5 jul. 2015

Ecuador: Jugando a la desestabilización mientras el Papa no está

En la tarde del miércoles, Rafael Correa, presidente constitucional de Ecuador denunciaba públicamente que hay “claros indicios de que los golpistas intentarán tomarse Carondelet” (la casa de gobierno) durante una marcha convocada por la oposición para el día siguiente. “Es algo que lo venían preparando desde hace tiempo, como el 30 de septiembre” de 2010, cuando se intentó otro golpe contra el mandatario.

Y fue más allá. Denunció que detrás de los intentos desestabilizadores están “Mario Pazmiño, ex jefe de Inteligencia del ejército y muy cercano a la CIA, el coronel César Carrión, millones de dólares de poderosos grupos económicos, los ‘periodistas’ de siempre”. El plan, añadieron ministros, preveía el bloqueo de los aeropuertos de Guayaquil y Quito, así como los puentes fronterizos de Rumichaca (con Colombia) y Huaquillas (con Perú).

Paralelamente, y tras un llamado de atención desde el Vaticano y la decisión de Francisco de ni siquiera considerar la posibilidad de suspender su visita ante los intentos desestabilizadores, la Iglesia Católica señaló que éste “no es el momento” para convocar a nuevas manifestaciones. A pocas horas de la llegada del Papa, señaló que “no es el momento de manifestar nuestras ideas ni nuestros proyectos políticos. No es el momento de armar más polémicas y más divisiones”, señaló el padre David de la Torre, portavoz de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE) para la visita del Papa.

Esta vez, la excusa para calentar la calle fue un nuevo impuesto a la herencia y ganancias impulsado por el Poder Ejecutivo, gravando en forma progresiva el patrimonio heredado y evitar evasiones impositivas. A pesar de que las nuevas leyes afectarían apenas al 2% de la población, los partidos opositores, junto a los alcaldes de Quito, Cuenca y Guayaquil, lograron movilizar a los sectores medios para manifestar su rechazo a las leyes mientras Correa estaba en Bruselas en la reunión Celac-Unión Europea, manifestaciones que continuaron tras su regreso.

Todo indica que la idea no era dañar la imagen de Correa solamente, sino propinar un golpe fuerte a la Celac (que preside), a la integración latinoamericana. Pegarle a Correa es pegarle a la Celac y, a la vez, tratar de crear un imaginario colectivo sobre un país en disputa, con enfrentamiento, desestabilizado, ingobernable, para que el papa no lo visitara.

El lunes 15 de junio fue un día clave. En la mañana, el presidente Correa salió al balcón del Palacio de Gobierno para proclamar ante miles de personas que insistiría con el proyecto y acusó a los diferentes sectores opositores de querer derrocarlo con violencia. La situación parecía tan grave que incluso el secretario general de Unasur, Ernesto Samper, manifestó por twitter desde su cuenta personal que dicho organismo se opondría firmemente a cualquier intento antidemocrático.

Sin embargo, la noche del mismo lunes, por cadena nacional, el presidente dio un paso atrás e informó que suspendería temporalmente el proyecto en aras de mantener la paz en el país e invitó a un gran debate nacional sobre el tema. Por otra parte, desafió a la oposición a que juntara firmas como lo indica el artículo 105 de la Constitución para impulsar la revocatoria de su mandato. Y en eso están…

Desde que Rafael Correa asumió como presidente por primera vez en 2007, ha tenido que enfrentar numerosas protestas para minar su poder. En muchas de ellas se unen fuerzas muy disímiles que van desde los históricos partidos de derecha y los sectores más poderosos del país, hasta movimientos sociales que –paradójicamente– califican a Correa como “de derecha”. Todos ellos, apoyados por los tradicionales medios de comunicación, tienen un mismo objetivo: provocar su caída.

Lo cierto es que el 2% de la población afectado por el proyecto de reforma de los impuestos sobre la herencia y sobre la plusvalía inmobiliaria (exiguo por décadas) ha tenido un excesivo protagonismo, de la mano de los medios de comunicación masivos. Es el mismo porcentaje que jugó siempre en pro de un sector público corporativizado a favor de sus intereses privados que les garantizara un trato tributario beneficioso y muchos subsidios en detrimento del 98% restante. Es otro intento de restauración conservadora.

En las urnas no

Entre 2007 y 2009, Correa consiguió, sin tener diputados que le respaldaran, acabar con el régimen instaurado en 1978 y el sistema de partidos (PSC, ID, DC…) en el que se apoyaba. Es más, en 2009 y en 2013 dobló en votos a los candidatos opositores en las presidenciales: en las urnas no tiene rival, y eso lo saben sus opositores, que intentan calentar las calles, desestabilizar al gobierno para poder hablar de ingobernabilidad, e intentar otro golpe blanco o ni tanto.

Con Correa y su Revolución Ciudadana llegó la nueva Constitución, con sus renovadas reglas de convivencia, que permitieron iniciar cambios estructurales caracterizados principalmente por una ampliación efectiva de derechos sociales, lo que incluye que un millón y medio de ecuatorianos hayan salido de la pobreza y que la tasa de desempleo esté por debajo del 5%.

Para algunos analistas, fueron el cambio de coyuntura económica (el país crecerá en 2015 sólo al 1,9%) y la caída de los ingresos fiscales por la bajada del precio del petróleo, los que han conducido a que Correa se vea obligado a tratar de subir los impuestos. Pero ese intento de democratizar la economía se enfrentó con una oposición que no sale a la calle a pedir mejoras en la salud o la educación, sino para evadir la responsabilidad de pagar un impuesto al incremento patrimonial. No quieren que la herencia sea objeto de discusión económica, ni de políticas públicas que la regulen.

Ha sido precisamente la política tributaria una herramienta para que Ecuador haya logrado crecer y redistribuir (obviamente los impuestos pagan los programas sociales), además de ganar capacidad de reacción ante cualquier restricción externa.

Los intentos de restauración conservadora seguirán usando todos los escenarios menos el de las urnas, claro está, aunque en las elecciones municipales la oposición ganara las alcaldías de Quito, Guayaquil y Cuenca (quizá por un error de Correa de ser el portaviones de candidatos sin carisma o con mala gestión, y creer que con eso solo se gana).

Hoy esa minoría de ricos que azuza la calle se envalentona ante el interrogante sobre si Correa se presenta o no a un nuevo período, y por eso han optado por la desestabilización, el acoso, el golpe suave. No sería raro, tampoco que se travistan, disfracen con otras consignas que irán robando a la izquierda, como en otros países de la región.

La llegada del papa Francisco movilizará a millones de personas que saldrán a las calles para saludarlo. La pulseada política actual lo involucra, aunque él no lo quiera.

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