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2 ene. 2016

Un combo explosivo para las pymes

La comisión que les cobran los bancos a las pymes subió de un 26 al 36 por ciento.

Las pymes perdieron capital de trabajo con la devaluación y enfrentan costos financieros más altos, lo que puede impactar en el empleo a mediano plazo. Estas firmas generan el 70 por ciento de los puestos de trabajo nacionales.

La devaluación, la eliminación o baja de retenciones y la suba de tasas de interés definieron ganadores y perdedores en la economía nacional. Entre los primeros están los exportadores en general y particularmente el sector agropecuario junto a los bancos. En el segundo sobresalen los trabajadores y jubilados, porque tienen ingresos fijos que se deterioran con la inflación. Pero también están los empresarios pyme, que perdieron capital de trabajo con la devaluación y enfrentan costos financieros más altos, lo que puede impactar en el empleo a mediano plazo. Además, el esquema de protección de las importaciones se flexibilizó y faltan varios meses para la recomposición de salarios a través de las paritarias, que traccionan las ventas. No se trata sólo de que estén en juego los empresarios pyme. Ese tipo de empresas genera el 70 por ciento del empleo en el país.

El Gobierno cumplió sus promesas de campaña en materia económica. Eliminó las retenciones a las exportaciones de todos los cultivos y las bajó de 35 a 30 por ciento en el caso de la soja. Además, eliminó los derechos de exportación para los productos industriales. Junto a la suba del tipo de cambio superior al 30 por ciento, se generó un fuerte aumento de los ingresos para esos sectores. Los jugadores selectos del grupo agropecuario son Cargill, Bunge, Louis Dreyfus Commodities, Aceitera General Deheza, Archer Daniels Midland (ADM), Vicentin, Noble Argentina, Alfred Toepfer, Molinos, Nidera, Oleaginosa Moreno y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA). Entre las industriales exportadoras se destacan Pan American Energy, Techint, Aluar y las mineras.

El otro grupo netamente ganador fue el de los bancos, ya que el Banco Central desmontó la regulación que vinculaba la tasa de interés para pequeños ahorristas a la evolución de las Lebacs, que son una referencia para los depósitos de las entidades financieras en el BCRA. En los hechos, el BCRA convalidó una fuerte suba de la tasa de interés para incentivar las colocaciones en pesos pero la tasa para los ahorristas no subió en la misma magnitud, lo que genera un beneficio para los bancos. También la conducción del BCRA a cargo de Federico Sturzenegger eliminó el techo a la tasas para los créditos, otro guiño a los entidades financieras. Como además se eliminaron las restricciones a la entrada de capitales golondrina, el negocio se completa con la toma de deuda en dólares, la valorización a tasas exorbitantes y luego la compra de dólares para la fuga al exterior, siempre y cuando haya estabilidad cambiaria.

Del otro lado están los que perdieron con ese paquete de medidas, entre ellos, las pymes. “Bajó nuestra capacidad de compra y subió la tasa para financiarnos. Para el capital de la pyme es una mezcla explosiva. Es un momento complicado”, resumió a Página/12 Raúl Zylbersztein, secretario general de la Cgera. La situación es la siguiente. Las pymes se caracterizan por tener bajo poder de negociación. Esa disparidad puede darse frente a sus proveedores o sus clientes o frente a ambos. El peor escenario sería el de una pyme que compra insumos a una serie de empresa monopólicas y vende sus productos a una marca renombrada o un retail.

La prenunciada devaluación generó un universo de situaciones de micro tensión a lo largo y ancho de la economía. Las pymes suelen emitir cheques a 30 días promedio y enfrentaron un aumento de esas facturas, que incluso a veces están directamente dolarizadas, como el caso del aluminio, la chapa, el polietileno o insumos importados. La pequeña empresa vende a plazos más largos, entre 60 y 120 días, y además del desfasaje de pago y cobro, usualmente le impiden trasladar los mayores costos. O sea, compran a los precios nuevos (más altos), pero venden a los precios viejos (más bajos). Así, se reduce su capacidad para reponer mercadería. “Cuanto más concentrada es la cadena, más complicado es”, agregó Zylbersztein.

La opción que tiene la pyme es ahorrar en mercadería, no venderla, y en cambio financiarse con la venta de los cheques que recibe de sus clientes. Sin embargo, la comisión que le cobra el banco por esa operación aumentó con la suba de tasas descripta más arriba, de un 26 al 36 por ciento. Otro ejemplo de suba del costo financiero es el crédito aguinaldo, que las pymes suelen pedir al banco. La tasa para estas operaciones a seis meses creció del 24 al 34 por ciento. Hubo situaciones de este tipo en el sector metalúrgico, textil, calzado, juguete y marroquinería, entre otros. Eso en el mejor de los casos, porque es muy común que ante la escasa disponibilidad de crédito de parte de los bancos o la propia subdeclaración del negocio, las pyme se financien en casas de crédito, donde el costo financiero es mucho más alto.

“No solamente está el recorte del capital circulante y encarecimiento del crédito, también cayeron las ventas con respecto al año pasado por efecto de la pérdida del poder adquisitivo. Además, los grandes proveedores ahora tienen más incentivo para exportar en lugar de vendernos y los retails amenazan con la importación”, explica Ariel Aguilar, presidente de la Cámara Industrial de Manufacturas del Cuero (CIMA). “Está subiendo el nivel de cheques rechazados de pymes, pasa en muchos sectores, siempre gana el más grande o el importador”, indica Marco Meloni, de Protejer, entidad que agrupa a las empresas de la cadena textil.

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