1 jun. 2015

La plaza los dejó desnudos

El PRO de Mauricio Macri le da más importancia a la elección porteña que a la nacional, como si fuese su batalla final, mientras que el frente de Massa se desgrana y el FpV va recogiendo heridos

Los bombos retumbaron todo el día. En la Plaza de Mayo y en las avenidas y calles que llevaron ríos de multitudes hasta ese ombligo de la política argentina de todos los tiempos. El retumbar de los parches también golpeó en las oficinas del mentor del macrismo, Jaime Durán Barba, que cerraba su semana afilando la lima destinada a perfilar el color amarillo del PRO sin mezclarse con otros componentes de la paleta política; y en el bunker tigrense de la “Torres de las Naciones”, que Sergio Massa había soñado como punto de partida del recorrido triunfal de una marcha que se estrelló contra la caída estrepitosa de las simpatías hacia su precandidatura, el abandono de los grupos económicos y comunicacionales que se habían entusiasmado con él y, sobre todo, con el desgranamiento de sus filas a partir de los dirigentes peronistas que lo acuerparon en la elección de medio término de 2013 y, dos años después, se encolumnan hacia el redil de la apuesta segura de la conservación de su poder territorial.

Con el último acorde del “Señor Cobranza” de la Bersuit, a 10 minutos de comenzado el martes 26, los caminos se bifurcaron. Uno marchó con el espaldarazo del encuentro con una multitud que, por encima del cálculo en centenares de miles, fue de las más grandes de los doce años de gobierno kirchnerista; otros con las libretas de apuntes cargadas de notas referidas a los pasos a dar hasta el cercano miércoles 10 de junio, día en que finaliza el plazo para la inscripción de alianzas nacionales, y hasta el sábado 20 de junio, cuando vence el tiempo para la presentación de los precandidatos nacionales a la Presidencia con los que intentarán derrotar al oficialismo.

El dibujo de los diarios. Horas después fue el turno de los medios, esas máquinas de moldear pensamientos y, en el caso de los diarios, de definir la agenda sobre la que girará la información a lo largo de todo el día. Clarín y La Nación tocaron una vez más al mismo son, para afirmar que “Cristina le puso tono de campaña al acto sobre el 25 de Mayo”, en el caso del diario de los Noble-Magnetto, y presentar un “Encendido discurso de campaña de la Presidenta por el 25 de Mayo”, desde las sábanas fundadas por Bartolomé Mitre. La descalificación de la concentración por considerarla “partidaria” y las críticas por no haber mencionado los hechos de 1810, en el cierre de cuatro jornadas destinadas a conmemorar la gesta de mayo, no les impidieron reconocer la envergadura del acontecimiento, lo multitudinario de la convocatoria y los efectos que puede tener sobre ese sector del electorado que no comprenden los núcleos duros favorable u opuesto al Gobierno, que los analistas ubican en tercios, dejando entre un 30 y un 40% de voluntades a captar.

El día previo, los analistas más duros con la gestión de Cristina Kirchner reconocieron que los aspirantes opositores a sucederla “bailan al ritmo de la música que ella ejecuta”, dieron vuelta los números que ellos mismos publican semana a semana y no pudieron ocultar que entre los que quieren “profundizar el modelo actual” y quienes aspiran a que su sucesor “combine continuidad y cambio”, suman el 62,4% de voluntades.

Una jornada después, el análisis de Clarín encendió “Dos luces de alerta para la oposición”, en alusión al “formidable acto de campaña” del lunes 25 y a la victoria aplastante del Frente para la Victoria en las primarias del Chaco, en las que se enfrentó al PRO, la UCR y el Frente Renovador juntos, lo que “habría dejado en tela de juicio la premisa de que la unión de opositores sería un muro infranqueable para el oficialismo en cualquier territorio”. El argumento exacto de los que pisan fuerte a la hora de decidir la campaña y las alianzas, o el rechazo a ellas, en las filas de Mauricio Macri.

