11 oct. 2015

Espías y policías

Un móvil de la campaña del Frejuli de 1973, que la Dippba siguió con infiltrados en los actos y una colección de volantes y panfletos.

Nacida del golpe de 1955, la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires se hizo temer hasta su disolución, en 1998. Su inmenso archivo, ahora en manos de la Comisión Provincial de la Memoria, está permitiendo rehacer una historia de chicanas y espionaje, y aportando nuevas pruebas a causas por los derechos humanos.

La apertura de archivos secretos está permitiendo descubrir historias insospechadas de la vida política del país. Un ejemplo reciente son las toneladas de papeles de la desaparecida Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, la temida Dippba. Los miles de legajos incluyen todo tipo de maniobras de “Inteligencia” en sucesivas dictaduras y bajo gobiernos electos. Y también las maniobras para tratar de “ensuciar” procesos electorales y perseguir a los que participaban en ellos. Principales sospechosos, los que llamaron a votar en blanco protestando la proscripción de Perón a fines de los 50, tantísimos nombres en la elección de 1973 y las Madres e Plaza de Mayo en 1983. Entre las tareas realizadas por los agentes de la bonaerense se cuentan el seguimiento de la campaña de Héctor Cámpora.

La Dippba fue una organización de espionaje a gran escala, con agentes que se infiltraban en todos tipo de grupos, obtenían copias de documentos y publicaciones, reunían “evidencias”, reclutaban delatores y preparaban informes para pasar al hostigamiento, las detenciones o peor. Estas actividades quedan en claro en los expedientes que acaba de publicar la Comisión Provincial por la Memoria, que administra los papeles de la Dippba.

Cuando el voto era en blanco

Tras el golpe de 1955 hubo entre 1958 y 1963 una serie de actos electorales, todos con la proscripción de Juan Perón. Pero el exilio del líder no significó la desaparición del movimiento, que se reorganizó en un proceso que culminó en 1958 con la creación del Comando Superior Peronista integrado por John William Cooke, Andrés Framini y Oscar Bidegain, entre otros. El aparato estatal de espionaje se involucró activamente en el seguimientos de esta organización, con espías de distintas fuerzas “marcando” dirigentes e infiltrando grupos y eventos. En un informe, un preocupado agentes destaca que “dispusieron enviar un telegrama al general Perón”. Los archivos incluyen una completa colección de publicaciones de la resistencia, documentos y comunicados, varios dedicados a protestar las detenciones de militantes y la militarización de las cárceles en Córdoba. Los papeles muestran una activa cooperación entre bonaerenses y el Departamento Político y Subversivo de la SIDE.

Para 1960, el peronismo decantaba hacia una forma de protesta por la proscripción que preocupaba en particular a los espías, el voto en blanco. En un documento de marzo se subraya que el PJ de Olavarría emitía un comunicado diciendo que “ante la proximidad de los fraudulentos comicios y la inhibición que pesa sobre la fuerza mayoritaria, que es el peronismo, la Junta Electoral del PJ ACONSEJA (sic) activar intensamente la acción proselitista por el voto en blanco, para ratificar nuestra inquebrantable lealtad al único Líder de la Argentina, el general Juan Perón”. La consigna se difunde y las 62 Organizaciones Peronistas la levantan abiertamente “como instrumento para defender sus derechos”.

Los archivos hasta guardan curiosidades como el papeleo generado por el pedido del PJ de Lobos a la comisaría local para hacer “una campaña mural propiciando el voto en blanco”. La comisaría consulta a la Dippba y la carpeta rebota de oficina en oficina sin que nadie se anime a tomar una decisión. En otras localidades, como Lanús, la policía recibió protestas de frentistas que amanecían con el frente pintado con una consigna por el voto en blanco y exigían una reparación del daño. Varios policías terminaron repintando frentes de casas...

La Dippba pudo poco contra el voto en blanco, que fue un éxito rotundo y logró un 25 por ciento del voto, mostrando el poder político del fantasma de Perón.

