15 ene. 2015

Algunas reflexiones sobre Occidente, religión y violencia



Primero el total y absoluto repudio al brutal ataque a la revista francesa. Luego, un análisis desprejuiciado sobre la realidad que atraviesa el mundo desarrollado.

El brutal ataque que costó la vida a periodistas de la revista satírica francesa Charlie Hebdo y a policías que estaban de custodia sólo puede ser calificado como inaceptable. Para cualquier cultura, religión o ideología, para cualquier ser humano. De eso se trata, de cómo el género humano se debe plantar ante hechos semejantes. Y hay solo una manera: el repudio total y absoluto.

Pero el caso puede y debe, sin embargo, ser motivo del análisis más desprejuiciado sobre una realidad que atraviesa el mundo desarrollado y que sin ser el primer caso de violencia con tintes religiosos, da toda la impresión de que no será el último. Lo cual pone en peligro muchos de los valores de los que la cultura liberal-europea puede sentirse orgullosa. Conviene recordar, en primer lugar, cuántas de las libertades civiles de la sociedad estadounidense se perdieron tras los atentados a las Torres Gemelas del 11 de setiembre de 2001 para comprender el riesgo de una Europa que busque defenderse de nuevos ataques retornando a la Edad Media como le proponen quienes entraron a sangre y fuego en la redacción del semanario parisino.

Hay una cuestión que gentes de la periferia del mundo como los criollos despreciamos. Ingresar en un edificio con armas de grueso calibre y disparar contra trabajadores inermes es cosa de cobardes. Voces que intentaron la vía "políticamente correcta" para interpretar la reacción ante un dibujo ofensivo del Islam debieran reparar en ese detalle.

¿La humorada resultó ofensiva? Sin dudas. En Argentina hay una revista con el mismo desparpajo contra los valores establecidos, Barcelona. Cada tanto taladra la conciencia nativa con tapas que para muchos suenan revulsivas. Hace poco fue la del Papa maquillado como travesti bajo el título "Putazo". Hubo oleadas de reprobación en los círculos más cerrados del catolicismo y también en los que sin militar cotidianamente son creyentes, pero nadie la emprendió a balazos contra los colegas porteños. ¿Una muestra de tolerancia? Puede ser, pero por bastante menos que eso ayer nomás la dictadura cometió las mayores atrocidades. Y la Iglesia del momento no era ajena a esas iniquidades. Como tampoco lo fue cuando la civilización occidental y cristiana se instaló en América, al precio de haber aniquilado pueblos enteros con la Biblia bajo el brazo.

Todo esto para recordar que no era la primera vez que el Charlie Hebdo sufría atentados –su redacción fue incendiada en 2011 luego de otra ilustración satírica sobre Mahoma, aunque venía siendo amenazado desde 2006– ni que el continente padecía una ola de violencia luego de que algunas de sus publicaciones se burlaran del Islam. Incluso en 2012 la difusión de un film La inocencia del musulmán provocó oleadas de indignación. Tantas como la quema de ejemplares del Corán por el pastor estadounidense Terry Jones.

Pero esta vez el ataque en el corazón de París fue un atentado a los valores occidentales. No porque Francia los represente cabalmente, sino porque desde allí se difundieron hacia el resto de las naciones como las bases para un decálogo de los Derechos Humanos en torno de valores laicos. Valores como la tolerancia y la libertad de prensa son puestos en el tapete a raíz de este golpe dado por encapuchados que se justificaron en la defensa de la fe musulmana.

Al mismo tiempo, en Alemania un grupo de tendencia nazi, que según sus siglas en castellano sería Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida), convoca a miles de manifestantes en defensa de la identidad europea. Uno más de los movimientos ultraderechistas que crecen en algunos lugares del continente (Holanda, Noruega, Dinamarca, la misma Francia, Grecia).

