23 jul. 2017

Más escándalos que brotes verdes


El recuerdo del Apagón en Ledesma. Dos interpelaciones a la Corte Suprema. La judicialización, un mal de la etapa. El uso del escándalo para no hablar de economía. Debate en Diputados por Julio De Vido, un precedente peligroso. Algo sobre encuestas y datos de la realidad, más certeros.

La “Noche del apagón” es uno de los hechos macabros que confirman la existencia de la dictadura cívico militar. El establishment instigó el golpe de 1976, lo dotó de cuadros para la gestión y de un programa económico, lo encubrió y lo apoyó hasta la guerra de Malvinas. En Ledesma el gran empresariado se ensució las manos y participó en la represión. No fue lo más frecuente, tampoco el único ejemplo.

En la movilización conmemorando 41 años de ese crimen múltiple, se clamó por justicia y esclarecimientos. Dos exigencias corearon en particular los manifestantes: ambas interpelan a la Corte Suprema de Justicia.

* Hace años que no resuelve un juicio sobre la responsabilidad penal de Carlos Blaquier, un dueño de la tierra jujeña.

* La dirigente social Milagro Sala está presa sin condena desde enero de 2016. El Tribunal cajonea el expediente en el que se demanda (con sobrados fundamentos) su libertad. Está en condiciones de resolverlo desde hace meses. Lo difiere desoyendo las críticas de la comunidad internacional pero atendiendo a los susurros del Gobierno del presidente Mauricio Macri. 

En un lapso brevísimo, la cabeza del Poder Judicial se ha degradado y perdido prestigio, a pasos agigantados. La decisión sobre el 2x1 para represores, para sorpresa de su demiurgo el supremo Carlos Rosenkrantz y del resto del tribunal, desató un rechazo ciudadano amplio y movilizado acaso único en la historia nacional.

Los cortesanos, empero, se tomaron la Feria mientras postergan esos asuntos candentes.

La judicialización de la política como la putrefacción empieza por la cabeza. Que la campaña electoral tenga como pivote a impresentables jueces federales de Comodoro Py es otra referencia ineludible.

Qué verdes eran mis brotes: El oficialismo lo declara a cielo abierto: en campaña no debe hablarse de la economía presente o futura sino de la corrupción pasada, las mafias, Venezuela…

La disciplina M es elevada mas no absoluta. El ex ministro de Educación y candidato, Esteban Bullrich, se sale de cauce: aconseja a los desempleados ocuparse en producir cerveza artesanal. Lord Keynes se revuelve en su tumba, Adam Smith también. Hasta el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, debe notar que es una tontería o una falta de respeto. Los estrategas de campaña esconden a Bullrich: con protagonistas así, mejor que el candidato sea el proyecto. El desliz de la birra y otros parecidos interfieren con el objetivo general sin alterarlo.

La táctica se degrada inventando denuncias, promoviendo escándalos, pidiendo cárcel para los rivales. En el paroxismo, se procura la proscripción de candidatos fundada en la persecución judicial y mediática.

La diputada Margarita Stolbizer clamó durante años para que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner fuera excluida de la competencia. Ahora anuncia que el Senado podría rechazar su diploma, si ingresa merced al voto popular. Ex radical, ex stolbizerista, ahora massista, Stolbizer transmuta en un espectro de lo que fue: una militante política con recorrido, con calle, del conurbano bonaerense. Encarna una penosa regresión a las peores prácticas del radicalismo pre alfonsinista: sacar al contrincante del juego cuando se barrunta que la derrota está cerca. Viene a cuento el epigrama tanguero: “ya no sos mi Margarita…”.

Se quiere remover a un director del Banco Central, Pedro Biscay, por pensar distinto a su presidente, el fundamentalista de sí mismo Federico Sturzenegger. En la Casa Rosada cabildean: ¿defenestraremos a la Procuradora Alejandra Gils Carbó por decreto o esperaremos a iniciar juicio político?

Un juez brasileño quema los textos del derecho penal de Occidente: condena al ex presidente Lula da Silva aunque (confiesa) no tiene certezas sino convicciones. Ni la Santa Inquisición fundaba así sus sentencias. No hay un documento que pruebe que Lula es o fue dueño del departamento que es el cuerpo del delito. No importa, Lula va primero en las encuestas, el presidente sin votos Michel Temer ni figura... la coalición político judicial se pone en movimiento.

El contexto nacional y regional reseñado es esencial para evaluar la jugada de la Cámara de Diputados respecto del ex ministro Julio de Vido.

Política y precedentes: Diputados y diputadas hablan de la Constitución, de los fueros, de indignidades, de ejemplos anteriores. Es dudoso que consigan atraer la atención de sectores masivos de la opinión pública porque son cuestiones complejas que casi todos discuten a los gritos e interrumpiéndose. Los términos de la conversación invitan más al zapping que a la escucha.

Tal vez, intuye el cronista, las polémicas obren un efecto distinto al deseado: desacreditar a tirios y troyanos. La lucha en el barro dificulta percibir ganadores y a veces hasta discernir quién es quién. No sería la primera vez que la elite política (mejor llamarla así que “clase”) serrucha el piso común que la sostiene.

