13 mar. 2013

Cuando el pueblo despierta


Del presidente Hugo Chávez, uno siempre recuerda su sonrisa.

Lo recuerdo sonriendo como cuando lo conocí en Caracas en marzo de 1994 y desde entonces admiré su fuerte optimismo en cada momento, por más difícil que fuera.

Había salido entonces de la cárcel de Yare, el 26 de marzo de 1994 por un indulto del ex presidente Rafael Caldera. Lo que nadie recuerda es cómo lo esperaba el pueblo ese día, y son escasos los que hablan de esa silenciosa pero activa presión popular que reclamaba su libertad.

Durante su primera conferencia de prensa al salir de la cárcel el 26 de marzo de 1994, se le veía joven (39 años), apasionado, muy delgado. Usaba uniforme y contestaba sonriendo a cada maliciosa pregunta con que se lo quería tratar de acorralar, como si fuera un golpista común.

Entre todos los periodistas extranjeros que estaban allí, comprobé que ninguno había leído su manifiesto cuando el alzamiento rebelde de febrero de 1992, que no fue sólo militar porque había sectores civiles acompañando al grupo rebelde que anunciaba que no estaban dispuestos a disparar contra su pueblo nunca más.

Y menos aún después de aquel “caracazo” de febrero de 1989, que marcó el rumbo para una América que se rebelaría en las calles y carreteras ante la brutal dictadura neoliberal, que arrasó en los años 90 y dejó temibles e inolvidables huellas.

Además Chávez hablaba de la antigua corrupción de gobiernos y altos sectores económicos de Venezuela, de la enajenación de las riquezas del país que hundía al pueblo en la miseria (un 80 por ciento de pobreza entonces) y de la necesidad de una nueva Venezuela soberana y justa, una quinta República y una América unida.

Fue la resurrección de un viejo sueño de todos los patriotas latinoamericanos: la independencia real, no ficticia, no el neocolonialismo encubierto bajo la pantalla desdibujada de una democracia impuesta y manejada desde la metrópoli imperial.

Recuerdo que me acerqué para pedirle una entrevista: le dije: trabajo en un periódico (La Jornada de México) que respetará lo que hablemos.

De inmediato se estableció una buena corriente (buena onda, como dicen los jóvenes argentinos), y como lo estaban esperando en un barrio -que ahora es la comuna 23 de Enero- me pidió que lo acompañara entrevistándolo en el camino.

Andando por esa ciudad laberíntica comenzaron a unirnos nombres: Omar Torrijos (general y líder panameño) Juan Velazco Alvarado (general y líder peruano) e inevitablemente el general Juan Domingo Perón (tres veces presidente de Argentina), el sandinismo y tantos otros, como los líderes históricos independentistas en nuestra América y la Revolución Cubana: el Comandante Fidel Castro Ruz, Ernesto Che Guevara, Raúl Castro y los revolucionarios del 59, que eran sus grandes ídolos.

Cuando llegamos al barrio, sentía como si lo hubiera conocido desde toda la vida. Y ahí pude ver el amor del pueblo, la veneración con que lo saludaban, una veneración muy cercana, amiga, compañera, camarada, cómplice de caminos.

Fue un día muy hermoso en mi vida de periodista y también de lo que he tratado de ser siempre: militante de la verdad, de la palabra, del amor a los pueblos.

De muchas cosas se habló en esas horas, y la entrevista fue publicada en La Jornada de México en dos partes y aún quedó una cantidad de material muy rico.

No eran las palabras de un golpista latinoamericano típico. Chávez hablaba de sociología, de libros como las “Venas abiertas de América Latina” ( Eduardo Galeano) y también de Gabriel García Márquez y tantos otros escritores y luchadores que honran a nuestra América, lo que desconcertó a muchos que habían tragado el anzuelo mediático del “golpista” o “gorila”.

La imagen de Chávez que yo tenía en ese momento era la de una figura que reunía todas las características de un gran líder popular.

Por supuesto choqué contra montañas, porque los medios se habían encargado de señalar a Chávez como un golpista, unido a lo que llamaban la “internacional carapintada” etc., etc. Un discurso que no sólo alimentó a las derechas, sino también a alguna izquierda que había comenzado a sucumbir ante los espejitos neoliberales y todo lo que vendía el mercado de las noticias.

