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24 sept. 2017

200 000 israelíes llegarían a «Kurdistán» en cuanto se proclame la independencia

Según la revista Israel-Kurd, que se publica en Erbil, el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu y el presidente autodesignado del futuro Kurdistán independiente, Massud Barzani, tienen un pacto secreto.

En virtud de ese acuerdo, Tel Aviv instalará en Kurdistán 200 000 israelíes de origen kurdo.

Esa información ha encontrado amplia repercusión en la prensa de Turquía, de Irán y del mundo árabe.

El proyecto de creación de un Sudán del Sur y de un Kurdistán independiente constituye un objetivo militar de Israel a raíz del desarrollo de la tecnología misilística, a finales de los años 1990. Los territorios de esos nuevos Estados independiente, ampliamente administrados por israelíes, permitirían a Israel sorprender a Egipto y Siria con un movimiento envolvente.

Entre los 8,5 millones de israelíes que hoy viven en Israel se cuentan unos 200 000 de origen kurdo. En marzo de 1951, la Operación Ezra y Nehemías (cuyo nombre hace referencia a los personajes bíblicos que organizaron la fuga de los judíos de Babilonia) permitió a 11 000 kurdos judíos emigrar de Irak hacia Israel. Aquella operación fue financiada por el American Jewish Joint Distribution Committee de Nueva York y los aviones utilizados en el puente aéreo fueron proporcionados por el dictador cubano Fulgencio Batista.

El clan Barzani, que hoy gobierna el Kurdistán iraquí con mano de hierro, ha estado históricamente vinculado a Israel. Mullah Mustafá Barzani, padre del actual presidente Massud Barzani, incluso tuvo rango de alto oficial en el Mossad israelí.

El primer ministro israelí es en este momento el único jefe de gobierno que se ha pronunciado públicamente a favor de la creación de un Kurdistán independiente fuera de los territorios kurdos históricamente reconocidos y, por consiguiente, en detrimento de las poblaciones autóctonas de los territorios anexados por Erbil.

Un referéndum tendrá lugar el 25 de septiembre de 2017, con vista a la posterior proclamación de un Estado kurdo independiente, a pesar de que la Corte Constitucional de Irak prohibió esa consulta.

Hillary Clinton financia la extrema izquierda estadounidense


Hillary Clinton hizo llegar 800 000 dolares a 5 grupos de extrema izquierda a través de Super-Pac Onward Together, reveló el Daily Caller.

Los beneficiados con la generosidad de la ex secretaria de Estado de la primera administración Obama y perdedora de la más reciente elección presidencial estadounidense son:
- Indivisible (que también había gozado anteriomente de la generosidad del multimillonario George Soros), aunque desmiente –a pesar de los documentos de la Comisión Electoral– haber recibido donaciones de Soros o de la señora Clinton:

- Swing Left
- Color of Change
- Emerge America
- Run for Something

Rusia y China contra el imperio del dólar

Nos equivocamos cuando creemos que cada uno de los actuales conflictos armados es diferente a los demás. Casi todos se insertan en un contexto general que enfrenta al «Imperio Estadounidense de Occidente» con los países del grupo BRICS, que a su vez trata de oponerle «un orden internacional alternativo». Ese enfrentamiento también se plantea en el plano militar y el sector financiero.

Un amplio arco de tensiones y conflictos se extiende desde el este de Asia hasta el centro de ese continente, desde el Medio Oriente hasta Europa y desde África hasta Latinoamérica. Los «puntos candentes» a lo largo de ese arco intercontinental –como la península de Corea, el Mar de China Meridional, Afganistán, Siria, Irak, Irán, Ucrania, Libia, Venezuela y otros– presentan historias y características geopolíticas diferentes, pero están al mismo tiempo vinculados a un factor común, que es la estrategia con la que el «Imperio Estadounidense de Occidente», en declive, trata de impedir el ascenso de nuevos actores estatales y sociales. El temor de Washington resulta comprensible a la luz de los resultados de la cumbre de los países del grupo BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica), celebrada en Xiamen, China, del 3 al 5 de septiembre.

Al expresar «las preocupaciones de los BRICS ante la injusta arquitectura económica y financiera mundial, que no tiene en cuenta el creciente peso de las economías emergentes», el presidente Putin subrayó la necesidad de «dejar atrás la dominación excesiva del limitado número de monedas de reserva».

Esto es una clara alusión al dólar estadounidense, que constituye casi 2 terceras partes de las reservas monetarias mundiales y es la moneda con la que se determinan los precios del petróleo, del oro y de otras materias primas estratégicas, lo cual permite a Estados Unidos conservar un papel predominante, imprimiendo dólares cuyo valor no se basa en la capacidad económica real de los propios Estados Unidos sino en el hecho que esos dólares se utilizan como moneda mundial. Sin embargo, el yuan chino ingresó hace un año a la canasta de monedas de reserva del Fondo Monetario Internacional –junto al dólar, el euro, el yen y la libra esterlina– y ya Pekín está a punto de abrir contratos para la compra de petróleo con yuanes convertibles en oro.

Los países del grupo BRICS demandan además la revisión de las cuotas, o sea de la cantidad de votos que se atribuyen a cada país en el Fondo Monetario Internacional (FMI) –Estados Unidos ostenta más del doble del total de los votos que poseen juntos 24 países de Latinoamérica (incluyendo México) y el G7 tiene el triple de votos que los países del BRICS.

Washington observa con creciente preocupación la asociación entre Rusia y China: los intercambios entre esos 2 países, que deberían alcanzar los 80 000 millones en 2017, van en constante aumento, a la vez que aumentan también los acuerdos de cooperación ruso-china en los sectores energético, agrícola, aeronáutico, espacial así como en materia de infraestructura. La compra anunciada de un 14% de la compañía petrolera rusa Rosneft por parte de una compañía china y la entrega pactada con China de 38 000 millones de metros cúbicos de gas ruso a través del nuevo gasoducto Sila Sibiri, que entrará en funcionamiento en 2019, abren el camino hacia el este a la exportación de recursos energéticos rusos, mientras que Estados Unidos se empeña en tratar de bloquearle el camino al oeste, hacia Europa.

Al comprobar que está perdiendo terreno en el plano económico, Estados Unidos no encuentra nada mejor que poner la espada en la balanza, recurriendo a la fuerza militar y a su influencia política. La presión militar de Estados Unidos en el Mar de China Meridional y en la península de Corea, las guerras de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán, en el Medio Oriente y en África, el espaldarazo de Estados Unidos y la OTAN a Ucrania y su subsiguiente enfrentamiento con Rusia, son parte de la misma estrategia de confrontación mundial contra la asociación ruso-china, cuyo carácter no es sólo económico sino también geopolítico.

También es parte de esa estrategia el plan tendiente a torpedear el grupo BRICS desde adentro, trayendo nuevamente al poder las fuerzas de derecha en Brasil y en toda Latinoamérica. Esto quedó confirmado por el comandante del Comando Sur, el general Kurt Tidd, que está preparando contra Venezuela la «opción militar» que mencionaba el presidente Donald Trump. En audiencia ante el Senado de Estados Unidos, el general Tidd acusó a Rusia y China de ejercer una «influencia maligna» en Latinoamérica para hacer avanzar también en ese continente «su visión de un orden internacional alternativo».

Venezuela se rebela contra la tiranía del petrodólar


Las decisiones que Washington ha tomado para bloquear la economía de Venezuela –presentadas como sanciones que castigan crímenes imaginarios– prohíben de hecho a los aliados de Estados Unidos la compra de petróleo venezolano. Así que Venezuela venderá su petróleo a China y, al hacerlo, ya no fijará su precio en dólares sino utilizando la moneda china –el yuan–, lo cual pondrá rápidamente en peligro la supremacía del dólar estadounidense y, con ello, la economía misma de Estados Unidos. Parece que al tratar de castigar a Venezuela, Washington acaba de darse un tiro en un pie.

