6 nov. 2014

Los republicanos coparon el Capitolio

Además de conquistar el Senado por primera vez desde que asumió el presidente demócrata, el Partido Republicano retuvo con comodidad la Cámara baja y se alzó con gobernaciones en estados tradicionalmente demócratas, como Illinois.

El Partido Republicano obtuvo el control total del Congreso y victorias clave en gobernaciones históricamente demócratas. Estos comicios constituyen el mayor revés para el presidente Barack Obama, cuando aún restan dos años para el fin de su mandato. El jefe de la bancada senatorial republicana y futuro líder de la mayoría en la Cámara alta, Mitch McConnel, dijo que lo primero que hará será normalizar al Senado.

“El Senado tiene que arreglarse. Vamos a votar sobre ciertas cosas que sin duda no le gustarán al Ejecutivo”, afirmó. Con tres carreras aún sin definirse, la oposición conservadora tiene ya 52 bancas en el futuro Senado, dos más que la mayoría, que vuelve a detentar después de ocho años.

Los republicanos ganaron siete escaños del Senado que estaban ocupados por los demócratas: Virginia Occidental, Dakota del Sur, Arkansas, Montana, Colorado, Iowa y Carolina del Norte.

Las elecciones a senador en Virginia y Alaska todavía no arrojaron un ganador y en Louisiana habrá una segunda vuelta el próximo 6 de diciembre, entre la senadora demócrata Mary Landrieu y su retador republicano Bill Cassidy. En la Cámara de Representantes, donde todavía faltaba definirse más de una decena de carreras, los republicanos parecían encaminados a alcanzar o superar las 246 bancas que tuvieron durante la presidencia de Harry S. Truman, hace más de 60 años.

En cuanto a las gobernaciones –se pusieron en juego 36 de los 50 estados–, los republicanos se impusieron en estados tradicionalmente demócratas. El estado adoptivo del presidente Obama, Illinois, eligió a un gobernador republicano, mientras que Massachusetts tendrá también su primer gobernador republicano desde el candidato presidencial Mitt Romney, dos derrotas para los denominados “estados azules”.

El gobernador demócrata de Illinois, Pat Quinn, fue derrotado por el republicano Bruce Rauner, mientras que los votantes optaron en Maryland por el republicano Larry Hogan sobre el demócrata Anthony Brown. En Massachusetts, la secretaria de Justicia Martha Coakley cayó ante el republicano Charlie Baker. En Connecticut, el demócrata Dan Malloy estaba abajo del republicano Tom Foley.

Entre tantas derrotas, el oficialismo tuvo algunos premios consuelo. En New Hampshire, la senadora Jeanne Shaheen y la gobernadora Maggie Hassan, quien días atrás hizo campaña junto a Hillary Clinton, la esperanza demócrata en las presidenciales de 2016, consiguieron su reelección. En Pensilvania, el empresario demócrata Tom Wolf derrotó al ahora gobernador saliente republicano Tom Corbett.

En tanto, el republicano Rick Scott derrotó al republicano convertido en demócrata Charlie Crist, en una carrera muy apretada en Florida. Scott Walker, en Wisconsin, y Nathan Deal, en Georgia, ganaron por un corto margen la reelección frente a las candidaturas demócratas bien financiadas, según las proyecciones de CNN.

De Ohio, John Kasich; de Iowa, Terry Branstad; y de Nuevo México, Susana Martínez, también se impusieron a demócratas.

Las elecciones de medio mandato atraen históricamente a menos votantes que las presidenciales y se plantean como un referendo sobre la gestión del partido que ocupa la Casa Blanca, que acusa el desgaste de gobernar y –salvo contadas excepciones– siempre pierde escaños en el Congreso en estos comicios.

Aunque los republicanos prometen desmantelar el legado legislativo de Obama, especialmente su reforma sanitaria de 2010, el presidente tiene el poder de veto y se requieren 60 votos en el Senado para forzar la votación de una ley, y en el mejor de los casos y en el mejor escenario los republicanos tendrían 55.

Con una primera sesión legislativa en agenda para cuando los legisladores regresen a Washington la semana próxima, Obama invitó a líderes del Congreso a reunirse en la Casa Blanca este viernes. “Humildemente recibimos esta responsabilidad que el pueblo estadounidense depositó en nosotros, pero éste no es momento de celebración”, dijo ayer el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, quien liderará una bancada más numerosa a partir de enero, cuando asuma el nuevo Congreso. “Es tiempo de que el gobierno empiece a obtener resultados y a implementar las soluciones a los desafíos que enfrenta el país, comenzando por una economía que todavía está en apuros”, agregó Boehner, citado por la cadena CNN.

Los resultados de las elecciones fueron contundentes y de gran trascendencia: los republicanos tomaron el control del Senado, que estaba en manos demócratas desde 2006, amplió su dominio de la Cámara de Representantes y ganó gobernaciones tradicionalmente demócratas. La nueva dinámica política obligará a ambos partidos a repensar sus enfoques respecto de la reclamada reforma migratoria, cuestiones presupuestarias, nominaciones presidenciales, gasto público, rol del Estado en general, salud y muchas otras cosas, según analistas.