En esos momentos Chávez estaba al frente del Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR) 200 junto a sus compañeros de 1992. Durante un buen tiempo debió soportar las dificultades de que se entendiera que su proyecto nada tenía que ver con las dictaduras que asolaron al Cono sur.

Pronto Chávez se convertiría en un líder muy original en sus conceptos, el hombre que recuperaría el pensamiento contrahegemónico del mejor pasado: el bolivarismo, que incluía su apasionada pelea por la unidad de América Latina.

Uno de sus pasos importantes fue su viaje a Cuba en 1994 donde lo recibió el comandante Fidel Castro y se inició una amistad maravillosa que cambiaría los vientos latinoamericanos. Este encuentro rompió con muchas de las dudas y prejuicios sobre su figura.

En una carrera sorprendente en 1998 fue elegido presidente de Venezuela, lo que sorprendió a la vieja oligarquía local y derrumbó los acuerdos de un bipartidismo que se sucedía en el poder. Afuera estaba el pueblo.

Heridos de muerte aquellos partidos decadentes, comenzó a aparecer la verdad sobre la sorprendente falsificación democrática en que se había vivido ese país: sindicatos unidos a patronales, como se evidenciaría después, en los intentos de golpe contra Chávez; silencio absoluto sobre luchas populares, guerrillas y desapariciones forzadas. Una Dirección de Inteligencia como la DISIP en la que trabajaron personajes del terrorismo anticubano como Luis Posadas Carriles (comisario Basilio) y otros criminales de lesa humanidad protegidos por Estados Unidos.

Las máscaras cayeron y eso comenzó a golpear la impunidad con que habían manejado a Venezuela tantos años, mediante una farsa de democracia.

Es imposible reproducir en una página todo lo que Chávez logró en estos 14 años en que ganó una elección tras otra, a pesar de golpes de Estado, patronales, petroleros, judiciales, intentos de magnicidio, lo que él transformó en pasos nuevos para consolidar la revolución bolivariana. Otra enseñanza histórica, de cómo se aprende haciendo.

Su fuerza y audacia revolucionaria, que se revela en su brillante pelea por la verdad cuando dispuso ese “Aló presidente” un encuentro radial domingo a domingo con su pueblo, agrietó a un poder mediático terrorista y antipatria y resultó un hallazgo en la lucha contra la desinformación.

Y el presidente Chávez llegó un día a la ONU y dijo lo que debía decir. Y Fidel Castro sostuvo emocionado entonces: ya no estoy solo en esto. Y su entusiasmo por la unidad se fue expandiendo y llegaron otros presidentes que reivindicaban ese camino unitario, que fue su sueño primero y que se concretó con enormes esfuerzos y coraje en una realidad que desajustó los esquemas imperiales,

Bajo su influjo renació la OPEP, el Movimiento de los No Alineados, todo lo que fuera unidad y fuerzas para resistir a un imperio cada vez más brutal en su decadencia.

Chávez enseñó a su pueblo la mirada estratégica para no equivocarse de enemigo nunca, lo cual es un paso indispensable para la liberación.

Venezuela es otra, pero no sólo porque las ganancias petroleras vuelven al país sino por todo lo que ha rescatado soberanamente, por lo construido que es infinito, por la restitución de derechos, por las dignidades recuperadas y contagiadas a todo el continente, por la solidaridad continental y mundial, que salvó a nuestros pueblos en muchas circunstancias.

Demostró que con la solidaridad sí se puede, y la Operación Milagro, realizada junto con Cuba, cuya medicina enaltece al continente, ha permitido ver, a miles de ciegos en toda nuestra América, que no tenían ninguna esperanza.

La Operación Milagro se ha dado asimismo en otros aspectos. El mandatario venezolano ayudó a que muchos condenados a la ceguera de la ignorancia, la desinformación y sumisión hayan abierto sus ojos, estén despiertos y enfrenten a sus opresores.

Hugo Chávez es un ser de luz y demostró que cuando las burocracias impiden avanzar, uno debe buscar otros caminos. El los encontró creando las misiones Robinson, Barrio Adentro, Vuelvan Caras y tantas otras. Y se pudo.

Falta mucho por hacer y es lógico, catorce años donde además debió defenderse de los intentos imperiales por destruirlo, no pueden jamás terminar con las lacras de dos siglos desde las independencias frustradas, la traición y el entreguismo, y más de 500 de dominación y saqueo.