«A partir de esta semana, el precio promedio del petróleo se indica en yuanes chinos», anunció, el 15 de septiembre de 2017, el ministro del Petróleo de Venezuela. Por primera vez, el precio del petróleo venezolano dejará de fijarse en dólares estadounidenses.

Así responde Caracas a las sanciones que la administración Trump anunció el 25 de agosto, más duras que las que la administración Obama había impuesto en 2014. Las nuevas sanciones impiden a Venezuela cobrar los dólares provenientes de la venta de su petróleo a Estados Unidos –más de un millón de barriles diarios–, dólares que hasta ahora se destinaban a la compra de bienes de consumo, como alimentos y medicinas. Las nuevas sanciones estadounidenses prohíben también la compra de los bonos que emite PDVSA, la compañía estatal encargada de la comercialización del petróleo venezolano.

Washington trata de alcanzar dos objetivos a la vez: agravar la escasez de bienes de primera necesidad en Venezuela y acentuar con ello el descontento popular, que serviría de base a la oposición interna –que cuenta con las subvenciones y el respaldo de Estados Unidos– para derrocar el gobierno del presidente Nicolás Maduro, así como provocar el default del Estado venezolano –o sea, llevarlo a la bancarrota–, impidiéndole pagar los plazos de la deuda externa. En otras palabras, se trata de provocar la quiebra del país que cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo entero, casi 10 veces más grandes que las de Estados Unidos.

Así que Caracas trata de evitar que esas sanciones estrangulen su economía y lo hace cotizando el precio de venta de su petróleo no en dólares estadounidenses sino en yuanes chinos. El yuan entró hace un año en la canasta de monedas de reserva del Fondo Monetario Internacional (FMI), donde ahora figura junto al dólar estadounidense, el euro, el yen japonés y la libra esterlina británica, y Pekín está a punto de abrir “contratos de futuros” para la compra-venta del petróleo en yuanes convertibles en oro. «Si el nuevo “future” tomara consistencia, erosionando aunque sea en parte el aplastante poder de los petrodólares, eso sería un fuerte golpe para la economía estadounidense», comenta el diario [italiano] Il Sole 24 ore.

Lo que hoy contradicen Rusia, China y otros Estados no es solamente el enorme poder del petrodólar (moneda de reserva proveniente de las ventas del petróleo) sino el poder mismo del dólar, cuyo valor no está determinado por la capacidad económica real de Estados Unidos sino por el hecho que el dólar constituye casi 2 tercios de las reservas monetarias mundiales y es la moneda utilizada para establecer los precios del petróleo, del oro y de las mercancías en general. Eso permite a la Reserva Federal de Estados Unidos –o sea, el banco central de ese país, que es por cierto un banco privado– imprimir miles de miles de millones de dólares que utiliza para financiar la colosal deuda pública estadounidense –alrededor de 23 000 millardos de dólares– mediante la venta de obligaciones y de otros títulos que emite el Departamento del Tesoro.

En ese contexto, la decisión de Venezuela de liberar el precio de su petróleo de la tiranía del dólar provoca una sacudida sísmica que, desde el epicentro sudamericano, hace temblar todo el edificio imperial basado en el dólar. Si el ejemplo de Venezuela llegara a extenderse, si el dólar dejara de ser la principal moneda del comercio y de las reservas monetarias internacionales, se produciría la venta masiva de una inmensa cantidad de dólares en el mercado internacional, lo que provocaría un derrumbe del valor de la moneda estadounidense.

Ese es la verdadera causa de que, en su Orden Ejecutiva del 9 de marzo de 2015, el entonces presidente Obama proclamara la «urgencia nacional ante la amenaza inhabitual y extraordinaria que plantea para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos la situación en Venezuela».

Y es también lo que ahora motiva que el presidente Trump anuncie una posible «opción militar» contra Venezuela. Esa «opción militar» está en preparación en el Comando Sur (U.S. Southern Command) cuyo emblema es un águila imperial que domina América Central y Sudamérica, dispuesta a clavar sus garras en todo aquel que se rebele contra el imperio del dólar.

Después del Califato… Rojava


Mientras que el Ejército Árabe Sirio, la aviación rusa y el Hezbollah libanés se disponen a erradicar de una vez el Emirato Islámico, el Pentágono ya planifica una nueva guerra contra Siria, utilizando ahora a combatientes kurdos. En el plan anterior, la misión del Califato era crear un Sunnistán que debía abarcar territorios pertenecientes a Irak y Siria. En el actual proyecto la misión de «Rojava» es crear un «Kurdistán», que también abarcaría territorios de esos dos países, conforme a lo que el Pentágono ya prevía públicamente hace 4 años.

Según la Gran Estrategia Estadounidense, definida en 2001 por el almirante Cebrowski y difundida en 2004 por su adjunto Thomas Barnett, habría que destruir todo el Medio Oriente ampliado (o Gran Medio Oriente), exceptuando sólo Israel, Jordania y el Líbano.

Por consiguiente, la inminente victoria sobre el Emirato Islámico (Daesh) no modificará las intenciones del Pentágono.

El presidente Trump se opuso al uso de yihadistas. Detuvo el apoyo financiero y militar que Estados Unidos les aportaba, logró convencer a Arabia Saudita y Pakistán de hacer lo mismo y modificó la política de la OTAN al respecto. Pero nada permite saber en este momento si se opondrá también a la gran estrategia del Pentágono. En el plano interno, todo el Congreso estadounidense se ha puesto en contra de Trump y la única posibilidad que le queda al presidente para impedir que lo saquen de la Casa Blanca es negociar con el Partido Demócrata.

Donald Trump conformó su administración con ex altos funcionarios de la administración Obama, políticos oportunistas, muchos responsables improvisados y sólo unas pocas personalidades de confianza.

Su representante especial en el seno de la coalición anti-Daesh, Brett McGurk, es un ex colaborador del presidente Obama que supuestamente estaría ahora al servicio de la política de Trump. El 18 de agosto, McGurk organizó una reunión con jefes de tribus para «luchar contra Daesh», pero las fotos que él mismo difundió demuestran que varios líderes de Daesh participaron en ese encuentro.

Asimismo, el 26 de agosto, helicópteros de las fuerzas especiales de Estados Unidos evacuaron de la región de Deir ez-Zor a 2 jefes europeos de Daesh, con sus familias, para que el Ejército Árabe no pudiera hacerlos prisioneros. Dos días después, también evacuaron otra veintena de oficiales del Califato, ante el avance del Ejército Árabe Sirio en la misma región.

Todo transcurre como si el Pentágono estuviera replegando su dispositivo yihadista para utilizarlo después en operaciones bajo otras latitudes. Simultáneamente, está preparando un nuevo capítulo contra Siria, con un nuevo ejército, que ahora se compone de elementos armados kurdos.

Esta nueva guerra, al igual que la que emprendió el Califato, fue anunciada hace 4 años en las páginas del New York Times por la investigadora Robin Wright, del US Institute of Peace (la NED del Pentágono). También tendría como objetivo dividir Yemen en dos Estados, como podrían dividirlo ahora entre sí Riad y Abu Dabi. Y lo último, aunque no menos importante, es que también se planteaba el desmembramiento de Arabia Saudita.

En todo caso, el proyecto de creación de «Rojava» corresponde a la estrategia israelí que, desde finales de los años 1990 y debido al desarrollo de la tecnología en materia de misiles, ya no apunta a controlar las fronteras exteriores –el Sinaí, el Golán y el sur del Líbano– sino a sorprender a sus vecinos atacándolos por la espalda –estrategia que ya dio lugar a la creación de Sudán del Sur y ahora apunta a la de un Gran Kurdistán.

