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20 ene. 2015

El fiscal, la embajada y los servicios

Nisman tenía 51 años y se desempeñaba en la causa AMIA desde 1997. Los cables diplomáticos revelados por Wikileaks exhibieron su estrecho vínculo con la Embajada de Estados Unidos. El mismo admitió su relación con el ex agente Stiuso.

Alberto Nisman era una persona obsesiva con el orden. Quienes acudían a verlo dicen que jamás veían un papel tirado sobre el escritorio. Jugaba tenis. No fumaba. Se lo veía siempre preocupado por su imagen y hasta acudió a algún tratamiento de belleza. En la familia judicial también se lo conoce como el ex esposo de la jueza de San Isidro Sandra Arroyo Salgado, con quien tuvo dos hijas mujeres, la más grande de 15 años. Se separaron hace dos años. Luego vivió un tiempo con su madre en una casa del barrio de Núñez y después se mudó a Puerto Madero. Hasta el domingo, ocupó un departamento en el piso 13º de las torres de Le Parc. Tenía 51 años y diez personas de custodia.

Nisman fue convocado en julio de 1997 por el procurador general Nicolás Becerra para sumarse a la investigación por el atentado a la AMIA, ocurrido en 1994. Las innumerables crónicas publicadas hablan una y otra vez de dos datos que marcaron su tarea en la causa en estos años y determinaron la investigación: una “estrechísima” relación con la Embajada de Estados Unidos, lugar en el cual discutía hasta la orientación de sus investigaciones, según lo señalaron las explosivas relevaciones de los cables de Wikileaks. Y su “intensísima” y pública relación con el ahora ex director de Operaciones de la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE) Antonio Jaime Stiuso. Una relación caracterizada como “tan intensa” que el propio Nisman solía decir que se reunían todos los días.

El vínculo con la Embajada de Estados Unidos lo marcan los cables de la diplomacia norteamericana revelados por Wikileaks y destacados por Santiago O’Donnell, periodista de este diario, en los libros Argenleaks y Politileaks. Los cables describen cómo Nisman presentaba a la embajada sus proyectos de medidas en la causa; proyectos que los funcionarios aceptaban o rechazaban. También los cables mencionan varios reportes de la embajada en 2008, cuando el fiscal llegó a pedir disculpas hasta tres veces porque no les anticipó sobre los procesamientos que había ordenado para el ex presidente Carlos Menem, el ex juez federal Juan José Galeano, el ex jefe de la SIDE Hugo Anzorreguy, el ex comisario Jorge “Fino” Palacios y el entonces titular de la DAIA, Rubén Beraja. “Los oficiales (norteamericanos) de nuestra Oficina Legal le han recomendado al fiscal Alberto Nisman que se concentre en los que perpetraron el atentado y no en quienes desviaron la investigación”, señaló un cable del 22 de mayo de 2008. “Nisman nuevamente se disculpó (por no haber avisado a la embajada previamente su decisión) y se ofreció a sentarse con el embajador (entonces Earl Anthony Wayne) para discutir los próximos pasos.” “Los detalles de los cargos criminales contra Menem y los otros sospechosos fueron una sorpresa (...) hasta ahora tenía una relación excelente y fluida con Nisman”, detalló la embajada. Con los años, el fiscal no hizo más que dejar rastros de ese tipo de alineamiento. En la colección de cables de la embajada norteamericana en Buenos Aires hay decenas de informes de esas visitas. Desde la embajada no estaban de acuerdo con la pista siria, ni con las investigaciones de la conexión local: sólo querían que no se apartara de la investigación sobre los iraníes y que no diera elementos que pudieran cuestionar esa línea. El 27 de febrero de 2011, los norteamericanos dijeron: “No hay que orientarse a la pista siria ni a la conexión local. Seguir esas pistas podría debilitar el caso internacional en contra de los acusados iraníes”.

El propio Nisman reconoció varias veces cómo intervino en esa trama su relación con Stiuso.

