2 feb. 2015

Y en eso llegó la Celac


El bloque regional respaldó la posición cubana en la apertura del diálogo entre La Habana y Washington. Además, la cumbre de San José evidenció diferentes criterios sobre la necesidad, o no, de jerarquizar el organismo con la creación institucional de un Parlamento y una Secretaría General.

Un millón de orquídeas y gringes, flores típicas de Costa Rica, adornaron con un tono primaveral y colorido el Centro de Convenciones, ubicado en el extrarradio de San José, donde se desarrolló la tercera cumbre del organismo regional más joven de la Patria Grande: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe, o Celac, a secas. La herramienta institucional generada por la diplomacia latinoamericana para despegarse la Organización de Estados Americanos (hegemonizada siempre por la voz anglosajona) tuvo en el país tico una cita con fuertes pronunciamientos políticos autónomos de cara a la realización de la Cumbre de las Américas de Panamá. En ese sentido, el tercer capítulo en la corta historia de la Celac tuvo la impronta de una suerte de previa de lo que será el plato fuerte, en la cita panameña, la relación entre Estados Unidos y la región de los últimos años. Recapitulando, San José estuvo perfumado con el aroma de orquídeas y gringes. Sin embargo, la discusión abierta entre los países miembro del Mercosur ampliado contra las naciones adheridas a la librecambista Alianza del Pacífico sobre la necesidad, o no, de profundizar las instancias institucionales de la Celac –Evo Morales propuso crear un Parlamento y una Secretaría General– evidencia que no son todas flores en la relación regional. “La tercera reunión de la Celac no será la vencida en cuanto a extender, de una buena vez, el acta de defunción de la anacrónica OEA. El mismo John Kerry (jefe del Departamento de Estado), quien hoy parece entusiasmado por visitar La Habana, declaró en abril de 2013 que América latina era el patio trasero (backyard) de Estados Unidos. O, para no ir lejos, la reciente visita de Felipe Calderón y Sebastián Piñera (ex presidentes de México y Chile y anfitriones de la naciente Celac) a Caracas, prestándose a las maniobras golpistas de la CIA contra el gobierno de Nicolás Maduro, son ejemplos de ello”, sentencia el especialista José Steinsleger en una columna titulada “La Celac en el siglo XXI”.

Si la reunión a realizarse en abril en el país de Rubén Blades tiene una alta expectativa porque será la primera vez que Washington y La Habana concurran a un mismo cónclave en un clima de cierta armonía bilateral, la mayoría de los jefes de Estado que viajaron a la capital costarricense dejaron en claro su apoyo a la posición cubana en el restablecimiento del diálogo con el Departamento de Estado norteamericano. El líder de la revolución cubana, Fidel Castro, reapareció esta semana con una misiva pública donde le ponía ciertas reservas al deshielo político con los vecinos gringos. La plana mayor del gobierno comunista caribeño observa ciertos movimientos contradictorios en el país del norte. Primer ejemplo, la reciente enviada de Barack Obama a la capital cubana, la funcionaria Roberta Jacobson, utilizó su estadía para recibir a dirigentes notorios de la disidencia cubana. Además, previo a la cumbre de la Celac, la agencia Usaid –de notorios vínculos con la CIA– organizó en México un evento continental donde varios referentes de la ultraderecha latinoamericana unieron su grito por “una Cuba democrática”. En ese sentido, el presidente cubano advirtió en San José que “en el acercamiento con los Estados Unidos no quedarán claudicados los principios de la revolución”. Era previsible que la advertencia de Raúl Castro sea apoyada por los países del denominado eje bolivariano (Venezuela, Ecuador, Bolivia). Sin embargo, países significativos por su peso político y comercial, como Brasil, o incluso miembros de la Celac de gran afinidad ideológica con la Casa Blanca, es decir, Colombia, también arroparon la posición cubana. Así lo evidencia el enviado especial del diario mexicano La Jornada a la cumbre de San José en un párrafo de su crónica final: “El llamado de Castro fue apoyado uno a uno por sus colegas, quienes también celebraron la próxima participación de Cuba en la Cumbre de las Américas, el 10 y 11 de abril en Panamá, a la que asistirá el presidente cubano. ‘Será verdaderamente histórica’, advirtió el mandatario colombiano, Juan Manuel Santos. ‘No tengo dudas de que la Celac ha sido un catalizador de ese diálogo. Fueron necesarios coraje y sentido de responsabilidad histórica por parte de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama para dar ese importante paso’, destacó la presidenta Dilma Rousseff”.