El reclutamiento de soldados para «Rojava» sólo está comenzando. En principio, está reuniendo tantos combatientes como los que ya hubo para la yihad, dado el hecho que los grupos anarquistas que le sirven de vivero son como mínimo tan numerosos en Europa como los presos comunes.

Vale la pena recordar aquí que la “conexión” yihadista comenzó en las cárceles francesas, antes de convertirse en una “cruzada” generalizada. Es probable que el reclutamiento dentro del movimiento anarquista también se amplíe en el futuro. Washington, Londres, París y Berlín, que han organizado ese reclutamiento, lo tienen concebido como una operación de larga duración.

Utilizo deliberadamente el término “cruzada” porque aquellas guerras de la Edad Media, al igual que la que acabamos de vivir, no eran otra cosa que operaciones imperialistas europeas contra los pueblos del Medio Oriente ampliado. Pretender que existe algún vínculo entre el mensaje de Cristo y las cruzadas es tan grotesco como afirmar que existe alguna relación entre el mensaje del Profeta y el yihadismo. En ambos casos, las órdenes provienen de “occidentales” [3] y esos conflictos favorecen única y exclusivamente los intereses del imperialismo occidental. Las cruzadas sucesivas se prolongaron por más de 2 siglos y la mayoría de los cristianos del Levante lucharon contra los invasores junto a sus compatriotas musulmanes.

Anteriormente, el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, declaraba públicamente que el presidente sirio Assad «no merece estar sobre la tierra» y aseguraba que los yihadistas estaban haciendo «un buen trabajo». Numerosos jóvenes respondieron a su llamado uniéndose al Frente al-Nusra, que no era otra cosa que al-Qaeda, y posteriormente a Daesh.

Ahora, el ex ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchner, anuncia públicamente que Francia respaldará la creación de un Estado que abarque el Kurdistán iraquí y el corredor que lo conectaría con el Mediterráneo pasando a través de Siria. Jóvenes europeos ya han respondido a ese llamado y muchos más han de seguirlos.

Hoy en día, exactamente de la misma manera que en 2011 y 2012, la prensa occidental se pronuncia a favor de este nuevo ejército anti-sirio, que –también al igual que el anterior– goza del apoyo de sus gobiernos. Esa prensa nunca cuestionará el hecho que el líder kurdo Abdulah Ocalan haya abandonado el marxismo-leninismo para pasarse al anarquismo. Repetirá que el Kurdistán ya fue reconocido en la conferencia de Sevres, en 1920, pero no consultará los documentos que precisaban sus fronteras. Fingirá creer que la existencia de ese Kurdistán es legítima en Irak y en Siria, cuando el verdadero Kurdistán está en la actual Turquía. Y cerrará además los ojos ante el hecho que las fronteras de este “Kurdistán” solamente obedecen a los planes del Pentágono.

El referéndum por la independencia del Kurdistán iraquí y de los territorios que esa entidad logró anexar con ayuda de Daesh, marcará el inicio de esa operación, el 25 de septiembre. Como en 2014, el objetivo será destruir simultáneamente Irak y Siria, pero no como antes –creando un «Sunnistán» desde Raqqa (en Siria) hasta Mosul (en Irak)– sino un «Kurdistán» en un territorio que conectaría las regiones (iraquíes) de Erbil y Kirkuk con el Mediterráneo.

El poder y la Mentira

“¿Usted sintió alguna vez que tenía el ciento por ciento del poder?”, preguntó Eduardo Aliverti a Cristina Kirchner en el programa de Víctor Hugo, haciendo referencia al poder completo que le confería su cargo de presidenta. Cristina Kirchner se tomó un segundo para pensarlo y su respuesta sonó segura, aunque con cierta sorpresa: “No, en ningún momento, y si tuviera que ponerle un porcentaje diría que fue el 25 por ciento”. O sea que una presidenta elegida por el 54 por ciento de los votos tiene acceso sólo al 25 por ciento del poder y el 75 por ciento restante lo ocupa el uno o dos por ciento de la población que representa al poder económico. Una democracia donde el 54 por ciento tiene menos poder que el uno o dos por ciento tiene una falla grave.

Hay una forma de comprobarlo: la ley de medios propuesta por el Poder Ejecutivo durante su mandato fue discutida a lo largo de seis meses en todos los ámbitos de la sociedad, desde las universidades, los gremios y los barrios. Luego fue materia de intensos debates parlamentarios y en cada una de esas instancias recibió aportes y recortes. Al final el parlamento aprobó una ley para impedir la presencia de monopolios y situaciones dominantes en el mundo de los servicios de comunicación audiovisual. La ley nunca se pudo aplicar: ganó el 75 contra el 25 a pesar de que había sumado el respaldo de la mayoría del Parlamento y la mayoría de la sociedad.

Otra consecuencia que se deriva de la anterior y que demuestra cómo se ejerce esa forma de poder: Una parte de la sociedad –incluyendo a una parte de ese 54 por ciento que la había votado– fue convencida, por los mismos medios concentrados que iban a ser afectados por la desmonopolización, que eran neutrales, que la información amañada (periodismo de guerra) que producían era objetiva y veraz, aunque la generaran para defender sus intereses monopólicos amenazados por la ley. Toda la campaña contra la presidenta que había producido esa ley antimonopólica fue asumida como información objetiva y neutral aunque provenía de las grandes empresas de medios que serían afectadas por esa ley antimonopolio. Todas las denuncias de corrupción fueron originadas en esta puja. Mucha gente que las creyó, nunca tuvo el mínimo reflejo de duda, no se animaron a pensar que era una guerra declarada en defensa de privilegios e intereses amenazados. Hubo un efecto rebaño. Un reflejo consciente a creer lo que en cualquier contexto no podía ser creíble. Un rechazo a ver con criterio propio y, en cambio, asumir el criterio que devenía del poder. La verdad, o mejor dicho “el conjunto de reglas por las cuales se discrimina lo verdadero de lo falso y se ligan a lo verdadero efectos políticos del poder” (como señala Michel Foucault), está siempre relacionada con el poder. Otra vez la democracia donde gana el 75 por ciento del poder que representa al uno o dos por ciento de la gente contra el 25 por ciento del poder, que representa al 54 por ciento de los habitantes de un país.

La idea de la mentira es como una flor que se abre. Apenas se puede vislumbrar la relación de la mentira con los intereses del poder, va quedando al descubierto. Pero una gran cantidad de personas prefiere todavía aceptar en forma acrítica el producto que le ofrecen los grandes medios de comunicación concentrados. El contraste entre verdad y mentira es a veces tan grande que parece que hubieran elaborado la información para lobotomizados. En el último recital de La Renga hubo un homenaje a Santiago Maldonado y seguramente a él le hubiera gustado cuando el grupo cantó “ya que vas a escribir, dijo, cuenta de mi pueblo, pobreza y dolor sólo trajo el progreso, la cultura de la traición y los indios en los museos”. Y al final dice: “me preguntó de qué se ocupaban allá en la Capital, y yo sólo tuve palabras para definir la injusticia y que sólo aspiraban al fruto de la propia codicia”.

