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5 oct. 2014

El trabajo humanitario de la hija del Che Guevara

Aleida Guevara es médica pediatra y heredó de su padre su fervor internacionalista y su concepción de la medicina como servicio al pueblo: "No se puede negociar con el dolor humano", aseguró. 

Aleida Guevara está agotada. Para colmo, en la calle hace un frío que no existe en su Cuba natal. Le cuesta posar para las fotos, pero se resigna ante la lente de la cámara y sonríe. El cansancio es lógico: durmió apenas cuatro horas. El resto del tiempo estuvo de aquí para allá, promoviendo el trabajo de la Fundación Un Mundo Mejor es Posible. Una organización que, a través del programa de salud "Operación Milagro", devolvió la vista a dos millones de personas, de las cuales 48 mil son argentinas. Algo que para Aleida es fundamental, ya que "una persona que no ve, no puede leer, no puede estudiar, no puede trabajar, no puede vivir".

Con el objetivo de seguir fomentando el trabajo voluntario, la médica pediatra viajó desde La Habana para visitar el norte y el centro argentinos. En Humahuaca atendió gratuitamente, junto con 90 profesionales formados en Cuba, a miles de chicos humildes. En Córdoba dio el puntapié inicial para la construcción del hospital-escuela que lleva el nombre de su padre, Ernesto "Che" Guevara, y que estará listo para comienzos de 2015.

Aleida (53 años) comparte con el Che no sólo su profesión, sino también su vocación internacionalista y su concepción de la medicina como un servicio para el pueblo. Se define a sí misma como "revolucionaria". Y su incansable trabajo humanitario la llevó a conocer, al igual que su padre, las regiones más pobres de Latinoamérica y África. Experiencias tan profundas que la emocionan hasta las lágrimas y que, según confiesa, la convirtieron en otra persona. La marcaron para toda la vida.

En el tranquilo barrio de Núñez, y antes de volver a Cuba, la hija del mítico líder revolucionario y de su segunda mujer, Aleida March, conversó con Tiempo Argentino para tocar un amplio abanico de temas. Desde las políticas de salud implementadas en la región, pasando por el poder de los colegios médicos, hasta cómo afecta a la conciencia social del pueblo cubano el proceso de reformas económicas encarado en la isla. También recordó al Che –o "papi", como lo llamará durante la entrevista–, a pocos días de que se cumplan 47 años de su asesinato en Bolivia.

–Usted dice que en Cuba los médicos "trabajan para el pueblo". ¿Esta perspectiva de la salud, no como negocio sino como servicio, se puede llevar adelante en la región?

–Hemos trabajado mucho en ese sentido con el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América). El objetivo de esta unión de pueblos es mejorar nuestras condiciones económicas, culturales, para mejorar nuestros niveles de vida. Empezamos con la alfabetización, se hizo mucho trabajo a nivel médico también. Pero ahora arrancamos con otra unión, que es la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). Aquí entramos países muy diferentes, países con concepciones de la política y de la economía muy diversas, con presidentes que han hecho cosas importantes por sus pueblos, pero no lo suficiente. Entonces, siguen los problemas reales en estos países. Sin embargo, el año pasado nos reunimos en la CELAC y lo que concluimos es que todos los países de la región tienen que darse cuenta de que la salud es un derecho de los pueblos y que, por lo tanto, los gobiernos tienen que proveer la salud pública con respeto al ser humano, sin distinción de género, raza o religión.

–¿Qué países de la región van por esa línea y cuáles están en la vereda de enfrente?

–Mira, aun países como Venezuela, que van hacia un desarrollo diferente de la sociedad, destinan gran parte de sus recursos a la salud privada. Lo dijo el propio (presidente venezolano Nicolás) Maduro hace unos días. ¿Cómo es posible? El Estado sostiene al privado. ¡Si son privados, que se sostengan ellos! Quizás no puedes cerrarlos, no lo hagas, pero tampoco los subsidies. Porque el poco dinero que tienes es para el pueblo, para lo público. Entonces, mejora los hospitales públicos, dale el nivel que merecen, el trato a los compañeros que están trabajando allí. Hay que darles estímulo.

–O sea que la concepción mercantilista, como la estadounidense, todavía prima en la región.

–Es así por los dichosos colegios médicos. Cada país debe resolver sus problemas con los colegios médicos. A nosotros nos dicen que no nos quieren, como pasa en Argentina, entonces no venimos a trabajar. A pesar de eso, estamos al tope de trabajo: hay 35 mil médicos cubanos trabajando en todo el mundo. Casi la mitad de los médicos cubanos está trabajando fuera de la isla. Pero repito: si no te quitas de encima a los colegios médicos es muy difícil, porque esa gente tiene poder real. Meterse con laboratorios o con colegios médicos te puede costar el puesto. Son fuertes, son un factor de poder. Hay que ver cómo se soluciona ese problema, porque no se puede gastar dinero en subsidiar lo privado mientras lo público se te está cayendo. Es algo que ocurre en la educación también.