O’Donnell contó que Nisman fue a verlo después de la publicación de su libro para hablarle de “Jaime”. “Me dice que el trabajo está muy bien, pero que toda la información que recibe se la da Stiuso. También lo reconoció en otros lados. Me dijo que toda la información se la pasaba Stiuso porque era el que tenía contacto con los servicios secretos de Estados Unidos y de Israel”, la CIA y el Mossad. Y agregó: “Decía que Stiuso le traía la información en crudo y él veía lo que podía corroborar para convertirlo en prueba”. Y, dijo, Stiuso era un agente muy poderoso.
De Tribunales a la AMIA

Nisman dio sus primeros pasos judiciales en Morón. Era íntimo amigo de Mario Kohan, el juez del Tribunal de Casación de la provincia, muy cercano a Sergio Massa. Estuvo con el juez Juan María Ramos Padilla y con Guillermo Montenegro, cuando el actual ministro de Seguridad de Mauricio Macri fue secretario de juzgado. Luego recaló como secretario del juez Gerardo Larrambebere, que tuvo a cargo el expediente por el ataque del Movimiento Todos por la Patria al cuartel de La Tablada, en la década del ‘80. Los periodistas Felipe Celesia y Pablo Waisberg, contaron que el magistrado le asignó a Nisman la investigación de los casos de Iván Ruiz y José Díaz, brutalmente torturados y vistos por última vez en un Falcon, donde se los llevaron de civil. En el libro explican que el joven secretario y el juez apoyaron la versión oficial del Ejército de que habían muerto en combate. Larrambebere fue denunciado años después por los querellantes del juicio por los crímenes de lesa humanidad en el Hospital Posadas porque “no estaba en condiciones de garantizar imparcialidad”.

Más tarde, Nisman fue fiscal en San Martín. Estuvo como fiscal ante los tribunales orales. Ya en la Justicia Federal porteña, Nicolás Becerra lo convocó en 1997 para sumarse a los dos fiscales que llevaban la causa por el atentado a la AMIA: José Barbaccia y Eamon Mullen. Su incorporación fue un pedido de esos fiscales que ahora están procesados por irregularidades en la investigación. En esa causa, y según detalla el portal de noticias del Ministerio de Justicia, Nisman se abocó a “Brigadas”, la detención de los policías; Barbaccia a la prueba respecto de Carlos Telleldin y Mullen, a la mecánica del atentado. Cuando los dos fiscales fueron apartados, Nisman no sólo no fue apartado o procesado: se quedó en la causa, a cargo de la investigación. Este es uno de los datos que preocuparon a las querellas nucleadas en Memoria Activa y la que representa al Ministerio de Justicia. En los últimos años, el mal manejo de la causa generó varios pedidos de intervención. Memoria Activa pidió el apartamiento del fiscal a la procuradora Alejandra Gils Carbó. Una de las críticas que le hacen es que nunca fue a las audiencias por la causa del encubrimiento, cuando la Cámara le ordenó investigarla. No apeló los sobreseimientos de los acusados, una medida que sólo impulsaron las querellas. Y tampoco avanzó con la investigación del atentado. En 2012, Memoria Activa presentó un informe con el racconto de estos problemas a la Procuraduría. Y a fines de 2013 y en 2014 pidieron directamente que lo sacaran de la unidad especial dedicada a la investigación de la causa. Consideran que Nisman no hizo nada, dicen desde esa agrupación a este diario, y que sólo puso obstáculos. Una integrante de las querellas señala que su intervención se caracterizó por un total desinterés con el avance de la causa, “con falta de compromiso con la verdad absoluta, sin investigar el atentado y no mirar al resto del las causas”.

El presente

Quienes lo veían asiduamente hablan de oscilaciones anímicas, que lo llevaban de momentos de euforia a momentos de depresión, y a algunos querellantes llegó a decirles que atravesaba situaciones de ataques de pánico. El domingo a la mañana quedó en bajar a las once para reunirse con sus custodios. A las dos de la tarde decidieron subir porque no contestaba el celular ni el portero eléctrico. Cuando vieron los diarios tirados en la puerta de la casa comenzaron a preocuparse, porque Nisman era una de esas persona que levantaba los diarios muy temprano. Llamaron a la secretaria de la fiscalía. Ella les dijo que llamaran a la madre, que era quien tenía las llaves del departamento. Llamaron a la madre. La mujer les dijo que fueran a buscarla. La custodia fue a buscarla hasta Núñez y volvió con las llaves. Se sabe a esta altura que la puerta estaba cerrada por dentro.

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