Desde la desaparición forzada de Santiago Maldonado, los grandes medios, los mismos que sostienen las acusaciones de corrupción contra el gobierno anterior, trataron de esconder la responsabilidad de este gobierno y de la Gendarmería con una cortina de mentiras que puso a prueba la estupidez blindada de mucha gente. La versión de que Santiago Maldonado había sido herido en un ataque guerrillero contra un puestero de la estancia de Benetton era de por sí absurda. La versión que difundió Jorge Lanata de que los mapuches recibían instrucción militar de los kurdos y de Isis demostraba la ignorancia de los servicios de inteligencia porque los kurdos y las milicias de Isis son enemigos mortales. Esa misma información decía que los mapuches eran financiados por un importante banco desde Londres y cualquiera ve las casas humildes, casi chozas en las que viven. Gendarmería exhibió el armamento que les habían requisado como si se tratara de sofisticadas armas de guerra compradas con los millones que les llegan de Londres y lo que mostró fueron unas hileras patéticas de hondas y herramientas de labranza. Un disparate detrás de otro y, sin embargo, absurdo más absurdo van amasando el sentido común implícito para mucha gente, de que los mapuches están “montonerizados”, como dijo un Miguel Angel Pichetto, ya totalmente funcional al oficialismo.

La sociedad camina por un precipicio llevada por el gobierno sobre un fino hilo de mentiras, desde las corrupciones usadas como artillería de difamación, hasta las que demonizan a los mapuches que reclaman sus territorios y ahora detonan con un caradurismo que asombra el peritaje sobre el caso Nisman de la misma gendarmería defendida a capa y espada por el gobierno en el caso Maldonado. El resultado fue anunciado por Clarín mucho antes de que se llevara a cabo y casualmente coincide con el interés del gobierno macrista, aunque contradice todos los peritajes realizados con anterioridad por la junta médica y los peritos forenses de la Corte en condiciones mucho menos dudosas. Los 28 peritos de Gendarmería que firman el informe comprometen a toda la institución en conclusiones que no se pueden sostener, como la participación de dos asesinos que no explica cómo entraron ni cómo salieron del departamento y del edificio y sin que hubiera huellas ni señales que lo confirmen. Explica las manchas de sangre que demuestran el suicidio como esparcidas de esa manera por los sicarios para disimular, afirman que fue drogado pero no dicen cómo. No explican por qué usaron un arma conocida. Todos los elementos han sido forzados para llevar a una conclusión que sirva políticamente a este gobierno. El uso que darán al informe fue explicado por Elisa Carrió: “El gobierno de Cristina mató a Alberto Nisman”. Es el titular que buscan, lo único que les interesa.

Nunca podrán probarlo porque no existen pruebas y el peritaje de Gendarmería solamente se limita a forzar elementos para llevarlos a esa conclusión por los pelos. Pero el bombardeo mediático sirve a la estrategia del oficialismo de destruir al kirchnerismo y a la ex presidenta y más ahora en que Cristina Kirchner es candidata en las elecciones legislativas. La función de los medios, su asociación con el gobierno conservador para atacar a sus adversarios y defender a sus miembros ya es abierta y no existe ni siquiera la intención de disimularla. Y se completa con la persecución contra las voces disidentes en los medios como fue esta semana el despido de Roberto Navarro de C5N, como culminación de una larga lista de cierres de medios, aprietes con el retiro de la pauta pública y listas negras de periodistas que quedaron sin trabajo.

Las acusaciones de corrupción tendrían que generar por lo menos algunas dudas en cualquier persona razonable, fueron hechas por alguien interesado y no han encontrado ni el dinero K ni la ruta del dinero K. Las mentiras que se dicen sobre los mapuches y la desaparición forzada de Santiago Maldonado fueron tan evidentes como grotescas. Y este último peritaje, cuyo resultado fue anticipado antes de que se realizara, un resultado que fue reclamado por el gobierno porque lo necesitaba para que Carrió haga su campaña, tendría que hacer reflexionar a cualquier persona decente, a cualquier persona sensible o razonable. Pero estos procesos de propaganda mediática son capaces de alienar a personas razonables, decentes y sensibles. No importa que, al trabajar con la información, los medios concentrados no duden en usar la mentira para defender sus intereses. No importa que la mentira sea también la herramienta del gobierno para ocultar su responsabilidad en una desaparición forzada. La verdad es un tesoro manipulado por el poder. El 75 contra el 25. La democracia real, la que plantea igualdad ante la ley, igualdad de oportunidades, otra vez quedó muy lejos.

El Shock Macrista


La llegada de la Alianza Cambiemos a la Casa Rosada no supuso una simple alternancia democrática, sino un verdadero cambio de régimen económico. En el libro La recaída neoliberal se plantea la pregunta ¿por qué, si sus efectos negativos son conocidos, Argentina cayó nuevamente en la trampa del neoliberalismo? La obra de Claudio Scaletta explica la inviabilidad del nuevo régimen porque, incluso si resulta “exitoso”, no genera empleo suficiente, a la vez que crea una dependencia externa explosiva.

El punto de partida de las páginas que siguen, además del deseo siempre presente de explicar procesos, es un estadio anterior. Son sensaciones fuertes que me acompañan desde diciembre de 2015: el malestar y el azoramiento frente a la reiteración, en los ámbitos de la sociedad civil y la política, de discursos fracasados en la historia económica local y mundial. Vuelven a escucharse discusiones completamente superadas por la experiencia histórica y teórica; cuestiones tan viejas y respondidas como el rol del Estado, el proteccionismo, los efectos de una devaluación, las causas de la inversión o la explicación de la inflación. La lista podría seguir hasta incluir a todos los agregados macroeconómicos. Pero el punto de partida, el verdadero problema es que, luego de la experiencia de 2003–2015, el país se encuentra nuevamente frente a una restauración neoliberal.

La nueva realidad post 2015, entonces, no constituye una mera alternancia dentro de un régimen democrático estable. Se trata de la expresión de un proceso de mayor complejidad cuyos resultados en términos de sustentabilidad social y política podrían ser inquietantes por dos razones fundamentales. La primera, porque aun en caso de que a la actual administración “le vaya bien” en sus propios términos, el modelo puesto en marcha se caracteriza por no crear empleo suficiente. Esto es así porque se concentra en el desarrollo de sectores con ventajas comparativas estáticas, como agro y energía, y sectores ya establecidos y altamente concentrados de la industria, los que en conjunto no son lo suficientemente demandantes de mano de obra, es decir que el modelo no es sustentable socialmente porque deja fuera a una parte de la población. La segunda remite a que el nuevo régimen basa su funcionamiento –otra vez en la historia económica local– en la entrada de capitales, principalmente bajo la forma de endeudamiento externo, una toma de deuda que además no se produce en paralelo al desarrollo de sectores generadores de divisas para el repago. En consecuencia el modelo tampoco es sustentable financieramente en su frente externo.

La pregunta del millón, que a su vez es la fuente del malestar y azoramiento inicial, remite a por qué se reincide en una política económica que conduce a la insustentabilidad social y financiera, cuando tanto la teoría como la experiencia histórica, local y global, “conocen” el resultado al final del camino.

El núcleo

Avanzado 2017, dejó de ser una predicción que el gobierno surgido del balotaje del 23 de noviembre de 2015 no representó una mera alternancia democrática, sino un cambio de régimen instrumentado a través de un verdadero shock económico. Aunque la dirección de las transformaciones ocurridas era predecible, en los primeros meses sorprendió la velocidad de avance, el cambio de discurso y, en particular, la falta de resistencia, no ya del conjunto de la sociedad, sino de la mayoría de la dirigencia política que, con la excusa de no entorpecer la “gobernabilidad”, habilitó al nuevo gobierno a conducirse, no como una mayoría circunstancial surgida de las urnas, sino como el representante de un nuevo bloque histórico.

La regresión

Devaluación: El shock económico provocado por Cambiemos a partir de diciembre de 2015 comenzó por el levantamiento de los controles cambiarios aceptando como dado el nivel del tipo de cambio del mercado negro, la cotización del eufemísticamente llamado “dólar blue”. El nuevo precio de la divisa no fue obra de presuntos equilibrios del mercado de cambios, sino una decisión política, como siempre lo es –mientras se tenga el control de las variables- la fijación del nivel del tipo de cambio. El dato notable fue que la potente devaluación de la moneda local en un 40 por ciento se transmitió al conjunto de la sociedad como una presunta “liberación”, como el añorado “levantamiento del cepo” al que además los medios de comunicación se apresuraron a calificar como “exitoso”.