No entraremos, hoy y aquí, a la minucia jurídica. La contienda es política, el derecho se usa como pretexto.

Si el Gobierno –aliado con 1Pais, la coalición massista– consigue una mayoría agravada de dos tercios, Diputados excluirá de su seno a De Vido. El trámite ulterior, recurso ante la Corte Suprema, seguramente se extenderá durante tiempos vaticanos, que excederán los dos años y meses que quedan de mandato.

Pandora y PepsiCo: De nuevo, más allá de la discusión técnica, hay un peligro político al sentar un precedente faccioso. Desde 1983 un acuerdo no escrito entre todas las fuerzas políticas evitó el riesgo: ninguna mayoría contingente expulsó a sus rivales políticos por motivos imprecisos, discrecionales. Ahora, una mayoría ad hoc, transitoria, la emprende con el adversario, en víspera de una votación.

Expandir la vindicta a otros kirchneristas es parte confesa del menú. La posibilidad de vendettas o revanchas en el futuro, como el Sur, también existe.

Se abre una Caja de Pandora que, con sensatez transversal, se mantuvo básicamente cerrada durante casi 34 años, con contadas excepciones, ninguna igual a la que analizamos.

Tal vez sean decisivos los votos de diputados de izquierda y los del Movimiento Evita. El macrismo los presiona acusándolos de potenciales defensores del acusado. Ninguno se sentirá cómodo acompañando, de alguna forma, a de Vido. Pero deberían sopesar el potencial impacto futuro del precedente. Pensar en su propio porvenir, en el escenario general y en la parábola de Bertold Brecht. En la coyuntura, la matemática política alecciona: dos más dos más PepsiCo es cuatro.

Si se lubrican mecanismos para echar al adversario fundándose en el mero criterio –o conveniencia– de la mayoría habrá varias bancas en riesgo. Por ejemplo, la de quienes apoyan con sus cuerpos la protesta social, crecientemente criminalizada. Si Cambiemos zafa en octubre, la tendencia se agravará, las leyes se endurecerán, los magistrados y fiscales con camiseta amarilla se sentirán empoderados.

Poner las barbas en remojo es buena praxis, sobre todo cuando Macri y la gobernadora María Eugenia Vidal profieren discursos macartistas que no apuntan solo a los “chorros kirchneristas” sino también a los neo subversivos de las distintas vertientes de la izquierda o de los movimientos sociales.

Prescindir de las expulsiones no equivale, ni tiene por qué equivaler, a una renuncia a desaforar a legisladores con causas abiertas. La Constitución, claramente, lo habilita. Lo que sugerimos acá no es dar rienda suelta a la impunidad sino contener la bulimia de poder del contingente oficialismo.

Encuestas y apuestas: Las encuestas obsesionan a los dirigentes, a los candidatos, a los comandos de campaña.

Dicha influencia no las torna verosímiles. Para ser francos: ni siquiera son creíbles las pocas que se realizan con algún rigor. Este cronista dialoga con dos consultores renombrados, formula una pregunta sencilla. ¿Cuántas llamadas hay que hacer con el sistema IVR (el que tiene preguntas grabadas, interactivo) para conseguir 1500 respuestas utilizables? Un especialista le dice que 45.000, otro es más modesto y se queda en 30.000. En cualquier caso son a teléfonos fijos y solo responden hasta el final personas con tiempo, interesadas, dispuestas. Seguramente un conjunto más politizado que la media. La distorsión es clavada, sería tan tentador como impreciso formular inferencias sobre sesgos educativos o sociales.

Los pocos datos accesibles, el análisis comparativo, la sensación térmica, concuerdan: Cristina es una candidata con potencial, creciente. Su “techo” hipotético según la narrativa macrista no llegaba al 25 por ciento hace un año, ahora se elevó cinco puntos, acaso diez. Ella pisa fuerte en el Conurbano bonaerense, azotado por la situación económica. Nadie puede ser apodíctico pero ninguno de sus rivales jura ya que “ella” está derrotada de antemano.

La realidad se obstina en facilitar argumentos y razones a la oposición. Se cierran fábricas, cada día hay más despidos, la malaria se acentúa, julio es un mes frío. El dólar y los combustibles aumentan, los precios de productos básicos los seguirán en ascensor. El consumo popular merma, los comedores comunitarios se colman. Ponerlo en cifras siempre es discutible, la realidad se palpa.

El objetivo del macrismo es evitar que se hable de eso, para que “la gente” no lo tenga en cuenta al votar.

Macri finge ser optimista. Asevera que la Argentina es el país con más posibilidades de crecimiento del mundo. Corsi, ricorsi y recidivas de la historia. ¿Estaremos condenados al éxito, nuevamente? No da la impresión. Habrá que ver.

Gracias, compañero

Conocí a Marco Aurelio García en Montevideo mientras cubría una reunión del Foro de San Pablo, hace 22 años. Escucharlo y admirarlo era todo uno. Su versación trascendía largamente su notable bagaje académico. Le sumaba calle, estaño, lecturas, películas bien miradas, una capacidad de observación impar.

