no sé qué más.

Fidel le preguntó: “¿Y esta casa la construyeron en qué año?”, “¿para qué la construyeron?”. Y la señora empieza: “Bueno, la construyeron, para…”; ella quería explicar las cosas del Che Guevara, pero Fidel, no. Fidel quería era saber cuándo construyeron la casa, de dónde es la madera con la que la construyeron, quién fue el primer habitante. Y la señora buscando las respuestas ahí. Pero lo cumbre fue cuando yo tuve que intervenir en defensa de la señora, porque la estaba masacrando, de manera inclemente, el preguntador infinito que es Fidel Castro. Como la señora le respondía todo, él tenía que buscar la manera. Como me dijo una muchacha un día: “¡Usted me quiere raspar!”, porque yo le pregunté no sé qué cosa, como que fue en un Aló Presidente.

Entonces, Fidel le pregunta, y la señora dice: “Esta casa la construyeron para los gerentes del ferrocarril en 1914”. Viene el muy fastidioso de Fidel, y le pregunta lo impreguntable. Yo le dije: “Pero, ¿cómo tú le vas a preguntar eso?”. Entonces, le dijo: “¿Cuánto costaba el pasaje en ferrocarril —¡en aquel tiempo!— de Buenos Aires a Córdoba?”. Ahí fue cuando yo intervine, no aguanté más, le dije: “No, chico, pero deja quieta a la pobre señora”. La abracé y le dije: “¡Déjala!”. Porque ella estaba ya preocupada con tantas preguntas. Le dije: “Bueno, déjala que nos explique aquí, vale”. Aquí vivió el Che. Señora, díganos: ¿Cuánto vivió el Che aquí?, ¿dónde dormía? Llévenos.

Fidel andaba con una gorrita de esas que andan por ahí. No voy a mencionar lo que dice porque estamos ya en campaña electoral. Entonces, Fidel andaba con gorrita roja. ¿Tú la has visto? Yo le dije: “Fidel, ¡que eso es intervencionismo, chico! Tú no puedes meterme en las cosas de Venezuela”. Ahí anda, míralo, ahí va, esa es la casa del Che Guevara, mira. Ahí está la señora, ¡mira!, Ahí está preguntándole. Esa es la cama del Che, ahí dormía cuando era niño, tenía como cinco años. Mira la cara que tiene el Che, era bravo el niño. Y Fidel es implacable, haciendo preguntas: “¿Cuánto costaba el pasaje de Buenos Aires a Córdoba?, ¿cuántos vagones tenía el ferrocarril?, ¿a qué velocidad iba?” Mira a la mamá del Che, mira la cara de esa mujer, ¿ah? ¡Qué cara!, ¿no? ¡Qué carácter! Esa es la hermana mayor, está viva. La otra niña, la chiquita, ya murió. Ahí está la embajadora de Argentina en Venezuela. Mira, Fidel buscando la vuelta pa’ preguntar, porque es un preguntador que no tiene límites, vale. Mira, yo estoy tratando ahí de desviarlo, pero él no, él estaba era con la pobre señora. Ese fue un día memorable, inolvidable, grandioso, de mucho sentimiento.

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