Eliminación de retenciones: En el mismo diciembre también se anunció la eliminación de las retenciones a las exportaciones agropecuarias con excepción de la soja, a la que solo se le aplicó una baja parcial de 5 puntos, aunque se anunció que su alícuota continuará bajando a partir de 2018. También se eliminaron las retenciones residuales que quedaban sobre algunos productos industriales y, con días de diferencia, se otorgó el mismo beneficio a las exportaciones mineras. Sin embargo, para parte del sector industrial, no todas fueron buenas noticias, pues al mismo tiempo comenzaron a destrabarse todas las importaciones frenadas por las DJAI. Se cumplía así con una de las principales promesas de campaña y a la vez una de las principales demandas del bloque histórico expresado por el nuevo gobierno.

El levantamiento de los controles cambiarios, primero parcial y luego total, y la eliminación de los aranceles al comercio exterior cumplió con dos de los principales requerimientos de las multinacionales que gobiernan de facto el capitalismo global: la libre circulación de capitales y de mercancías.

Redolarización de tarifas: A partir de marzo de 2016 comenzaron los ajustes tarifarios. Los aumentos fueron desde el 400 a más del 1000 por ciento, dependiendo del tipo de servicio y usuarios, proceso que al redactar estas líneas, avanzado 2017, todavía continúa. La desproporción de las subas significó un fuerte impacto en el ingreso disponible de los trabajadores, que desde entonces deben destinar una porción mucho mayor de su salario al pago de servicios, así como en los costos de las empresas. Para muchas pymes y pequeños comercios el shock tarifario llevó al límite sus ecuaciones de costos. Luego, al tratarse de uno de los principales precios relativos de la economía, los aumentos tarifarios fueron responsables de buena parte de la fuerte inflación registrada.

Baja de salarios: Puede parecer notable que gobiernos democráticos bajen salarios. También es notable que se consigan bajas salariales a pesar de la existencia de un movimiento obrero organizado y de trabajadores empoderados por años de crecimiento y de mejoras en sus ingresos. Sorprende también la velocidad con que esto sucedió. En pocos meses se pasó de reclamos de segunda generación, como claramente lo eran las demandas contra el Impuesto a las Ganancias que motivaron hasta paros generales contra el gobierno anterior, al temor de perder el empleo. De acuerdo a distintas fuentes en 2016 la pérdida del poder adquisitivo del salario fue de entre el 6 y el 10 por ciento, con piso en el sector privado y techo en el público.

Reendeudamiento y dependencia: La foto del balance de pagos 2016 indica en primer lugar que la devaluación, “la exitosa salida del cepo”, no cumplió la promesa mainstream de morigerar el déficit de la Cuenta Corriente, dato que según la buena teoría era esperable en tanto, como se explicó, la devaluación no aumenta las exportaciones. El déficit de la Cuenta Corriente se resolvió recurriendo a un endeudamiento desaforado, pero sin un plan que destine los fondos a la reducción futura del déficit externo, es decir al desarrollo. Este endeudamiento, más la política monetaria que fijó una elevada tasa de interés de referencia que sobreestimuló el carry trade, más conocido como “bicicleta financiera”, redundó en un ingreso de divisas que, tras la devaluación inicial, permitió mantener anclado el tipo de cambio, lo que dada la aceleración de la inflación significó iniciar un inmediato proceso de revaluación. El resultado fue la recreación de las condiciones para la dependencia permanente del ingreso de capitales. Dicho de manera sucinta: la recreación de la dependencia. Volvió a iniciarse un ciclo conocido y repetido de la economía local. Lo que se observa es un peso creciente de la deuda financiera sobre las cuentas públicas que demandará recursos presupuestarios también crecientes, los que se utilizarán como excusa para ajustes continuos. Como la nueva deuda es mayoritariamente en divisas y continuará el déficit de la Cuenta Corriente, se acentuarán los lazos de dependencia con el ingreso de dólares del exterior. Los planes de ajuste al estilo FMI están a la vuelta de la esquina. Otra vez la sombra de las renegociaciones de deuda con condicionalidades, avance sobre el patrimonio público y pérdida de grados de libertad de la política económica.

Vamos a destacar cuáles fueron las medidas que posibilitaron la salida del neoliberalismo luego de la crisis de 2001–2002. Recapitulando, las decisiones económicas núcleo fueron:

1- El establecimiento de aranceles al comercio exterior, los que protegieron el mercado interno, desdoblaron los tipos de cambio efectivos entre los distintos sectores económicos (dependiendo de la tasa de retenciones a las exportaciones), amortiguaron el impacto de la devaluación a través de la baja de los precios internos y permitieron al Estado participar por la vía fiscal tanto del ciclo alcista de los commodities como de los beneficios extraordinarios de la depreciación. Los aranceles, junto a otras medidas complementarias como las DJAI o las licencias no automáticas, también protegieron selectivamente de las importaciones al mercado interno.

2-  La desdolarización de las tarifas de los servicios públicos, lo que significó la reducción de uno de los principales precios relativos de la economía, tanto para los consumidores, en tanto se liberaron recursos para el consumo, como para las empresas, para quienes significó una baja de los costos de producción.

3-  El aumento de salarios. Primero fue la suba del salario mínimo, vital y móvil, luego los decretos de aumentos de suma fija. Finalmente, una vez recompuesto por la vía del crecimiento y el aumento del empleo el poder de negociación de los trabajadores, la motorización de las paritarias. Este último factor, junto con el aumento real del gasto del sector público por múltiples vías, fue la base de lo que llamamos “el crecimiento conducido por la demanda”.

4- El desendeudamiento. Tras el default inicial, se produjo la reestructuración de la deuda pública externa a partir de 2005, con el pago al FMI y la liberación de su tutela, y luego el lento pero persistente desendeudamiento, proceso que corrió en paralelo con una política exterior pragmática centrada en los alineamientos intrarregionales y la revinculación con los principales socios comerciales extra región.

De los cuatro factores señalados, los dos primeros correspondieron a decisiones tomadas durante el gobierno de transición 2002–2003 como producto del estallido del régimen anterior y la imposibilidad de seguir manteniendo la convertibilidad cambiaria fija. Como ya se dijo, ello no niega la voluntad política de la decisión en tanto podría haberse optado por una serie de políticas menos virtuosas. Los dos segundos factores fueron instrumentados a partir de mayo de 2003 ya como parte integrante de la nueva concepción del crecimiento conducido por la demanda y en el marco de la búsqueda de mayores grados de libertad y autonomía de la política económica.

Si estos cuatro factores significaron las medidas núcleo de salida del neoliberalismo, su regreso se plasmó en su reversión especular, reversión que fue el núcleo de la política de shock aplicada por el nuevo gobierno.

neoliberal

Desde diciembre de 2015 aparece el malestar y el azoramiento frente a la reiteración, en los ámbitos de la sociedad civil y la política, de discursos fracasados en la historia económica local y mundial.
Luego de la experiencia de 2003-2015, el país se encuentra nuevamente frente a una restauración neoliberal.

Aun en caso de que a la actual administración “le vaya bien” en sus propios términos, el modelo puesto en marcha se caracteriza por no crear empleo suficiente.

El nuevo régimen basa su funcionamiento en la entrada de capitales, principalmente bajo la forma de endeudamiento externo.

Una toma de deuda que además no se produce en paralelo al desarrollo de sectores generadores de divisas para el repago.

