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8 sept. 2014

Obama lanza una nueva guerra

Los terroristas del autoproclamado Estado Islámico (EI, o IS, reducción del nombre por el que se dieron a conocer pocos años atrás, Estado Islámico de Iraq y Siria, EIL o ISIS) han vuelto al mismo escenario de dos semanas atrás para filmar su nuevo macabro video: la decapitación de un segundo periodista estadounidense.

Un lugar indefinido del desierto, probablemente Siria, un hombre occidental arrodillado, con sus manos atadas a la espalda vestido con una túnica naranja, y a pocos pasos detrás de él, su verdugo, ataviado de negro y con su rostro oculto. Tal como este mismo verdugo anunció en su primer “mensaje a América”, tras asesinar al periodista James Foley, si EE.UU. no detenía sus bombardeos contra posiciones del EI en Iraq ni pagaba un multimillonario rescate, en breve asesinaría a otro periodista, Steven Joel Sotloff, secuestrado en Siria en agosto de 2013.

Y cumplió su amenaza. El verdugo al que la prensa británica apoda Yihad John por su perfecto acento inglés, lo decapitó con su cuchillo al igual que hizo con Foley, después de obligar a Sotloff a culpabilizar a Obama de su muerte.
Yihad John, el nombre tras el cual Scotland Yard sospecha –según los medios de comunicación– que se oculta un joven británico de 24 años, Abdel Majed Abdel Bary, rapero, hijo de un abogado egipcio exilado en Reino Unido, habría viajado a Oriente Medio para unirse a la Yihad (guerra santa), como han hecho al menos otros 500 británicos.

El verdugo parece disfrutar de ser el protagonista de estos brutales videos, que sirven para aterrorizar a sus enemigos y para animar a los propios yihadistas mostrándoles el impacto mediático que tienen sus crímenes.

En el nuevo video del Estado Islámico en el que se muestra la ejecución de Sotloff –un hombre de 31 años atraído por el mundo islámico, que hablaba árabe fluido–, Yihad John presenta a su próxima víctima, al británico David Cawthorne Haines, un ex militar que trabajaba como asesor en temas de seguridad para ONG que operan en la región, antes de ser secuestrado en marzo de 2013 en Siria.

Según Dabiq, órgano oficial del EI, todavía permanecen en su poder “varios británicos y estadounidenses”. A menudo los familiares y medios de comunicación para los que trabajan periodistas y fotógrafos que son secuestrados evitan que se difunda esa información para intentar negociar su liberación a cambio de dinero, lo que dificulta conocer la cifra exacta de profesionales que se encuentran en este momento cautivos.

El Estado Islámico viene mutilando, crucificando y degollando a cientos de personas en Iraq, Siria o el Líbano, pero sabe bien que ninguno de esos videos conmocionan tanto a nivel mundial como la grabación de la decapitación de sus rehenes occidentales. La policía y los servicios de Inteligencia europeos temen que esos videos estimulen a muchos jóvenes europeos de origen musulmán seducidos por el mensaje de ciertas corrientes salafistas para sumarse a la Yihad.

Según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, el Estado Islámico cuenta con cerca de 50 mil combatientes en Siria y al menos 20 milde ellos son extranjeros.

Se calcula que cerca de 3000 provienen de Arabia Saudí –cuna del salafismo–, otros tantos de Túnez, unos 1300 de Marruecos, pero también islamistas provenientes de Chechenia, de la comunidad uigur de China, y unos 2000 de Europa y EE.UU.

Otro tanto sucede con Iraq, donde el EI cuenta con otros 30 mil milicianos.
El Estado Islámico ha logrado desplazar en protagonismo a Al Qaeda en toda la región, la que, para contrarrestar, acaba de anunciar la creación de Qaedat al Yihad, una franquicia suya en la democracia más grande del mundo, India.
El apoyo financiero al EI por parte de monarquías del Golfo y otros países árabes y el control de pozos petrolíferos que tanto en Iraq como en Siria han caído en sus manos, les ha dado un poderío económico que les permite dotarse de armas y medios de comunicación sofisticados y poder pagar regularmente un salario a sus miles de combatientes, así como a asesores financieros, informáticos, especialistas en medios de comunicación y traductores de distintos idiomas, distribuidos por distintos países.

El controlar ya todo el nordeste de Siria fronterizo con Iraq e importantes ciudades e instalaciones estratégicas iraquíes le ha permitido dar esa imagen de Estado incipiente. La reducción de su nombre original no es arbitraria, quiere demostrar que ya es un califato y que a través de la Yihad extenderá su poder más y más, como siglos atrás.

Al frente de él, el califa Ibrahim, anteriormente conocido como Ibrahim al Badri, alias Abu Du’a y alias Abu Bakr al Baghdadi.

El actual califa, considerado ya por EE.UU. el nuevo “enemigo público número uno” –una vez ejecutado extrajudicialmente Osama bin Laden–, fue, según testigos y como testimonian fotografías, uno de los interlocutores que tuvo el senador John McCain –candidato presidencial republicano en 2008– cuando se reunió en mayo de 2013 en Siria con “la oposición moderada” al dictador Bachar al Assad, prometiéndoles el apoyo de Washington.

EE.UU. repitió así en Siria, como poco antes en Libia, un tipo de alianza similar a la que hizo con Bin Laden en los años ’90 en Afganistán para luchar contra las tropas soviéticas. Luego no podría controlarlo y se le convertiría en su pesadilla.
EE.UU. prepara ahora una nueva guerra, esta vez para frenar al EI, un grupo aún más extremista que Al Qaeda al que junto con Arabia Saudí, Qatar, Turquía y otros de sus países aliados ayudó a crecer con el objetivo de impedir la influencia de Irán en Iraq, Siria y el Líbano.

Tanto republicanos como demócratas reclaman a Obama que intensifique los bombardeos actuales en Iraq y los extienda a Siria. Paradójicamente, ahora no para atacar al régimen de Bachar al Assad como pretendía un año atrás –acción congelada ante la salida diplomática presentada por Putin–, sino para bombardear a opositores del dictador… a los que EE.UU. apoyaba y armaba.
Los planes se retoman, se trata de balcanizar Siria e Iraq, partir los estados por comunidades para controlarlos más fácilmente, siguiendo el ejemplo ya practicado en el Kurdistán iraquí, con un gobierno –ahora sólo semiautónomo– dócil, que no pone trabas ni a la explotación de su petróleo por multinacionales extranjeras ni a la presencia de asesores militares y agentes de la CIA.

Obama y Cameron presionan a los 28 países miembros de la OTAN para que se sumen a los ataques al EI. Intentan que se pueda utilizar para ello la misma Fuerza de Acción Inmediata de miles de soldados, fuerzas navales y aéreas que está creando la OTAN a ritmo acelerado para frenar a Rusia en Ucrania, pero no todos están dispuestos a involucrarse tan a fondo en el conflicto de Oriente Medio.

La historia se repite. Antes Bush llamó a su cruzada “guerra contra el terror”, Obama, usando los propios videos de las decapitaciones del EI como arma para sensibilizar a la comunidad internacional y la opinión pública, podría llamar a la nueva cruzada “guerra contra el horror”.

Nadie podría negarle que no sea terror y horror lo que siembra a su paso el EI, y por ello muchos aceptarán así la nueva cruzada como mal menor, pero, una vez más, se ocultará cómo nació y quién amamantó a este nuevo monstruo, como se ocultarán los objetivos reales que se persiguen con la guerra que se prepara y afectará a todos.

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