La ingeniería de Durán Barba, además de cotillón, sonrisas y bailes, incluye el refuerzo extremo del perfil “anti-K” del espacio, a riesgo de desatender la llegada de algunos sectores extrapartidarios, y perder votos. Se preparan para las generales porteñas del 5 de julio, con la intención de esquivar el balotaje del 19 de ese mes, como si esa fuese la batalla final, y después volver a barajar. Por el momento sacaron a la cancha al presidente del Banco Ciudad, Rogelio Frigerio (nieto), un dirigente afable, dispuesto a dar la cara ante cuanto programa de radio y televisión sea invitado y a afirmar, por ejemplo, que su sector se opone al “ajuste”, contra todos los argumentos económicos de los especialistas de su escudería y de su propio jefe, o a enfatizar que “no se puede reducir el gasto social”, sino que es necesario aumentar esa inversión, criticada hasta el hartazgo por los dirigentes PRO.
El barco “renovador” del massismo siguió escorando con la sangría de dirigentes territoriales que, a la hora de la hora, cuando se juega la conducción de los distritos, piensan en el mascarón de proa que les garantice tracción o, por lo menos, les evite la fuga de votos. Las luces pasaron del naranja al rojo cuando los hombres de Tigre supieron que la principal ficha bonaerense que les queda, preparaba sus bolsos para correrse de un naufragio que parece cercano. Hasta ahora, lo de Francisco de Narváez quedó en el amague de no pasarse de bando pero bajar la candidatura, sobre todo después de agarrar a trompadas a un periodista. No alcanzó para calmar los nervios: Monte Hermoso, con incendios de instituciones públicas, un linchamiento seguido de muerte y la implicación de dirigentes del Frente Renovador –uno ya detenido, otro en la mira– los ligó exactamente a lo que su jefe pretende ubicar en los antípodas de su pensar y su actuar.

No volaban ni las moscas

Mientras las oposiciones buscan su destino, el oficialismo entra en la recta final de sus definiciones internas. Programa y acompañantes de los precandidatos quedan en la agenda de sus pendientes. Una vez más, Cristina está en el centro de la escena, como personaje excluyente de las decisiones y del manejo de la brújula. Cuando les dijo a las mujeres y los hombres de una plaza que la escuchaba con silencio de misa que “son dueños de su destino”, sabía que buena parte de la construcción futura depende de sus decisiones presentes.

La plaza del 25 tuvo características importantes. Ya se habló de la capacidad de convocatoria intacta. ¿Cuánta gente hubo… Importa? Las especulaciones de cuentaganado parten de las 400.000 personas y suben al millón; si se calcula la concurrencia de las cuatro jornadas mayas, puede incluso multiplicarse esta última cifra, semejante a las fiestas del Bicentenario, que fueron una cachetada para los que viven de las encuestas y mostraron un estado de ánimo social, un intangible fundamental a la hora de votar. Intangible basado en concretos como aquellos a los que aludió la Presidenta cuando les pidió a los argentinos que pusiesen la mano en el corazón y pensaran “cómo estaban en 2003 y cómo están ahora”.
La plaza fue el cierre de una semana cargada de hechos que constituyen marcas simbólicas que trascienden a 12 años de gestión. Inauguración del “Sitio de Memoria” en la ex ESMA; acto en la Estación de Retiro con motivo de la recuperación del Sistema Ferroviario Nacional; puesta en marcha del Centro Cultural Néstor Kirchner, en el viejo edificio de Correos que también estuvo en manos privadas –del Grupo Macri para más datos–; traslado del sable de José de San Martín desde el Regimiento de Granaderos a Caballo hasta el Museo Histórico Nacional.

Cada jalón estuvo rodeado de multitudes. La Plaza fue el broche final. Con una característica que los analistas y sobre todo los estrategas opositores, no pasaron por alto. Además del número de personas que se convocaron, sorprendió la cantidad de personas, grupos, familias, que fueron por su cuenta, por sus medios, con sus ganas y sus mil formas de llegar. Un complemento perfecto para las tremendas columnas de militancia y organización social que hicieron sus entradas por Avenida de Mayo y por Diagonal Sur mostrando, además de sus ganas, colores y cánticos, la fuerza de los músculos que se generaron a partir de que Néstor Kirchner también apostó al espacio social que anida en los barrios, de los que todavía no alcanzaron sus plenos derechos. Esos de los que hablaba la bandera a la que le dolía “lo que falta”.

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