–Más allá de Latinoamérica, ¿qué pasa en el resto del mundo?

–Canadá tenía muy buen servicio médico. Era quizás el mejor del mundo. Reino Unido también, pero desgraciadamente lo han ido destruyendo, han ido privatizando los grandes centros de investigación y atención, privatizando la medicina. En Cuba no tenemos los recursos, pero hay un afecto, un calor humano, se trata al paciente sin preguntarle ni siquiera cuánto gana. Sólo importa qué le pasó, qué podemos hacer. En Estados Unidos, por el contrario, tienes dinero y estás asegurado, o te quedas sin atención. Por eso en Cuba no puede haber medicina privada. Porque tú no puedes negociar con el dolor humano, con la vida de un humano. Con el dolor, la desesperación y la ansiedad de las personas no se puede comerciar. En la isla sólo practican la medicina privada sólo dos o tres profesionales que lo venían haciendo desde antes de la revolución.

–¿Sólo dos o tres en todo el país?

–Nada más. El resto que se graduó antes de la revolución renunció a la consulta privada y se entregó al trabajo de la sociedad. Bueno, la mayoría, porque al inicio de la revolución la mitad de los médicos migraron para Estados Unidos. Así que nos quedamos con los mejores, con los que valían la pena, los que sentían que la medicina es un sacerdocio, una función social.

–¿Y cómo afecta el actual proceso de reformas en Cuba a las políticas de educación y salud?

–Sin problemas. Al contrario, ese desarrollo económico ayuda a tener muchos más recursos para la medicina y la educación.

–Pero recién usted hablaba de lo nocivo que es el sector privado para la salud. ¿No le da temor la apertura al capital extranjero en la isla?

–No, para invertir en Cuba el capital extranjero tiene que cumplir las leyes del país, sabiendo que si no cumple se va del país. El problema no está en la inversión de capital extranjero, sino en lo que tuvimos que hacer en los últimos años. Cuba vive dentro de un mundo en crisis, que nos afecta directamente. En un momento, el Estado cubano se dio cuenta de que hay más de 500 mil personas que están recibiendo un salario del Estado sin producir nada. ¿Pero cómo una sociedad socialista podía dejar sin trabajo a 500 mil personas? Entonces, les brindamos a estas personas la posibilidad de hacer algunas acciones individuales para trabajar por cuenta propia. Ahí es donde tuvimos el problema. Nuestro país se ha mantenido durante años por una conciencia social extraordinaria. Mi papá hablaba siempre del trabajo voluntario, no por gusto, sino para aportar a la sociedad, para dar algo útil a su pueblo. Cuando usted empieza a trabajar por cuenta propia, sólo para ti y para tu bolsillo, se te puede olvidar que vives en una sociedad socialista. Ese es el riesgo que estamos corriendo en este momento.

"Recomiendo que lean al Che por él mismo"

–El próximo 9 de octubre se cumplirán 47 años desde que Ernesto "Che" Guevara fue asesinado en La Higuera, Bolivia, por el Ejército de ese país, con colaboración de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA). ¿Qué siente cuando ve que aún hoy su padre es motivo de discusión, que su cara se mantiene como emblema en las banderas y en las remeras de la juventud?

–Los libros que se han escrito sobre mi papá son bastante malos. Siempre hay algún veneno. Por eso siempre recomiendo que lean al Che por él mismo. Papi, desde los 17 años, escribía. Por suerte, hemos recuperado muchos de esos escritos y están publicados a través de la editorial Ocean Sur. Ahí está también el libro de mi madre, Evocación, que recomiendo para que conozcan al Che íntimamente. Es precioso, es una novela de amor. Por otro lado, las remeras y todas esas cosas que tú dices de Papi, no me dicen gran cosa. A veces me molesta la gente que las explota para su propio beneficio. Pero cuando las tienen los jóvenes, me enorgullece, me gusta, está presente en la fuerza de la juventud. Ahora, lo que sí me emociona siempre es cuando voy a visitar a los compañeros del Movimiento Sin Tierra (MST) en Brasil y los oigo hablar de papi. Lloro. Lloro porque ahí ya no soy solamente la revolucionaria. Ahí soy la hija. Y los oigo hablar de mi papá con tanto amor, con tanta entrega, que lloro siempre.

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