Le tomé afecto cuando esa vez le hice el primer reportaje de una serie que sumaría una docena o quién sabe más. Entrevistarlo era siempre fascinante porque deslumbraba sin hacerse el vivo ni el difícil, porque sorprendía sin resignar la identidad ni la ideología.

Lo adornaba una cálida bonhomía. Prodigaba dos encantos de la convivencia, nada comunes en figuras de su nivel. El sentido del humor y la capacidad de hacer accesible lo que explicaba a punto tal que el interlocutor por momentos podía fantasear que entendía tanto como él.

Recorrió el mundo y en especial América del Sur “n” veces: como militante, como exilado, como funcionario luego, como predicador siempre. Fue promotor de Foros de la izquierda, “hincha” del Mercosur, puntal de UNASUR.

Brasil era su hogar, el vecindario su ecosistema y su obsesión. No en aras de la utópica unidad sino de la política conjunción de intereses y de proyectos.

Marxista por formación, jamás prescindió del análisis clasista, nunca dogmático y siempre aggiornado por la praxis.

Vivió un tiempo en la Argentina, la conocía y la quería. Fue tanguero de marca mayor, con un repertorio digno de mención. Comprendió al peronismo como pocos dirigentes brasileños, registró siempre su raigambre popular, lo fascinaba su componente plebeyo.

Acompañó al ex presidente Lula hasta el último día. Su muerte habrá sido para el gran estadista un dolor tremendo, uno más entre los muchos que le vienen infligiendo las peripecias de la vida y el odio de sus enemigos políticos (llamarlos “adversarios” sería una concesión excesiva, a esta altura de la soirée).

Vaya una anécdota, como botón de muestra. Disfrutaba de una buena mesa, un bife de lomo, un vino de buena bodega en la primera cena que compartieron, como presidentes, Néstor Kirchner y Lula. De sopetón, los dos mandatarios les ordenaron a él y a Eduardo Sguiglia, funcionario de la Cancillería Argentina, que viajaran a Bolivia. La misión era articular con el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada una salida relativamente prolija del gobierno, habilitando elecciones en las que pudiera participar Evo Morales. Partió contento, porque estaba en su salsa y porque ya había terminado de cantar Adriana Varela.

Años después sería enviado a Bolivia para disipar tensiones con el presidente Evo Morales, que había expropiado Petrobras. Esas peripecias cambiantes lo llevaron de aquí para allá. Por ahí marcó un record de millaje, premio y tarea para un colaborador formidable en la construcción de la etapa más pacífica, sustentable y estable de la América del Sur.

Los grandes líderes son esenciales y únicos. Por eso se los venera, se los desprecia, se los vota y se los persigue. Pero necesitan que algo más abajo (es una forma de decir) los acompañen dirigentes con convicciones, pensamiento propio, coraje y ganas.

En noviembre del año pasado fue protagonista central en una jornada sobre la izquierda sudamericana, realizada en Santiago de Chile. Pronunció una exposición magistral. Denunció y diseccionó el proyecto depredador de la derecha regional, el autoritarismo, el desdén por la democracia y los intereses de las mayorías. Y, al mismo tiempo, formulaba y desarrollaba una pregunta a menudo omitida: “qué hicimos mal”.

Uno de sus puntos más sugestivos era señalar el enfrentamiento del movimiento popular con sectores sociales que lo habían acompañado en los primeros años. Se refería a Brasil pero la argumentación era, seguramente, proyectable a la Argentina, asumiendo las diferencias del caso.

Preconizaba que no debía caerse en el facilismo de endilgarles ingratitud. Ni en el simplismo, a su ver, de creer que había nacido una nueva clase media. Para Marco Aurelio en el siglo XXI habían emergido nuevas capas de trabajadores con otras perspectivas. Muy beneficiados por las políticas públicas del PT planteaban nuevas demandas que el estado no estaba en capacidad de satisfacer.

“No supimos comprender en la estructura social que nosotros mismos fuimos capaces de provocar”, cifraba con la lucidez del político y la claridad del intelectual.

Algo parecido dijo, hace tres semanas, en Buenos Aires donde participó en un encuentro de discusión, dio una charla, se hizo tiempo para reunirse con la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Itinerante siempre, todoterreno, aunque seguía jugando en ligas mayores jamás dejaba de preparar una conferencia como si fuera la primera de su vida.

Fue un lujo tratarlo, aprender a su vera. Un tipo así no tiene reemplazo, la congoja y la bronca se entreveran. Para quienes no creemos en la trascendencia, es un consuelo habérselo reconocido en vida o haber tratado de hacerlo. En Chile, le regalé un libro que acababa de publicar, con el entusiasmo a la vez invasivo y pudoroso de un alumno que se lo lleva a un maestro. Escribí una dedicatoria manuscrita, con pésima caligrafía. No la recuerdo textual, claro. Expresaba en menos líneas lo que quiso sintetizar esta columna. Sí sé que en esa entreverada alabanza afectuosa sobresalían dos palabras clave (póngale). Son las que dan título a esta nota.

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