Cuando Obama inauguró su presidencia, en 2009, el Senado y la Cámara de Representantes eran demócratas. En 2010 los republicanos lo despojaron de la Cámara baja y ahora consumaron su avance tomando el control absoluto del Congreso.

Un sondeo a boca de urna de CNN y otras cadenas mostró que los republicanos basaron su triunfo en electores insatisfechos con la marcha de la economía, que votaron a los candidatos republicanos para el Congreso por un margen mayor a 2 a 1.

Pese al descontento con Obama, los votantes expresaron también poca confianza en el liderazgo republicano, lo que refleja la presión que enfrentará el partido que ahora tendrá el Congreso en sus manos de acá hasta las presidenciales, por lo menos. La impopularidad del presidente –cuya aprobación ronda un mínimo de 40 por ciento– pareció afectar a candidatos demócratas que buscaban su reelección.

El presidente se hizo cargo

Se mostró dispuesto a conocer la agenda republicana y a trabajar en áreas de interés mutuo. También prometió actuar en materia de inmigración, pidió fondos para combatir el ébola en Africa y permiso para profundizar la guerra contra el EI.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, admitió ayer su parte de responsabilidad en la derrota del Partido Demócrata en las elecciones legislativas. “Está claro que los republicanos tuvieron una buena noche”, dijo el mandatario sobre sus rivales, que arrebataron a los demócratas el Senado y ampliaron su mayoría en la Cámara de Representantes. Obama se mostró dispuesto a conocer la agenda republicana y a trabajar en áreas donde se pueda llegar a acuerdos. También prometió actuar en materia de inmigración.

“La gente espera que en Washington todos nosotros, los dos partidos, pensemos en sus ambiciones, no en las nuestras, pero yo tengo la responsabilidad única de poner a trabajar esta ciudad. Que sepan los que votaron que los escucho, que sepan los dos tercios que no participaron que también los escucho”, dijo el presidente.

Asimismo, reconoció la victoria republicana y aseguró haber escuchado el mensaje de los votantes y también el de aquellos ciudadanos que prefirieron quedarse en casa. “A todos los que han votado, los he oído. Y a los casi dos tercios de estadounidenses que decidieron no votar, también los he escuchado”, dijo el mandatario en una rueda de prensa convocada con motivo del resultado electoral.

Obama aseguró haber recibido el mensaje que los estadounidenses emitieron con su voto y que pasará cada momento de los próximos dos años trabajando por el progreso de Estados Unidos. “Los estadounidenses esperan que la gente que ellos han elegido trabajen tan duro como ellos lo hacen a diario. Y yo tengo una responsabilidad única”, agregó.

El mandatario reconoció haber tenido una “inocente confianza” en que centrarse en trabajar para los estadounidenses fuera suficiente, y no valoró apropiadamente la importancia de la imagen de su gobierno. “Quieren que yo presione más fuerte para cerrar algunas de esas divisiones (entre republicanos y demócratas), para romper esos bloqueos y lograr hacer las cosas”, subrayó Obama, que agregó que para ello la clave será encontrar áreas comunes.

“No va a haber una adecuación perfecta, algunas ideas que yo tengo son buenas para la economía, pero los republicanos no están de acuerdo, y ellos tendrán ideas que creen que ayudarán a la economía, pero yo no creo que ayuden a la clase media. Aun así, considero que habrá áreas en las que podremos estar de acuerdo”, agregó. Si bien aseguró que cada día busca la manera de mejorar la capacidad de comunicación para trabajar con el Congreso, advirtió que no por ello sus principios van a cambiar.

Por otra parte, reiteró que antes de que acabe este año tomará acciones en materia de política migratoria, y prometió que esas medidas quedarán sin validez en caso de que el Congreso apruebe una reforma migratoria que cuente con su respaldo. “Antes de que acabe el año tomaré las acciones legales que pueda tomar para mejorar el sistema migratorio”, dijo. “Estas acciones serán reemplazadas y suplantadas por una acción del Congreso. Envíenme una ley que pueda firmar y estas acciones ejecutivas se desvanecerán”, añadió.

Sin embargo, sugirió que los republicanos son responsables por un atraso en este tema. “He pretendido que el Congreso aprobara una amplia reforma migratoria que refuerce nuestras fronteras y que dé la oportunidad a la gente que lleva mucho tiempo viviendo aquí, que tiene hijos, pero que no tiene papeles, para que pague sus impuestos y haya un proceso para que sean legales”, dijo Obama tras las elecciones legislativas del martes.

Los republicanos, que bloquearon en la Cámara de Representantes la propuesta bipartidista del Senado, gozan ahora de la mayoría en ambas cámaras. “Esa ley era buena, no perfecta, no era lo que yo quería, pero era inteligente, mejoraba nuestro sistema migratorio y también nuestra economía”, señaló sobre una reforma largamente esperada sobre todo por la población latina.