En consecuencia el modelo tampoco es sustentable financieramente en su frente externo.

Sin retorno

Argentina, como todos los países capitalistas periféricos, se acopló a la economía mundial como proveedor de materias primas. Sus experiencias de industrialización se produjeron en los momentos de “desacople”, como por ejemplo durante las grandes guerras mundiales o, en el lenguaje de la primera Cepal, en los momentos de “crisis en el Centro”, en los que se limitaron o cortaron importaciones y apareció el imperativo de sustituir lo que antes se compraba al exterior. Desde la perspectiva de la falsa armonía del país agroexportador, el gran problema fue que durante estas experiencias de desacople, la estructura productiva se diversificó, haciendo lo propio con la estructura de clases asociada. Se abrió así una dimensión política de no retorno. Mientras las nuevas clases emergentes no estaban dispuestas a resignar sus reivindicaciones y desaparecer, las viejas oligarquías se sumergían en la añoranza perpetua por los tiempos calmos y ubérrimos del granero del mundo.

No fue entonces “el peronismo” el causante de todos los presuntos males, fue la inevitable diversificación de la estructura de clases asociada a la transformación de la estructura productiva. A más desarrollo, más diversificación y menores posibilidades de volver al mítico pasado armónico. De hecho los países que menos generalizaron su industrialización, es decir que menos diversificaron su estructura productiva, son aquellos en los cuales la dominación social presenta menos resistencia y problemas de legitimación.

 La paradoja del desarrollo

Las clases dominantes locales, en tanto auxiliares en términos gramscianos de las hegemónicas de los países centrales (es decir que funcionan subordinadas, pero integradas a ellas) no son sujetos demandantes de desarrollo. Esta ausencia de una clase dominante o fracción de ella que demande desarrollo es un hecho muy potente. Al mismo tiempo, este desarrollo constituye un imperativo para la inclusión y, en consecuencia, para la sustentabilidad social de largo plazo de la economía. Aparece, entonces, una tensión política intrínseca, inmanente al desarrollo del capitalismo periférico y de muy difícil solución: ningún sector de las clases dominantes demanda la diversificación de la estructura productiva al tiempo que no puede existir estabilidad social y política sin inclusión, lo que demanda la diversificación de la estructura.

Las Noticias y el problema de a quien uno Escucha

¿Leíste en los grandes medios que los gendarmes gritaron “Tenemos a uno” el primero de agosto? Un solo “no” basta para entender que la libertad de prensa no es solo un problema de –algunos- periodistas.

Un día nos habrán convencido de que la mierda es jugo de arándanos y allí estaremos todos, en la boca de la cloaca desde la madrugada, haciendo la fila con un vaso. Mientras tanto, intentemos repetir como plegaria aquél mantra de Bartleby, el escribiente: “preferiría no hacerlo”. No acostumbrarse es el primer acto de rebeldía.

Breve test, respondamos “sí” o “no” a las siguientes preguntas:

¿Leíste en los grandes medios que los gendarmes gritaron “Tenemos a uno” el primero de agosto?

¿Leíste en los grandes medios que Prefectura hizo pericias en el “territorio sagrado”, supuestamente inexpugnable?

¿Leíste en los grande medios que aquella madrugada en Pu Lof los gendarmes prendieron fuego todas las pertenencias de los mapuches?

¿Leíste que volvieron a prender fuego los campamentos de las comunidades que denunciaron al juez Otranto en Esquel?
Y podríamos seguir…

Un solo “no” basta para entender que la libertad de prensa no es solo un problema de –algunos- periodistas. Una voz que callan (despedidos, precarizados o silenciados, suman más de 4.000 en los últimos dos años) es una herida transversal a ideologías. Y los riesgos son enormes.

Porque escuchamos que “mataron a Nisman para que no vaya al Congreso” es que nos parece posible la teoría del crimen. Haya o no haya sido suicidio, la premisa ya condiciona el razonamiento público. Ocurre que el acto legislativo del fiscal carecía de toda relevancia judicial. La fortísima acusación ya estaba en Tribunales, con todas las pruebas que Nisman consideraba pertinentes. Si la idea era impedir que se acusara a la Presidenta, los sicarios llegaron tarde. Pensemos como frente a Netflix: el Gobierno se entera de que le van a caer con delitos gravísimos, entonces manda a dos expertos a matar al denunciante… después.

Porque escuchamos que Santiago no estaba, que estaba pero al servicio de una guerrilla financiada desde Londres, que también cobraba un plan “descansar” de 40.000 pesos mensuales, que pertenecía a un grupo que trafica cocaína a través de la Cordillera, que era sobrino de Vaca Narvaja y montonero, es que toleramos la hipótesis del “sacrificio” (está escondido por amor a la causa) y la desaparición programada como estrategia kirchnerista para sacar rédito político. Un gendarme admite ahora que “tiraron corchazos”, a otro se lo vio en un video gritar “tiren al negro”, otro declaró que “disparé a una sombra” pero resulta que los que mienten son los testigos.

Se admite en la prensa oficial que en los despachos de la Casa Rosada no cunde el pánico: el Gobierno asegura que lo ocurrido en el sur tiene (sic) costo cero. Pera mejor (o peor), la noticia está “amesetada”, agrega la tribuna de doctrina. De costos y curvas de incidencia saben, sí. Analizan una desaparición forzada como una variable financiera. Y lo hacen impunemente porque tienen cómo apabullar.

Perdonen que insista: el problema es a quién uno escucha. Se prohíbe la resignación, la pereza y el desánimo. Se insta a buscar. Busquen, porque hay. Y cuando encuentren, apoyen, sostengan, aporten. Mañana será tarde. Que al menos podamos decir que lo intentamos.

El Pato Donald y el otro Donald

A 46 años de la aparición del mítico Para leer al Pato Donald, el libro podrá por fin ser editado en Estados Unidos. El evento le sirve a su autor para poner una lupa sobre el Donald que hoy preside ese país, los elementos de la sociedad norteamericana que permitieron su elección y la alegría liberadora que necesita cualquier proceso de cambio para plantearse la posibilidad de una alternativa.

Hace cuarenta y dos años, en julio de 1975, un oscuro funcionario del Servicio de Aduanas de los Estados Unidos ocupado en asegurar el cumplimiento de la ley de importaciones, decidió que un cargamento de libros impresos en Londres podrían constituir un acto de piratería intelectual contra los derechos de Walt Disney, y procedió a “detener”, “incautar” y “someter a custodia” los cuatro mil ejemplares respectivos, solicitando que las partes en disputa, los editores británicos y la Disney Corporation, entregaran declaraciones legales sobre el caso antes de que se determinara el destino final de ese envío.

El libro que había suscitado la suspicacia del Departament of the Treasury (Finanzas), del que depende la Aduana norteamericana, era la versión al inglés de Para Leer Al Pato Donald, que yo había escrito con el sociólogo belga Armand Mattelart en 1971 durante el gobierno revolucionario de Salvador Allende. Si he citado las palabras exactas con que se anunciaba el secuestro de nuestro libro es para acentuar que tal agresión era una más entre muchas que ya había sufrido nuestra crítica a Disney después del golpe de septiembre de 1973 que derrocó a Allende y su experimento de socialismo democrático.

¡Agua y fuego contra nuestro Pato!

