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29 abr. 2014

Cuidado con el derechazo

El 6 de este mes se cumplieron 20 años de la aparición del cadáver de Omar Octavio Carrasco.

El joven vivía junto a sus padres en la localidad neuquina de Cutral Có. De condición humilde, ayudaba a la economía familiar repartiendo pollos. Hasta que le tocó presentarse como conscripto en el grupo de Artillería 161 del Ejército Argentino, en Zapala.

Lo hizo en la mañana del 3 de marzo de 1994. Y su familia nunca más supo de él.
Cuando los padres llegaron dos semanas después al cuartel para averiguar qué ocurría con Omar, las autoridades militares le dijeron que su hijo había desertado.

No conformes con la respuesta, hicieron la denuncia y comenzaron a investigar. Personal del Ejército hizo todo lo posible para desviar la investigación, pero finalmente, el 6 de abril apareció el cadáver dentro del predio militar. Había sido golpeado salvajemente y murió desangrándose por culpa de esos golpes, dados por un superior.

El escándalo estalló y sacudió a todo el país. Los superiores le dieron un "baile" que terminó con su vida, fue un caso con final mortal de los miles y miles de maltratos que sufrían los conscriptos en distintos cuarteles del país.

El abuso de autoridad, los insultos, las vejaciones que sufrían los "colimbas" –por aquello de corre, limpia y barre–, eran moneda corriente y el debate, una década después de la recuperación de la democracia, terminó con el final del Servicio Militar Obligatorio.
Veinte años después de uno de los pocos hechos positivos que dejó el gobierno de Carlos Menem y cuando parecía que era un tema saldado, reapareció la idea de reinstalar la colimba, de boca de distintos dirigentes políticos.

Disfrazadas de ideas para combatir la inseguridad y de "reencauzar" a aquellos jóvenes que no trabajan ni estudian, y "se gastan la plata tomando cerveza en la esquina" –a decir del intendente de Malvinas Argentinas Jesús Cariglino–, aparecieron estas propuestas generadas desde la derecha más cruda, para terminar con una suerte de encierro militar para jóvenes pobres.

Cuando el pintoresco diputado salteño Alfredo Olmedo –aquel homofóbico que decía con orgullo "tengo la cola cerrada y la mente abierta"– propuso el regreso del servicio militar obligatorio parecía una idea insólita y hasta graciosa. "Lo dice la gente más que yo, quiere que haya un orden militar a la juventud", sostenía Olmedo. Obviamente, la idea no prosperó en el Congreso.

Pero en estos días en que se atacan las reformas al Código Penal por "garantistas" y se multiplican los linchamientos a presuntos delincuentes, volvió la ofensiva para instaurar la colimba.

Y llegó de boca de dos pesos pesados del Conurbano Bonaerense.

Primero lo reclamó el intendente Cariglino. Aliado a Sergio Massa, este jefe comunal lanzó la idea orientada a los denominados "jóvenes ni-ni", tal como se llama últimamente a aquellos que ni trabajan ni estudian. Lo disfrazó de preocupación social y cuando se le preguntó por qué no pensaban en enviarlos a la escuela o a estudiar un oficio en lugar de un cuartel militar, Cariglino aseguró que eso no sirve, como tampoco planes como Progresar. "El primer mes buscan trabajo, pero después se gastan la plata del plan social en cerveza", aseguró el dirigente massista.

La problemática de los "ni-ni" ha sido estudiada por psicólogos y sociólogos. Pero sus casos se centraron especialmente en aquellos jóvenes que teniendo condiciones familiares, económicas y de entorno social favorables, no encuentran una carrera ni un trabajo que los entusiasme. Por lo general dejan de lado el caso de los chicos marginados, donde la problemática es otra y merece otros enfoques más complejos.
Pero Cariglino no piensa, cuando habla de obligarlos a permanecer en un cuartel, en aquellos jóvenes "ni-ni" de clases medias o altas. Su objetivo son los pobres.
Otro ex intendente, hoy senador provincial, Mario Ishii, se sumó al reclamo de Cariglino. Pero ocurre que Ishi no es massista, se considera kirchnerista. "A estos chicos hay que tratar de educarlos o prepararlos", y que hagan el servicio militar "es la única forma de sacar este país adelante", dijo. "Más del 80% de la sociedad estaría de acuerdo", afirmó Ishii, en caso de hacerse una consulta popular sobre el tema y en el mismo sentido dijo que "la sociedad no tiene orden, y hay que buscar orden".

Voces que se repiten peligrosamente.

Reclamando encierro militar para jóvenes pobres y dejando de lado los planes que el gobierno nacional ha puesto en marcha para ayudarlos en el estudio y en el trabajo.
No les importa. Hacer un gueto custodiado con armas es más fácil.

Desde el gobierno nacional llegó rápido la respuesta. Tanto el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilla, como el titular de la cartera de Defensa, Agustín Rossi, rechazaron de plano la idea. "No tiene lógica", aseguró este último. "No sirve ni en el plano social ni en el de Defensa volver a un esquema de servicio militar obligatorio", agregó.

Mientras el kirchnerismo esté en el gobierno, no hay posibilidad alguna de que el servicio militar vuelva a instalarse en la Argentina.

Pero estos derechazos van a seguir repiqueteando de aquí a las elecciones de 2015. Y habrá que tener cuidado

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