2 mar. 2013

quién preguntó a EU su opinión sobre los cambios en Cuba


El régimen de turno de Estados Unidos, como sus predecesores, se toma atribuciones que para nada le son conferidas, como dictar su calificación sobre la determinación del pueblo cubano de elegir su nuevo Parlamento y al Consejo de Estado que en los próximos cinco años llevará las riendas de la isla caribeña. 

A Washington se le debería bautizar con el vocablo “insuficiente”, porque siempre lo utiliza cuando se trata de Cuba. Ni siquiera tiene iniciativa alguna. 

Desde hace más de 50 años las sucesivas administraciones norteamericanas han repetido una y otra vez idéntico cliché, al tiempo que se inmiscuyen vergonzosa y permanentemente en los asuntos internos de la mayor de las Antillas. 

Hablan hipócritamente de la supuesta democracia de la que Estados Unidos carece, de derechos humanos que violan todos los días en cualquier rincón del planeta, e incluso elaboran listas de países “patrocinadores del terrorismo”, en las que incluyen a Cuba, siendo Washington el máximo promotor de ese mal que padece el mundo contemporáneo. 

¿Alguien le preguntó a la Casa Blanca su opinión sobre las transformaciones en la pequeña nación latinoamericana? Creo que no. Entonces por qué las autoridades estadounidenses no se dedican a resolver sus problemas internos, que son innumerables, como la profunda crisis económica que sufre su población, las matanzas de niños y adolescentes por la venta excesiva y sin control de armas, las violaciones de mujeres, 200 mil al año, el consumo de drogas, la corrupción y el racismo, entre otros males que aquejan a esa sociedad. 

El actual portavoz del régimen norteamericano Patrick Ventrel, totalmente desconocedor de lo que sucede hoy en Cuba, se tomó la atribución hace pocas horas de emitir una valoración acerca del recién conformado Parlamento y Consejo de Estado de la mayor de las Antillas. 

Con la acostumbrada prepotencia de esos voceros, Ventrel señaló que su gobierno continuará observando desde cerca, claro con la ceguera que caracteriza a Washington, de lo que suceda en la isla caribeña en lo adelante. 

“Simpática” fue su expresión sobre el hecho de que la Casa Blanca seguirá esperando el día que los cubanos vivan en democracia, sí, esa que impera en Estados Unidos, y pocos la desean. 

Otra vez la ingenuidad predominó en las declaraciones del referido portavoz porque de seguro sus jefes tendrán que esperar en el banco de la impaciencia, como le ha ocurrido a sucesivas administraciones norteamericanas durante más de cinco décadas. 

Evidentemente Washington no acaba de aprender las lecciones que le ha dado Cuba, y las que actualmente también recibe a diario de los pueblos y gobiernos progresistas de América Latina, en cuyos asuntos se inmiscuye con su ridícula arrogancia, y sin la petición de nadie. 

Estados Unidos exige transformaciones, a su gusto, para todas las naciones, y sin embargo es el país que menos ha cambiado en los últimos años, diríamos el que permanece estancado en su “democracia”, violenta, dominante y guerrerista. 

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