Agua: diez mil ejemplares de la tercera tirada del libro fueron lanzados por la Armada chilena a la bahía de Valparaíso. Y fuego: unos días después de la asonada militar, encontrándome en la clandestinidad, vi por televisión cómo un grupo de soldados quemaban, en vivo, centenares de libros, entre los cuales se hallaba Para Leer Al Pato Donald. No me sorprendió tal pira inquisitorial. Nuestro desmenuzamiento de los valores dominantes que escondían las historietas que Disney propagaba por nuestro país y tantas otras naciones de lo que se denominaba en esa época el Tercer Mundo había tocado un nervio en la burguesía chilena. Un airado automovilista había tratado de atropellarme, gritando “¡Viva el Pato Donald!” Fui rescatado de una turba anti-semita por un camarada karateca y la casa en que vivíamos con mi mujer y nuestro hijo Rodrigo fue el objeto de protestas de vecinos del barrio.

Aún así, el espectáculo de ver mi propio libro ardiendo por televisión era particularmente inquietante. Había asumido, equivocadamente y con ingenuidad, que después de las infamantes hogueras nazis de mayo de 1933 en que toneladas de volúmenes que se juzgaban subversivos, decadentes e insuficientemente “alemanes” habían sido consignados al fuego, tales actos serían considerados demasiado reprehensibles para llevarse a cabo en forma pública. Pero los militares chilenos no tenían problemas con difundir flagrantemente su furia y odio. Y me recordó que quienes quemaban mi libro no tendrían problemas con hacer algo idéntico o peor al cuerpo indefenso del autor. Tal experiencia ayudó a convencerme de que aceptara, muy de mala gana, la orden de mi partido político para que abandonara Chile a fin de unirme a la campaña contra el General Pinochet en el exterior.

Esa imagen de mi libro incinerado me acompañó al exilio, incitándome a meditar dilatadamente acerca del sentido profundo y desesperante de aquella hoguera. Había sido nuestra intención asar al spiedo a Disney y a su Pato, vacunar al pueblo chileno contra la plaga del American Dream of Life y su ideología competitiva, super-individualista y voraz. En vez de ello, como Chile mismo, el libro había sido consumido por una conflagración sin fin. El hecho de que los conspiradores militares y civiles habían sido financiados y alentados por Washington y la CIA, que Nixon y Kissinger habían desestabilizado el experimento maravilloso de Allende, le dio una sensación de derrota especialmente amarga a la quema del texto que desnudaba justamente la forma en que los Estados Unidos trataba a países como el nuestro. Creíamos con tanto fervor que nuestras palabras –y los obreros en marcha que las estimularon– eran más fuertes que el Imperio y ahora el Imperio había probado su poderío, nosotros éramos los que habíamos sido chamuscados y digeridos y escupidos.

Y, sin embargo, pese a que tantos ejemplares de Para Leer al Pato Donald habían sido obliterados, el libro mismo cobraba una segunda vida en otras latitudes. Entre todas las traducciones, la que más nos importaba a Armand y a mí era la que se hizo al inglés. Si aquel “manual de la descolonización” (como la llamó el gran John Berger) no podía circular en la tierra que lo vio nacer, teníamos la esperanza de que podría encontrar nuevos lectores en la tierra que le dio nacimiento a Disney.

No tardamos mucho en darnos cuenta de que el creador del Pato Donald, igual que el gobierno gringo que lo defendía y difundía, era más poderoso de lo que habíamos anticipado. Debido a que no le habíamos pedido autorización a Disney para reproducir algunas imágenes de las historietas que Walt publicaba con tanto desparpajo masivo en nuestras naciones, ningún editor en los Estados Unidos estaba dispuesto a arriesgar los juicios y pleitos que una armada de abogados había ya desplegado en tantísimas ocasiones para defender el copyright de la Disney Corporation.

De manera que cuando el Servicio de Aduanas confiscó los ejemplares de How To Read Donald Duck, pensábamos que íbamos a volver a perder la pelea contra Disney. Para nuestra alegría y desconcierto, abogados del Center for Constitutional Rights en Nueva York convencieron al Treasury Department que no habíamos cometido piratería al reproducir los monitos y permitió la importación del libro. Con la salvedad de que, amparándose en una ley de fines del siglo XIX, decidió que tan solo 1.500 copias podían ingresar a los Estados Unidos. Esta decisión burocrática bloqueó efectivamente a los lectores de ese país de tener acceso al libro que se convirtió así en un ítem de coleccionista, por el que se paga hoy centenares de dólares en el mercado virtual.

Ahora, por fin, después de cuatro décadas, How To Read Donald Duck va a circular en la patria de Disney como parte de un catálogo del Museo MAK de Los Angeles. No puedo negar que me da cierta satisfacción pensar que el libro reaparece tan cerca de Disneylandia y, también, de la tumba donde descansan los restos no tan inmortales de Walt mismo (el que no fue congelado criogénicamente, como murmuran las lenguas). Más importante, sin embargo es que nuestro texto carbonizado y prohibido ha logrado pasar subrepticiamente la frontera de los Estados Unidos en el preciso momento en que sus ciudadanos, animados por el tipo de xenofobia y nacionalismo exacerbado que recuerda mi propio Chile regentado por Pinochet, ha elegido a otro Donald (aunque se parezca más al Tío Rico MacPato que a su sobrino más notorio) a la Presidencia en virtud de su promesa de “Construir Una Muralla” y “¡Hacer De Nuevo Grande a América!”. Nos encontramos, sin duda, en una coyuntura donde reina el deseo nostálgico de retornar a un país que Disney concibió en sus historietas como inmaculado, inocente y eterno.

Me conforta que nuestras ideas, forjadas durante la revolución chilena, hayan arribado a estas orillas precisamente cuando algunos –¡demasiados!– estadounidenses se pasean con antorchas en lugares como Charlottesville, haciéndose eco de las hogueras de Santiago y Berlín, pero también en un momento cuando muchos otros compatriotas suyos se preguntan acerca de las condiciones que llevaron a Donald Trump al poder. Me pregunto si hay algo que podrían extraer quienes hoy son mis conciudadanos gringos de nuestra exploración de la ideología subterránea de este país. ¿Es posible ver la sombra de Donald Trump dentro del libro que desnuda a ese otro Donald, el plumífero?

Por cierto que muchos valores que impugnamos en nuestro libro –la codicia, la ultra-competitividad, la sujeción de las razas más oscuras, la desconfianza y desprecio hacia los extranjeros (mejicanos, árabes, asiáticos), todo ello edulcorado en un himno constante a una felicidad inalcanzable– anima a cantidad de entusiastas de Trump (y no solo a sus seguidores). Pero tales blancos son demasiado evidentes y fáciles. Tal vez más crucial hoy es el pecado cardinal de los Estados Unidos que se agita en el corazón de las historietas de Disney: la creencia en una innata inocencia de la patria de Lincoln, la presunción de la excepcionalidad, la singularidad ética y destino manifestó de este país. Cuando escribimos el libro nos referíamos a la incapacidad –que sigue hoy– de la nación que Walt exportaba como un modelo de perfección a reconocer su propia historia. Si se desmorona la amnesia recurrente de la violencia y trasgresiones pretéritas (la esclavitud, el extermino de nativos, las masacres de obreros en huelga, la persecución y deportación de inmigrantes y rebeldes, tantas aventuras militares en suelo extranjero, tantas invasiones y conquistas de territorio ajeno, y la complicidad con autocracias y dictaduras en todos los continentes), lo que se derrumba es la cosmovisión supuestamente prístina de Disney, abriendo espacio para que otro tipo de país haga su lenta aparición.

Aunque escogimos a Walt Disney como el ejemplo excelso de esta inocencia, ella se encarna hondamente, por cierto, en los pre-juicios de la inmensa mayoría de los norteamericanos, aun entre los más ilustrados. Una casi imperceptible muestra de ello es la reciente decisión de Ken Burns, el documentalista más celebre y admirable de las costumbres y trayectoria de su país, de comentar en su nueva serie televisiva sobre Vietnam, que esa intervención desastrosa y genocida en una nación lejana fue iniciada “de buena fe y por gente decente” y que se trataba de un “fracaso” y no de una “derrota”.