La creación de organismos populares, que podían llevar adelante los proyectos que la burocracia nunca podría cumplir fueron de hecho una revolución: alfabetización, salud, educación, bases extraordinarios de este proceso. Se añade una vasta recuperación cultural, en un país donde la TV enseñaba a despreciar lo propio y donde la cultura de la colonización había extendido sus redes, tan difíciles de quitar cuando contaminan el alma y la conciencia de los pueblos. Venezuela entró al mundo como una buena marea y hasta con la música, los coros, en todo sonando fuerte.

Nada es igual ahora, nada. Quien conoció Venezuela antes y ve la Venezuela actual no puede dejar de advertir los grandes cambios sucedidos. El logro mayor ha sido recuperar la dignidad de un pueblo, sitiado en sus barrios altos, adonde sólo llegaban los políticos a comprar votos y a humillar.

Ese mismo pueblo a sólo cuatro años de que Chávez fuera elegido por primera vez (1998) salió a las calles aquel 11 de abril de 2002, cuando se produjo el golpe de Estado, con un librito de la Constitución en las manos, bajó de los cerros, se extendió como una marea humana por las calles de Caracas y dijo a los militares venezolanos que ahí estaban esperándolos para rescatar al presidente, como se hizo el 13 abril de ese año, derrotando al golpismo manejado por Estados Unidos y escribiendo una página gloriosa y única en la historia latinoamericana.

Y qué decir del Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) de Unasur, de Mercosur, de Celac, el buen huracán de la unidad de lo que Chávez fue sin duda, el motor, el soplo casi mágico, porque también hay magia en las estrategias de la revolución.

Por eso no me sorprende nada cuando el vicepresidente Nicolás Maduro dijo en estos días “Vi a Chávez con la fuerza de siempre”, durante una entrevista en La Habana el pasado 31 de diciembre (Telesur).

Maduro informó que el presidente había pedido información sobre la situación económica y política del país y también sobre las ceremonias de juramentación de los gobernadores. Cómo no se iba a sentir fuerte el comandante si había entendido la respuesta extraordinaria de su pueblo tanto el 7 de octubre de 2012 como el 16 de diciembre cuando arrasó en las elecciones de gobernadores.

Un pueblo, que en medio de esta nueva situación y estando él ausente, produjo una segunda derrota al imperio que gastó millones de dólares para que nada de esto sucediera.

De 23 estados se ganaron 20, entre ellos dos estratégicos.

“El Presidente tiene una fuerza gigantesca y si él está dando esta batalla con esa fuerza, nuestro pueblo también”, fue otra frase de Maduro que nos llegó como un bálsamo.

“El Comandante Chávez nos pidió expresamente que mantuviéramos al pueblo informado siempre con la verdad, por dura que ella fuera. Tiene sus tratamientos, es una situación compleja y durante estos días ha presentado ligeras mejorías y momentos estacionarios”, dijo Maduro.

Es bueno saber que el ejemplo de humildad que ha dado Chávez, su humanismo y solidaridad, su grandeza, se ha sembrado en el pueblo venezolano, pero también en toda América.

Millones de mensajes de amor circulan en el mundo por las redes, en los barrios humildes de América Latina, entre los trabajadores y estudiantes, los jóvenes que están cada vez más presentes en este momento histórico que muchos se niegan a ver.

“Venezuela constituye un brillante ejemplo del rol teórico y práctico que los militares revolucionarios pueden desempeñar en la lucha por la independencia de nuestros pueblos, como ya lo hicieron hace dos siglos bajo la genial dirección de Simón Bolívar. Chávez, un militar venezolano de humilde origen, irrumpe en la vida política de Venezuela inspirado en las ideas del libertador de América. Sobre Bolívar, fuente inagotable de inspiración” ha escrito Fidel Castro el 26 de enero de 2912 al hablar de la genialidad del presidente venezolano, en una extraordinaria reflexión.

Al final recuerda un poema de Pablo Neruda que Chávez repite con frecuencia y que al terminar dice:

“Yo conocí a Bolívar una mañana larga en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,

Padre, le dije, ¿eres o no eres o quién eres?

Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo ‘Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo.”

El pueblo hoy está despierto, presidente Chávez, y está en vigilia, pero vigilante y fue usted el iluminador en estos despertares.

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