Cargos, presupuesto, profundización. La Celac, a diferencia de otras instancias vecinales comunes más añejas como el Mercosur o la Unasur, es un infante. El organismo está dando sus primeros pasos con un fin noble, construir una agenda regional propia, sin la influencia de Estados Unidos y Canadá; pero, por el momento, carece de un cuerpo rígido, una estructura institucional, que oriente su camino. En pocas palabras, al estar reducida la Comunidad de Estados Latinoamericanos a la estatura de un foro de diálogo y concertación política tiene escaso poder a la hora de implementar políticas públicas regionales. Evidentemente, si la endeblez institucional de la Celac perdura se corre el riesgo, como advirtió en su momento el dirigente de la resistencia peronista John William Cooke, para hablar de otro tipo de desajuste organizativo, de generar un “gigante invertebrado”. En ese sentido, el jefe de Estado boliviano Evo Morales propuso en San José que el foro regional de la Celac se institucionalice con la creación de una secretaría general (como existe en la Unasur) y un Parlamento (el Mercosur contempla ese mecanismo, aunque esté algo devaluado en la toma de decisiones). “Yo creo que es necesario institucionalizar la Celac para poder liberarnos con más fuerza del sometimiento de Estados Unidos”, subrayó el ex dirigente cocalero de Chapare en una cita recogida por la agencia de noticias boliviana ABI. El encargado de responderle a Morales fue el anfitrión del evento, Costa Rica, que en boca de su canciller Manuel González tomó la posición de los países menos emparentados con el proceso de integración regional –México, Panamá, Paraguay, Perú, entre las firmas– para establecer que: “La Celac es un foro muy joven. Realmente no hay condiciones para crear ahora una secretaría general”. La discusión entre Bolivia y Costa Rica no es menor ni novedosa. La diplomacia chilena, durante el gobierno de Sebastián Piñera, ya había advertido en otra cita de la Celac sobre su malestar con la “híperinstitucionalización” existente en la convergencia regional. “Hay más organismos que socios”, espetaron los cuadros de La Moneda. Más libre comercio y menos discusión política común, es el subtexto de lo dicho por Chile, y ahora refrendado por el gobierno tico en la cumbre de San José.

Por último, Ecuador tomó el timón de la Celac asumiendo en San José la presidencia pro témpore del organismo, cargo que ya ostentaron las tres C de Latinoamérica: Cuba, Chile y Costa Rica. Al parecer, según lo explicitado por el presidente Rafael Correa y por el Canciller –de alto perfil en el Palacio Carandolet y en las citas regionales– Ricardo Patiño, Quito buscará profundizar el eje “de la autonomía financiera regional” durante su mandato. “La tarea de Ecuador será repotenciar una herramienta cuyo “trabajo cotidiano” depende mucho de quién la conduzca temporalmente y de sus iniciativas concretas. En ese sentido, teniendo en cuenta el aporte sustancial del país gobernado por Rafael Correa a la Unasur –que incluso tiene su sede en Quito, donde actualmente reside su secretario general, Samper–, es posible un ritmo de trabajo diferente, más audaz, al que Costa Rica –a su manera– pudo aportar durante 2015”, estima Juan Manuel Karg, investigador del Centro Cultural de la Cooperación. Mientras tanto, las Presidencias y las Cancillerías latinoamericanas ya tienen resaltado en rojo en su agenda la cita de abril en Panamá. En esa oportunidad, Obama y los países del sur tendrán su face to face tan esperado.

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