Presos políticos

En 1972, la Revolución Argentina del general Alejandro Lanusse comenzaba a retirarse, el eufemismo de los militares para aceptar que después de seis años de dictadura ya habían perdido el control. El archivo de la Dippba contiene una pieza política inédita, que se publica en esta nota por primera vez. Es un afiche que se adelantó a las elecciones de 1973 y proponía una lista de electores, según el sistema político que rigió hasta la reforma de 1994, que en realidad nunca existió. El PJ de General Dorrego envió una copia a la policía local avisando que los iba a difundir en la vía pública. El expediente de la inteligencia policial muestra la alarma que disparó la lista, llamada 22 de Agosto por la masacre de Trelew, donde fusilaron a 16 presos políticos en una fuga simulada. La lista incluía a tres sobrevivientes de esos asesinatos, Alberto Camps, Ricardo Haidar y María Antonia Berger, entre otros 78 prisioneros en Rawson, Villa Devoto y el buque-cárcel Granadero, en el puerto de Buenos Aires. Era una manera de visibilizar a los detenidos, no una propuesta electoral orgánica.

La carpeta de la Dippba muestra consultas febriles, papeles destacando que el cartel “menciona nombres de extremistas” y una previsible negativa a que se lo pegue. La Comisión destaca un corolario siniestro: más de la mitad de esta lista fueron secuestrados por la dictadura de Videla y siguen desaparecidos.

Cámpora en tren

“Se tiene conocimiento que el día 21 del corriente, en la ciudad de San Andrés de Giles, será proclamada la candidatura del Dr. Héctor Cámpora por el Frente Justicialista de Liberación. Se ha dispuesto que personal de la delegación practique amplias diligencias a fin de comprobar dicha información y toda circunstancia relacionada al mismo”. Con esta rigidez, los servicios se preparan el tres de marzo de 1973 para una nueva etapa. De paso, los bonaerenses comienzan un legajo titulado Frejuli que demuestra, más de 40 años después, que hicieron un cercano seguimiento de Cámpor, el candidato a vice Solano Lima y todos los principales dirigentes del Frente. Las giras proselitistas son descriptas con horarios y medios de arribo, actos, hoteles, movimientos, y un detalle minucioso del “tren especial” que usó la comitiva para ir por San Andrés de Giles, Mercedes, Lobos, Las Flores y Bahía Blanca.

Los errores son garrafales, como el de adelantar que el acto de lanzamiento del Frente sería un almuerzo y nada más, según un “dirigente local” que estaba supuestamente en diálogo con Cámpora. Como se podía prever fácilmente, el acto fue público, lleno de encendidos discursos y masivos. El agente que se filtró entre el público describe cómo se aplaudía, se cantaba la marcha, tronaban los bombos. Entre los apoyos que el espía anotó con cuidado estaban los del Montonero Rodolfo Galimberti y el ex secretario de Perón Juan Licastro, que “se encontraban prófugos”. El espía describe cómo se pasó por los altoparlantes un mensaje de Perón “a sus adictos” y la incesante llegada de gente, que estimó en 15.000 personas. Y no se olvida de destacar la presencia del padre Carlos Mugica.

Derechos humanos

El 25 de octubre de 1983, las Madres de Plaza de Mayo, la APDH, el CELS y otros organismos publicaron una solicitada de varias páginas que pasó a la historia. “¿Dónde y cuándo votarán los detenidos-desaparecidos?” era el título y el espacio era tomado por una lista se seis mil nombres, edades, documentos y fechas de nacimiento de desaparecidos. La información se organizaba en categorías como “argentinos”, “extranjeros”, “adolescentes” y “niños que fueron secuestrados con sus padres o que nacieron durante el cautiverio de sus madres”. Un comunicado agregaba que muchos desaparecidos figuraban en el padrón electoral: “Se ha llegado la aberrante absurdo de que muchos de ellos fueron designados como autoridades comiciales”. Por eso, las Madres se presentaron el día en que se votaba por primera vez desde el golpe de 1976 en varios colegios y lugares de votación para pedir un habeas corpus y exigir un certificado. Era una manera de lograr por primera vez un documento oficial sobre los desaparecidos.

