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21 jun. 2015

Bolivia: La imposibilidad de una isla

Cuando en 2011 el presidente de Bolivia anunció que acudiría a La Haya para exigirle a Chile que abra una puerta a las negociaciones sobre el diferendo marítimo, que lleva más de un siglo embarrando las relaciones entre ambos países, la pregunta que surgió fue por qué ahora. ¿Es que la energía política destinada a la demanda marítima responde sólo a una voluntad de reparación histórica –simbólica y cultural– por parte del gobierno de Evo Morales o es efecto del crecimiento económico de Bolivia que exige ampliar las fronteras a nuevos mercados? La respuesta es: ambas. Sin embargo, el aspecto económico de una salida al Pacífico para Bolivia resulta, por momentos, menos analizado.

En América latina sólo dos países son como islas sin mar. La historia de la conformación de sus Estados, la definición de sus límites y fronteras, habilita a sólo uno de ellos la posibilidad de revertir la situación y así lo está haciendo.

Sabemos que el problema del encierro territorial trae aparejados trabas comerciales que pueden resultar asfixiantes en países en desarrollo. Se estima que los costos de transporte del comercio suelen ser al menos un 15% más altos que en los países con litoral.

No es casual que Paraguay y Bolivia hayan encabezado durante años las listas de los países más pobres de Suramérica. Según la Cepal, en 2002, Bolivia ocupaba el primer lugar con un 62,4% de su población en situación de pobreza, mientras Paraguay le pisaba los talones con el 61%. Sin embargo, diez años después Bolivia redujo su índice de pobreza en 24 puntos y lo llevó al 38%, mientras Paraguay sigue con la mitad de su población en estas condiciones con el 49,6%. Es decir, en un mismo período, Bolivia logró duplicar los logros socioeconómicos de Paraguay.

Entonces, ¿es posible amansar los efectos negativos de una condición desfavorable mediante una buena gestión económica? La respuesta queda en evidencia. En Bolivia los números cierran con la gente adentro. Según los datos oficiales publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas de ese país, en 2009, el total de sus exportaciones era 5.486.000 dólares, en 2013 alcanzó los 12.327.000 dólares. Las reservas internacionales netas en dólares también se incrementaron pasando de 9.900.000 en 2009 a 15.880.000 en 2013, casi un 50% del producto interno bruto (PIB) del país. Así, en 2014 y por segunda vez consecutiva, Bolivia se posicionó como el país con el mayor crecimiento del PIB de América del Sur con 5,4%.

Las desventajas económicas que trajo para Bolivia la pérdida de su territorio costero, que desde su independencia hasta la Guerra del Pacífico pertenecieron al departamento Litoral de este país, están vinculados, por un lado, a la pérdida de recursos naturales marítimos y salitres, pero también minerales, como la plata que en la mina de Caracoles supo generar hasta un 30% más de riqueza que el Cerro Rico de Potosí, o el cobre que a Chile le permitió recibir 346.216 millones de dólares por su exportación entre 2003 y 2013, según los datos de su Banco Central. También está el litio, recurso que ha mostrado un crecimiento del 7% en su demanda mundial anual con un precio que pasó de los 1.760 de dólares por tonelada en 1999 a 6.000 dólares en 2008, según los datos provistos en el Libro del Mar, publicado por el gobierno de Bolivia en 2014.

Los beneficios en la extracción de recursos naturales son irrecuperables, pero sí existen otro tipo de reparos económicos y previsiones a futuro, como la reducción de los costos en el movimiento de mercancías a fin de hacer más competitivas sus exportaciones así como la posibilidad de ampliar sus mercados hacia el Pacífico.

Actualmente Bolivia cuenta con un acuerdo de libre tránsito con Chile para facilitar su comercio exterior a través de puertos chilenos, como los de Arica y Antofagasta que, sin embargo, llegan a implicarle un gasto de examinación por contenedor de entre 125 y 800 dólares. Según un informe del Banco Mundial de 2012, las exportaciones bolivianas por contenedor son 55,7% más caras que las exportaciones de Chile y 60% más costosas que las de Perú. Según información oficial de Bolivia, en la actualidad este país cuenta con los costos de transporte más altos de América del Sur, siendo 31% superior a la media continental.

La Guerra del Pacífico le arrancó 400 kilómetros de costa a Bolivia, en una política de expansión de Chile tardía y violenta motivada por intereses económicos. Los diez años de gestión del MAS en Bolivia han demostrado la capacidad de crecimiento económico a pesar de su encierro. Los guarismos favorables parecen darle la autoridad suficiente al gobierno de Evo Morales para avanzar con más fuerza en su reclamo ante la Corte Internacional de Justicia que, además de la reparación histórica, pelea por su derecho de comercializar sus recursos naturales a precios competitivos y ampliar su economía a nuevos mercados.

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