Se dice que mucho de este resentimiento racial (¿de qué otro modo se lo puede calificar?) tiene su origen en la crisis económica, que deja a miles en la calle que, entonces sí, perciben que esas veredas están repletas de inmigrantes venidos del mundo árabe y que también están desesperados por hallar trabajo. Raro que no se hubieran dado cuenta antes puesto que en las grandes ciudades europeas son bien visibles y numerosos desde hace mucho tiempo. Quizás representaban a un Otro que hacía las peores tareas y ahora es ese Otro que compite con Uno. Quizás. Una respuesta a la crisis se votará en Grecia el 25 de enero y allí la xenofobia no era favorita –hasta el miércoles al menos– sino la izquierda de Syriza, una opción que la Unión Europea rechaza a cuatro manos.

En estos días también, el novelista francés Michel Houellebecq presentaba su último libro, Sumisión, donde imagina en Francia un presidente islámico, para presentar su tesis de que Europa vive "la segunda caída de Roma". Otro factor este que se toma en cuenta a modo de explicación de la masacre de lo más granado del humorismo galo.

Pero hablar de estas razones tapa realidades que las mentes bienpensantes deben tomar en consideración. Los sectores más extremistas dentro del mundo islámico no surgieron de la nada. Ninguna religión pide expresamente devorar al enemigo. Eso no impidió que así como se mata en nombre de Mahoma haya muchos que mataron en nombre de Cristo.

Sectores musulmanes extremistas fueron funcionales en los '80 para socavar el poderío de la Unión Soviética tras la invasión de Afganistán. Recibieron entrenamiento y armamento de Estados Unidos y una vez logrado su objetivo fueron por más. Al Qaeda tiene allí su origen.

En Irak y Siria, lo que ahora se conoce como Estado Islámico o ISIS por sus siglas en inglés, fue útil para debilitar a los regímenes de Bashar al Assad o de los chiítas. Recibieron apoyo de Washington y de monarquías retrógradas como la Saudita. ¿Cuánto tendrá que ver con esta tragedia la crisis de la baja del petróleo, alentada por Riad? ¿Cuánto influyó la caída de Muhamad Khadafi, fomentada por el anterior gobierno francés de Nicolás Sarkozy, que dejó sin contrapesos en el mundo árabe a los fundamentalistas más radicalizados? ¿Cuán determinante es que tras la Primavera árabe hayan vuelto, legitimados en elecciones con resultados de dudosa representatividad, los mismos de antes? ¿Cuánto la forma en que se desenvuelve el conflicto palestino-israelí? Francia no duda en intervenir en países africanos antes colonizados cuando sus intereses se ven afectados. ¿Eso no tiene costo? ¿Allí no hay muertes brutales e injustificadas?

Hay un filósofo esloveno, Slavoj Žižek, visitante asiduo de estas tierras, que analizó estos temas en un libro, Sobre la violencia, seis reflexiones marginales, publicado en 2009. Escrito cuando todavía estaban calientes los levantamientos de jóvenes de origen árabe en los barrios pobres de París de 2005, Žižek hurga en un minucioso estudio acerca de las raíces profundas de los estallidos en el mundo actual. Y pone énfasis de un modo por momentos incómodo en algunas de las creencias más arraigadas del mundo occidental.

Es cierto que hay violencia en una caricatura cuando el otro es un ser profundamente religioso y que también la hay cuando se pretende sumir a los otros dentro del sistema democrático occidental, como si fueran los únicos valores universales aceptables para un ser civilizado. "Lo que hace única a Europa es que se trata de la primera y única civilización en la que el ateísmo es una opción plenamente legítima, no un obstáculo para obtener un puesto público", abunda Žižek. "La blasfemia no revela sólo la actitud del odio, de intentar golpear al otro donde más le duele, en el núcleo fundacional de su creencia, sino que, en sentido estricto, es también un problema religioso, pues sólo funciona dentro del marco de un espacio religioso", añade luego.

El filósofo acusa de seudo-fundamentalistas musulmanes a quienes reaccionan contra la ridiculización de Mahoma y considera que hay mucho de sentimiento de inferioridad en esas respuestas, para concluir: "En la furiosa turba musulmana nos encontramos con el límite de la tolerancia multicultural del liberalismo en su propensión a autoinculparse y su esfuerzo por 'comprender' al otro."

Anotaciones solamente que intentan darle marco a un drama que para los latinoamericanos puede sonar a extraño pero que sin dudas repercute, mal que nos pese, de este lado del Océano.

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