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23 mar. 2015

Si ganan, este país se va a poner irrespirable

El escritor Rodolfo Walsh se enteró del golpe por las comunicaciones policiales. Desde su departamento interceptaban las radios para descubrir información sobre el inminente golpe. Fue el 24 de marzo de 1976 que vivió el escritor Rodolfo Walsh. Un año después escribió la "Carta de un escritor a la Junta Militar" y el 25 de marzo de 1977 fue secuestrado por un grupo de tareas.

"¡Comando, comando, móvil 1!" decían unas voces y les contestaban: "QAP, QAP, móvil 1", "Adelante móvil 2", "hay movimiento de tropas en dirección a Casa de Gobierno"; "¡QSL, QSL, entendido, entendido!". Era la noche del 23 y la madrugada del 24, el escritor Rodolfo Walsh y Lilia Ferreyra, su mujer, interceptaban las comunicaciones radiales de las fuerzas de seguridad. De pronto las voces se multiplicaron, transmitían nerviosismo. "Ahí está el golpe" dijo para sí Walsh, que un año después escribiría la "Carta de un escritor a la Junta Militar" y luego sería secuestrado por un grupo de tareas de la ESMA. "En esa semana la atención estaba puesta en si iba a haber un golpe o no --recuerda Lilia Ferreyra--. Entonces en el área de Información de Montoneros estábamos muy pendientes de las escuchas de comunicaciones para tratar de encontrar información sobre lo que se podía estar gestando". La pareja ocupaba un departamento de un ambiente, de tres metros por 2,60, con un minibaño y una kitchenet. Era un primer piso con una sola ventana que daba a un patio interno de un edificio de diez pisos. Pero la ventana tenía que estar siempre cerrada para que no escucharan los vecinos. Había una cama de dos plazas, los estantes de una biblioteca que había pertenecido a Leopoldo Lugones, regalada por la nieta del escritor, Pirí, que también está desaparecida, una mesa plegable, dos sillas y una heladerita. "En el departamento teníamos un pequeño aparato de alta frecuencia que interceptaba las transmisiones de las fuerzas de seguridad --recuerda Lilia Ferreyra--; esa noche del 23 yo estaba en casa y Rodolfo había salido a una cita. Como todos los días, cuando él llegaba yo le contaba lo que había escuchado. Esa noche comenzó con la rutina de siempre, cenamos a las 9 y nos dispusimos a escuchar por onda corta el noticiero de la BBC de Londres de las diez de la noche, en una pausa de la escucha de las comunicaciones de las fuerzas represivas. Rodolfo hablaba inglés perfectamente y me traducía lo que escuchaba". Walsh se había aficionado a la criptología y gracias a ese hobby había descifrado el código de transmisión de los cubanos anticastristas que se entrenaban en Guatemala para invadir la isla. Fue a principios de los 60, cuando trabajaba en La Habana en la agencia Prensa Latina. Por curiosidad se había puesto a descifrar las incongruencias que arrojaban las teletipos de la agencia en el tiempo muerto y así los cubanos detectaron los planes de invasión. "En esas escuchas interceptamos muchos mensajes en código que después descifrábamos --relata Ferreyra--; él me enseñó a mí después a descifrarlos. Estos mensajes cifrados surgían generalmente de las comunicaciones con el interior del país. Allí escuchamos una vez la orden de detención de gente de la Universidad de Bahía Blanca y otras informaciones que más tarde fueron difundidas a través de la Agencia de Noticias Clandestina (Ancla)". "Poco después de la medianoche se empezaron a escuchar las voces más agitadas, eran del comando radioeléctrico por lo general. A la madrugada ya se preguntaban abiertamente, desde los móviles hasta el comando, por los tanques que estaban yendo por el bajo en dirección a la Casa Rosada. Esa fue la confirmación de que el golpe estaba en marcha".

"A diferencia de la opinión de otros, Rodolfo tenía la certeza de que se avecinaban tiempos terribles --señala Ferreyra--; quizás por su propia comprensión de lo que podía ser el uso desbordado de la fuerza militar que él había llegado a percibir durante la investigación de Operación masacre. Así lo entendió en ese momento y lo vertió un año más tarde en la "Carta de un escritor a la Junta Militar": que un gobierno militar, una dictadura, siempre sería mucho peor que un proceso democrático, aunque fuera deficiente y confuso como el de ese momento. El decía que el ejercicio del poder directamente por las Fuerzas Armadas sería peor, como lo había demostrado la misma historia con la Revolución Libertadora. Esto lo hablábamos y también lo había discutido con otros compañeros". Era un tema que estaba sobre la mesa. El general Videla había anunciado el golpe varios meses atrás y en las reuniones se había convertido en el punto central de la agenda. "Desde varios meses atrás, Rodolfo había planteado la necesidad de prever una situación política general donde las condiciones del trabajo de prensa iban a ser mucho más difíciles y que había que prever formas de difusión por vías clandestinas" señala Lilia Ferreyra. Después del 24 de marzo empezó a emitir sus primeros despachos la Agencia de Noticias Clandestina. "Esa noche combinábamos la intercepción de las comunicaciones con las emisiones en onda corta de las radios internacionales, fundamentalmente la BBC de Londres y Radio Colonia --apunta Ferreyra--, estábamos la mayor parte del tiempo allí porque a las nueve de la noche había que estar adentro, era peligroso para Rodolfo estar en la calle. Siempre nos dejaba perplejos la calma y el control con que hablaba el que estaba a cargo del comando radioeléctrico; su calma contrastaba con el nerviosismo de las voces que transmitían los móviles. Esa noche del 23, las voces habían perdido la calma. En algún momento nos fuimos a dormir porque, pese a la tensión, la variante del golpe era algo que se esperaba, no era una sorpresa". El 24 a la mañana había comenzado una nueva etapa. "Salí a comprar los diarios con todas las precauciones que tomábamos para evitar espías o seguimientos, en la calle había un ambiente de temor y expectativa, se veía en la cara de la gente. Algo se había roto, estaba cambiando. Nosotros seguimos la información en los diarios, la radio y la televisión, también vivimos ese día con una carga muy distinta, algo cambiaba, con la incertidumbre o la certeza de que se avecinaban tiempos más difíciles. En esos días nos habíamos encontrado con Vicky, la hija mayor de Rodolfo, con Horacio Verbitsky y Paco Urondo, pero el 24 todas las citas y el trabajo cotidiano se paró. El eje de lo que se hablaba o se hacía era el golpe. Después de ver un noticiero en la televisión, recuerdo que Rodolfo reflexionó: 'Si éstos llegan a ganar, este país se va a poner irrespirable."

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