Obama aprovechó para anunciar que en las próximas semanas pedirá permiso al Congreso de Estados Unidos para realizar nuevas acciones militares en Siria e Irak contra el Estado Islámico (EI). El Congreso aprobó en septiembre armar y entrenar a miembros moderados de la oposición siria, pero muchos legisladores reclamaron un voto que permitiera a Obama usar más fuerza contra la organización integrista islámica.

En otro tramo de su discurso, Obama dijo que pedirá en las próximas semanas al Congreso 6200 millones de dólares para combatir el ébola en Africa, prevenir que se extienda en Estados Unidos y desarrollar vacunas y tratamientos. El líder demócrata quiere que el Congreso lo apruebe antes de fin de año y que empiecen a trabajar las nuevas cámaras renovadas el martes. En el pedido de urgencia se contempla que 4600 millones se destinen a medidas inmediatas en Africa occidental y 1500 para fondos que puedan servir para responder a cambios imprevistos en la epidemia.

Poco voto latino

El apoyo de los latinos a los demócratas en las legislativas del martes descendió con respecto a citas electorales anteriores en Estados Unidos, según comunicó ayer la encuestadora Latino Decisions. Un 69 por ciento de los latinos votó en los comicios a la Cámara de Representantes por un candidato del Partido Demócrata, mientras el 27 por ciento se decantó por un candidato republicano. Eso supone una caída significativa del apoyo de los latinos al Partido Demócrata con respecto a las elecciones presidenciales de 2012, en las que el presidente Barack Obama salió reelegido con el 75 por ciento del voto latino, frente al 23 por ciento de su rival, el republicano Mitt Romney.

Con respecto a las elecciones legislativas de 2010, el apoyo de los latinos a los demócratas cayó siete puntos, precisa la encuesta. En el Senado, el 67 por ciento de los latinos votó a favor de un candidato demócrata frente a un 28 por ciento que lo hizo a favor de un republicano. Henry Muñoz, fundador de Latino Vitory Project, consideró que los resultados de la encuesta muestran que ningún partido debe dar por garantizado el voto latino, sino que tiene que ganárselo.

“Estas elecciones fueron una oportunidad perdida para los demócratas. Deben abrazar a los latinos, no evitarlos”, dijo Janet Murguía, presidenta del Consejo Nacional de la Raza (NCLR, por sus siglas en inglés). “Los republicanos tuvieron una gran noche”, concluyó la activista latina.

La decisión del presidente Obama de retrasar su acción ejecutiva sobre la reforma migratoria hasta después de las elecciones pasó factura a los demócratas en las urnas. Tras la demora, el 60 por ciento de los latinos se sentía menos entusiasta a la hora de votar a Obama o a un candidato demócrata. “La decisión del presidente Obama de demorar la acción ejecutiva en inmigración no ha permitido salvar ninguno de los escaños que los defensores del retraso esperaban”, apuntó Frank Sharry, director ejecutivo de la organización pro reforma migratoria America’s Voice durante la presentación de los resultados de la encuesta de Latino Decisions. Según Latino Decisions, los asuntos que más preocupan a los latinos son la reforma migratoria (45 por ciento), la economía o la creación de empleo (34 por ciento), la educación (21 por ciento) y la sanidad (17 por ciento).

Lazos de familia

Jason Carter, nieto del ex presidente demócrata Jimmy Carter, no pudo ganar en las elecciones a gobernador en su estado, Georgia, según los resultados de los que se hicieron eco ayer las cadenas estadounidenses CNN y Fox. Con tres cuartas partes de los sufragios escrutados, el dirigente, de 39 años, fue derrotado por el actual gobernador, el republicano Nathan Deal, que con un 56 por ciento revalidó su mandato. Carter tuvo un 41 por ciento de apoyos y se suma a la larga lista de candidatos demócratas que sufrieron un revés electoral el martes. Jimmy Carter fue gobernador del estado entre 1971 y 1975, antes de ser elegido presidente en 1976. Georgia fue gobernada ininterrumpidamente por los demócratas durante más de 130 años, hasta que en 2003 ganó por primera vez un republicano. Jason Carter recibió durante la campaña un fuerte apoyo de su abuelo, que pese a sus 90 años se dedicó a recorrer el estado de punta a punta. Sin embargo, a pesar del gran reconocimiento internacional de Jimmy Carter, el dirigente no es muy popular en su propio estado, que en los últimos años vota mayoritariamente a los republicanos. En cambio sí resultó vencedor otro nieto de un presidente, en este caso el republicano George P. Bush, que se impuso como comisionado estatal de tierras en Texas, cargo poco relevante pero que podría servirle de plataforma para una carrera de más alto nivel. Abogado de 38 años, George Prescott Bush es nieto del ex presidente George Bush, sobrino del ex presidente George W. Bush e hijo del ex gobernador de Florida Jeb Bush. Es el primero de la dinastía que gana una elección al primer intento. La maldición, ahora rota, se remontaba a su bisabuelo Prescott, que fue senador por Connecticut entre 1953 y 1963.

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