La Dippba decidió hacer un seguimiento de estos eventos el 30 de octubre, día de votación. Un informe típico relata que una Madre se presentó en la escuela 33 de La Plata cuando “en dicho establecimiento se llevaba con normalidad la recepción de votos, hasta el momento en que se presentó la persona indicada. Esta mujer, con un visible pañuelo de color blanco en su cabeza, se dirigió con términos injuriosos a los militares encargados de la seguridad local”. Según el informe, las autoridades de mesa efectuaron una “observación” en el padrón y anexaron el recurso presentado, pero se negaron a entregar el certificado solicitado. El agente reseña que, antes de retirarse, la Madre “les manifestó a los presentes que el miedo fue la causal de la destrucción del país”.

Los servicios al banquillo
La Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires fue entre 1956 y 1998 uno de los cuerpos de espionaje más importantes de la historia argentina, y se estima que “investigó a más de 460.000 personas, reuniendo más de cuatro millones de fojas, mil videos y un número enorme de cassettes y cintas de audio. La Dippba tenía quince delegaciones en la provincia, más una sede en Capital que articulaba acciones con los servicios de inteligencia nacionales. El objetivo de base era “conjugar una posible alteración pública en los órdenes sindical, cultural, económica, político, etc.”. Se delinearon distintas áreas de trabajo y los registros eran ordenados de acuerdo a clasificaciones específicas. Los “blancos” y “prioridades” mayormente tenían que ver con motivos políticos o ideológicos.

Un año después del cierre de la Dipbba, la Cámara de Apelaciones de La Plata dictó una medida de no innovar sobre el archivo, considerando que los documentos podrían aportar pruebas a procesos judiciales posteriores. La idea era impedir que el material fuera ocultado o destruido. A fines de 2000 el gobierno bonaerense transfirió el archivo a la Comisión Provincial por la Memoria para que lo custodiara y creara “un centro de información con acceso público, tanto para los afectados directos como para todo interesado en desarrollar tareas de investigación y difusión”. El material fue abierto al público tres años más tarde, una experiencia pionera en Argentina. El archivo ya fue utilizado para averiguación de datos referentes a personas espiadas, investigaciones históricas y periodística y, lo más sensible, para juicios contra responsables de delitos de lesa humanidad. Causas emblemáticas como las de Etchecolatz, Von Wernich, Patti, Automotores Orletti y Floreal Avellaneda contaron con el aporte decisivo de estos documentos antiguamente secretos y confidenciales.

La Comisión acaba de sumar la acción propia tras presentarse como querellante en una causa que investiga justamente la participación de la Dippba en diversos delitos de lesa humanidad. Se busca probar “la responsabilidad que tuvo el aparato de Inteligencia en el secuestro y la posterior desaparición de las víctimas del terrorismo de Estado”. Eso relevó Margarita Jarque, directoral programa de Litigios Estratégicos de la CPM, desde donde sostienen que “así como en un principio se investigó el accionar represivo y hoy se avanza sobre la responsabilidad civil y empresarial, creemos que es tiempo de indagar sobre el rol que cumplieron los agentes de inteligencia de la última dictadura militar”.

Este proceso agrega una dimensión hasta ahora desestimada en la investigación del terrorismo de Estado, la del espionaje. Ya lo había confesado abiertamente Ramón Camps en el juicio al que un tribunal castrense lo había sometido en 1984: “La lucha contra la subversión en la provincia se llevó a cabo gracias a la información aportada por la Dippba”.

Para empezar, la CPM le entregó al Tribunal Oral Federal 1 la nómina de todo el personal que trabajó en la Dippba entre 1956 y 1998. Es solo el primer paso de la larga tarea que se viene por delante.

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