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2 nov. 2014

A Camilo hay que recordarlo vivo (+ Video)

¿Quién no sucumbiría ante un carácter jovial, jaranero y lleno de “maldades”? Su simpatía personal y su eterna sonrisa, características que lleva consigo la idiosincrasia de la mayoría de los cubanos, lo convirtieron en un guerrillero de estirpe popular.

Esa misma picardía mantiene Ivo Conde Martínez, quien tuvo la suerte y el honor de compartir parte de la infancia y su etapa juvenil con Camilo Cienfuegos Gorriarán, cada vez que recuerda las anécdota de su entrañable amigo.

Con ellas cierra la mayoría de los conversatorios que realiza sobre la personalidad del Héroe de Yaguajay, regalándole al auditorio una gran sonrisa.

Recobra Aldo la paz

Luego de ser operado el 22 de enero de 1959 de las amígdalas en el Hospital Militar Finlay de Columbia, Camilo se sentía aburrido y le comenta a sus compañeros: “Estoy ansioso por hacer algo que me saque de esta monotonía. Al rato se le ocurrió hacerle una broma a Aldo el piloto que trabajaba con él.

La idea era darle celos a la esposa y junto a la enfermera que lo atendió durante su recuperación, llamaron a casa de dicho amigo. La cómplice preguntó por Aldo, fingiendo haber estado con él hacía dos meses cuando su helicóptero sufrió un desperfecto y tuvieron que hacer un aterrizaje forzoso en una finca, por lo que ahora él tenía que responder por las consecuencias de aquella acción.

Ante esa realidad, imagínese la reacción de una mujer, aunque sea de las que dice que no es celosa. Cuando el piloto llegó a su casa tenía todas sus cosas recogidas y las maletas en la puerta.

Cabizbajo y sin hallar una solución, Aldo se aparece en el hospital y le cuenta lo sucedido a Camilo. Este actuó como si nada y continuó echándole leña al fuego: “En el tiempo que fuiste a resolver el problema con el mecánico, bien pudo haber sucedido esa aventura”.

A lo que Aldo responde: “No fastidies Camilo, que el único que sabía eso eras tú. ¿Cómo arreglarás esta jodedera tuya?”

Camilo confiesa que se le fue la mano. Llama a la enfermera, para que convenza a la esposa de Aldo de que había sido una broma. Finalmente, ante la negativa de creer esa historia, tuvieron que reunirse todos en el hospital para devolverle la paz a Aldo.

“El día que este se case, la broma se la hago yo”


En el Estado Mayor del Ejército había un capitán que le hacía maldades a los novios el día de la boda o al carro destinado para llevar a las parejas a la luna de miel.

En una ocasión, Camilo expresó: “Cuando este se case el que le va hacer la broma soy yo, esto es cosa mía.

En efecto, al cabo de tres meses el capitán anunció su compromiso y desde aquel momento comenzó a fraguarse la venganza. El plan era emborracharlo el día antes, mientras que sus compañeros fingían seguirle la rima. Cuando el capitán cayó, se dirigieron hasta la Casa de Socorro de Ave 51 y 124, donde lo enyesaron de la cintura hasta los tobillos.

Alarmado el capitán se preguntaba: “¿Cómo pasó esto…..y mi boda…y mi luna de miel?”

Camilo le hizo creer que se había caído borracho del jeep y que con el golpe se había fracturado la cadera y las piernas.

Así se casó el bromista capitán y tuvo una primera noche de luna de miel “limitada” en el Hotel Hilton, hoy Habana Libre.

A varios de sus compañeros le atemorizó la idea de que el capitán conociera del engaño, pues su enfurecimiento recaería sobre el resto del grupo y no de Camilo.
Al día siguiente, con natural destreza, Camilo resolvió el problema. Llamó al hotel, lo llevó al Hospital Calixto García y le confesó que era una broma suya.

Aminorar la furia del capitán con el resto de los compañeros era el siguiente paso, por lo que Camilo les pidió que se perdieran por tres días de la capital. Así dieron tiempo a que el capitán estuviera con su esposa, recobrara el tiempo perdido y se le olvidara la molestia.


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