Es una advertencia de cuán difícil será deshacerse de la idea abismalmente arraigada que los Estados Unidos, pese a sus fallas, es una fuente incuestionable de benevolencia en el mundo. Solo un país que continúa a bañarse en la mitología de esta inocencia, de una virtud otorgada por Dios y por lo tanto destinada a imperar en toda la Tierra, puede haber producido una victoria como la de Trump. Solo el reconocimiento de cuán perversa y enceguecedora viene a ser aquella inocencia puede conducir a una comprensión más amplia de las causas de la ascendencia de Trump y su dominio alucinante sobre tantos seguidores suyos, un reconocimiento al que nuestro libro quisiera contribuir, aunque fuera en forma mínima.

Hay, sin embargo, un aspecto de How To Read Donald Duck que tal vez ofrezca una contribución de otro tipo a la búsqueda colectiva en que tantos estadounidenses perplejos están empeñados. Volviendo a leer este texto nuestro lo que me sigue inspirando hoy es su tono rebelde, la insolencia, el humor, la euforia que fluye por sus páginas. Es un libro que se ríe de sí mismo mientras se burla de Donald y sus sobrinos y sus compinches. Detrás de su deseo de un nuevo lenguaje para la liberación puedo escuchar a un pueblo que no se deja avasallar. Me devuelve al inmenso salto imaginativo que exige toda demanda de un cambio radical, Y captura algo que a menudo falta en esta era de catástrofes y derrotas: la certeza de que múltiples realidades alternativas son posibles, que están a nuestro alcance si tenemos el coraje y la inteligencia y la osadía de enfrentar el futuro sin miedo. Para Leer Al Pato Donald fue y sigue siendo una celebración de la alegría que acompaña el desborde de la imaginación, una alegría que es su propia recompensa, que no puede ser quemada en Santiago o desaparecer en la bahía de Valparaíso.

Es esa alegría liberadora, ese espíritu de resistencia que me gustaría compartir con lo mejor que tiene Estados Unidos por medio de un libro que no lograron liquidar los soldados de Pinochet ni bloquear del país de Martin Luther King los abogados de Disney. Espero que en este momento confuso y terrible sea un modo modesto de recordar que de veras no tenemos por qué dejar el mundo tal como lo heredamos al nacer. Si pudiera re-escribir ese libro hoy, es probable que un mejor título sería, quizás, Para Leer a Donald Trump.

Que nadie pretenda jovenes callados, sumismos, anestesiados

La ex presidenta y candidata a senadora encabezó un acto en Punta Lara en el que destacó a los jóvenes como el “reaseguro de la memoria”. Advirtió a los militantes estudiantiles por las provocaciones del Gobierno y pidió que las movilizaciones “sean siempre organizadas y pacíficas” porque “van a querer que cometan errores para criminalizarlos“. “Quieren que seamos burros que únicamente trabajan, comen y descansan. Eso no es vivir es sobrevivir”, definió.

En Punta Lara, con el río de La Plata como telón de fondo, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner dio un breve discurso en el que el principal destinatario -y asistentes- fueron los jóvenes. A ellos se dirigió para decirles que “no se dejen engañar. Que no los confundan diciéndoles que son el futuro, porque ustedes son el presente”. Los jóvenes son, para CFK, el “reaseguro de la memoria”, los “guardianes de las ilusiones del presente”, garantes contra un “blindaje mediático que nos quiere hacer creer que los doce años que vivimos son una mentira, cuando en verdad lo que estamos viviendo ahora es una pesadilla para gran parte de los argentinos, que están viendo caer sus trabajos, sus sueldos, sus familias”.

Advirtió contra las promesas de un futuro prodigioso, “cuando en verdad se trata de un futuro que no nos gusta, cuando te quieren cambiar el plan de estudios sin siquiera consultarte, ni opinar. Un futuro en que al terminar el secundario no sabés si vas a tener trabajo”. Con estas palabras la candidata a senadora por Unidad Ciudadana aludía a la discusión acerca del plan “Secundaria del Futuro” rechazado por los estudiantes y con el que el gobierno aspira a imponer cambios en el modelo educativo el año que viene. Un conflicto con por lo menos 26 escuelas secundarias tomadas de la Ciudad de Buenos Aires, para el que la ministra de Educación, Soledad Acuña, no ha ofrecido ninguna respuesta a los reclamos por la apertura de una mesa de diálogo para discutir los cambios.

“Los escucho a muchos de ustedes hablar y veo que no necesitan que nadie les dé clases para defender sus derechos. Que nadie pretenda tener en la Argentina jóvenes callados, sumisos, anestesiados”, dijo CFK sobre los estudiantes secundarios. “No se deje intimidar”, advirtió. Tampoco “se dejen provocar. Porque los van a provocar. Cuando vayan a las movilizaciones, que sean siempre organizadas y pacíficas. Van a querer que cometan errores para criminalizarlos, a ustedes, a los disidentes, los que piensan diferente, o simplemente a los piensen. A algunos que tienen un pensamiento tan precario como su lenguaje cuando pibes como ustedes dejan en evidencia que se han formado y van a defender sus derechos se les encienden las alarmas del peligro”.

Después de una semana en la que muchos periodistas jugaron a acorralar y amedrentar adolescentes, después también de que la ministra Acuña apareciera en varios medios no para referirse al núcleo del conflicto, sino para reclamar a los padres que se pongan los “pantalones largos” y obliguen a sus hijos a levantar las tomas, CFK relató sobre el escenario: “El otro día vía en la televisión a un hombre grande, que debe ser abuelo como yo, decirle a una piba presidenta de un Centro de Estudiantes ‘vos sos la dictadura’. ¡Gente grande señalando y acusando a adolescentes de diecisiete años de dictadores! Esta gente espera que ustedes no opinen, que digan a todo que sí.”

Estos adolescentes que hoy retrucan con pensamiento crítico los ataques de algunos panelistas han sido educados, en palabras de CFK ,“en una Argentina que me enorgullezco de haber presidido durante uno de los periodos más democráticos y libertarios de los que se tenga memoria.” La ex presidenta explicó que para que estos jóvenes “no se dejen asustar ni ajustar” hace falta un modelo de país “en el que lo que vuelva a ser central sea el trabajo. Porque las primeras víctimas de los índices de desempleo que no paran de subir son los jóvenes y las mujeres”. Contrapuso un modelo en que “lo que prima es el trabajo” con otro en el que “además de quedarte desempleado o de ver cómo tus condiciones laborales empeoran ya no vas a poder ni siquiera llevar a los pibes al cine el fin de semana. Porque hay otra vida posible, una vida que teníamos en la que cuando llegaba enero podíamos pensar en irnos una semana o diez días a la Costa. Sabíamos que el pibe podía estudiar porque estaba el Progresar y no se iba a ver obligado a salir a trabajar para ayudar en la casa. Quieren que seamos burros que únicamente trabajan, comen y descansan y nada más. Eso no es vivir es sobrevivir.”

En referencia a una de las frases célebres del economista oficialista Javier González Fraga -“Le hicieron creer a un empleado medio que podía comprarse celulares e irse al exterior”- CFK se explayó: “Queremos volver a soñar con esa Argentina, no queremos aceptar más mansamente que es una ilusión tener un plasma, un celular o aire acondicionado. Han convenido a una parte de que tenía demasiado, de que estaban mal acostumbrados. Que si se es un obrero hay que tener un cascajo, una moto, bicicleta o andar a pata. También es un derecho humano la casa, el esparcimiento, el tiempo compartido con los hijos, una salida. Que nadie los convenza de que no hay derecho a eso. Si te convencen de que no hay derecho a eso, te pueden convencer de cualquier cosa.”

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