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29 ago. 2015

Los pilotos cumplían con el último tramo del exterminio sistemático

En una nueva audiencia de alegatos en el tercer juicio por los crímenes de la ESMA, los fiscales Mercedes Soiza Reilly y Guillermo Friele empezaron a desentrañar todo lo vinculado con los “vuelos de la muerte”. Según la fiscal, significaron “la última fase del plan que la Marina seleccionó como uno de los métodos para asesinar a los secuestrados”.

En el marco las audiencias de alegatos en el tercer juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura cívico militar en la ESMA, los fiscales Mercedes Soiza Reilly y Guillermo Friele, en representación del Ministerio Público Fiscal, introdujeron el tramo vinculado a los “vuelos de la muerte”, donde buscar probar que “fueron la última fase ejecutiva del plan que la Marina como institución seleccionó como uno de los métodos para asesinar a los secuestrados”, dijo en comunicación con Infojus Noticias Soiza Reilly.

En el proceso iniciado en noviembre de 2012, y donde se juzgan los casos de 789 víctimas, se unificaron diferentes tramos de la megacausa ESMA. Hay 63 imputados, y 8 de los procesados son juzgados por los "vuelo de la muerte". Son un mecánico y ocho pilotos acusados de arrojar vivos al al río de la Plata a prisioneros políticos, en lo que se conoce como los "vuelos de la muerte". “Vamos a demostrar cómo los pilotos cumplían con el último tramo del exterminio sistemático, es muy importante la responsabilidad penal de cada uno de ellos”, informó la fiscal.

En su alegato, la fiscal explicó que “el rol de la Aviación Naval durante la última dictadura militar fue un tema silenciado por las propias fuerzas armadas, en un intento de ocultar el modo en que se procedió con las aeronaves”. A su vez, explicó que las denuncias están probadas por diferentes documentos y testimonios, y se analizó el mecanismo de exterminio por medio de los vuelos de la muerte en dos partes: “La primera da cuenta lo que le pasaba a la víctima adentro del campo, cuando era llamada a formar filas de los vuelos. Esto está muy documentado, con testimonios de sobrevivientes e información. La segunda aborda lo que ocurría en las aeronaves militares en los vuelos mismos”.

También es de suma importancia el trabajo de investigación que realizaron respecto de las estructuras militares en ese momento. La pregunta que se hicieron fue: si el Grupo de Tareas 3.3, que operaba en la ESMA, precisaba un avión, ¿a quién se lo pedía? Así pudieron armar una secuencia que incluye Operaciones Navales, el Comando de Aviación Naval, las Escuadras, Escuadrillas y los Pilotos, siendo estos el último eslabón que tuvo como función concretar el plan de exterminio.

La investigación además logró identificar las aeronaves utilizadas para los vuelos, que las tenía la Armada “y que eran las que estaban preparadas para arrojar carga en vuelo, lo que reduce el mundo de la flota a un grupo reducido de estas”, agregó Soiza Reilly.

Los vuelos de la muerte consistieron en arrojar a personas que estaban secuestradas en la ESMA al río, previamente sedadas. Los aviones fueron piloteados por miembros de la Armada Argentina y de la Prefectura Naval. Este mecanismo “tuvo como fin el ocultamiento de los crímenes”. En casi cuatro décadas, este sistema implementado bajo el eufemismo “traslado”, fue un área casi inexplorada dada la poca información proporcionada por las fuerzas armadas y por la “efectividad” que tuvo su implementación.

En su presentación, la Fiscalía informó que “las primeras menciones sobre la existencia y el significado de estos ‘vuelos’ se hallaron en varios documentos que se encuentran incorporados a este juicio, que acreditan que Scilingo no fue el único en mencionarlos”. Al respecto, aclaró que el ex marino Adolfo Scilingo negó en 2005 los hechos que afirmo en el año 1995 y que el juez Baltasar Garzón analizó esa declaración punto por punto, y pudo demostrar que existió la eliminación física de personas por medio de los vuelos.

En la audiencia de hoy la Fiscal citó un recorte periodístico del año 1984, titulado “Ahora, la verdad”, en donde el aviador naval Juan Jose Cozzi expresó: “Dentro de la aviación naval hubo hombres que se dedicaron a tirar a otros hombres al río. Se destinaba una tripulación mínima que efectuaba vuelos de carácter nocturno. El avión era preparado en pista. Una vez que se hallaba alistado llegaba un furgón chico con gente arriba. Dentro de la tripulación había un hombre al que le decían ‘el doctor’. Él inyectaba a uno por uno los hombres y mujeres una droga con la que los dejaba medio atontados. Después los denudaban y los arrojaban vivos. Eran esos cadáveres que solían aparecer en la costa uruguaya y en la zona de Punta Indio. Los operativos se realizaban con aviones DC3 que tenían una capacidad para llevar entre 20 y 30 personas”.

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