20 ago 2017

El optimismo sobre el futuro derrotó al presente


Las primeras elecciones de medio término han resultado positivas para el gobierno. Ante un escenario económico muy desfavorable, resulta un verdadero desafío la interpretación de los resultados. Mucho más sencillo resultaba pronosticar un triunfo nacional del oficialismo por la simple razón que era la única sigla que se presentaba en 23 distritos con el mismo nombre CAMBIEMOS, y en el único que no lo hacía fue en la Capital porque el radicalismo desertó de la Alianza y fue individualmente apoyando a Martín Lousteau.

La otra posibilidad cierta que no se verificó en los términos previsibles era un triunfo por varios puntos de diferencia de Cristina Fernández, aunque la incertidumbre sobre la magnitud de la diferencia es consecuencia directa de una bochornosa manipulación de datos.

El objetivo de bajarle el precio al triunfo de Unión Ciudadana postergando por 10 o más días levantarle la mano triunfal a Cristina Fernández, se consiguió al costo de no centrar la atención en el buen desempeño gubernamental, sino, en el mejor de los casos, en los que la denunciadora Margarita Stolbizer calificó benevolentemente como travesura. Cuando finalmente se conozca el resultado final, el republicano Mauricio Macri ¿ felicitará a Cristina Fernández?

Las sorpresas del domingo desde el oficialismo fueron su triunfo contundente en Córdoba, y sorpresivo en Neuquén, San Luís, La Pampa y Entre Ríos; el impresionante desempeño de Carrió en la Capital Federal, la confirmación en Jujuy (aunque con una caída de algo más de 10 puntos), Corrientes y Mendoza, y un triunfo de fuerte contenido simbólico como el de Santa Cruz.

Unidad Ciudadana sacó menos de lo esperado en Capital, aunque recuperó el segundo puesto, ganó en la Provincia de Buenos Aires, triunfó sorpresivamente en Santa Fe, Rio Negro y Chubut y lo que era previsible en Tierra del Fuego, aunque con una diferencia estrecha en relación a la situación económica grave por la que atraviesa.

El categórico triunfo del PJ en Tucumán, ( 52,36% a 30,87%) demuestra las falsas denuncias sobre fraude que los republicanos arrojaron sobre el resultado hace dos años, sin el menor reparo por el daño que le ocasionaban a la credibilidad del sistema electoral.

EL TRIUNFO DE CAMBIEMOS 

No debe denostarse a las mayorías expresadas electoralmente cuando no responden a lo que el analista considera conveniente y es mejor seguir el consejo del filósofo Baruj Spinoza que “en política no hay que reír ni llorar, sólo comprender” Tengo la convicción que el éxito del programa económico del PRO, nos conduce a una crisis de proporciones imprevisibles. Pero esa crisis necesita el transcurso de un tiempo no pronosticable. Por eso en varias notas anteriores reflexioné que a la oposición globalmente caracterizada como peronista (PJ, Frente para la Victoria), o ampliando el espectro lo que se conoce como lo nacional y popular, le faltaba tiempo para recuperarse y aún más para renovarse; y para el país, dieciocho meses del nuevo gobierno no eran suficientes para apreciar en su real dimensión las consecuencias negativas profundas, presentes y futuras. De la anterior conmoción de la derrota en manos de Alfonsín, necesitó cuatro años para recuperar el terreno perdido.

El triunfo de Cambiemos se basa en que su núcleo duro se alinea decididamente con sus posicionamientos ideológicos; y el fluctuante desanimado o fluctuante en expectativa considera que hay que darle más tiempo de apoyo al gobierno para evaluar los resultados.

En los sectores medios y franjas populares esto se entrelaza y potencia con el odio hacia la figura de Cristina Fernández. En general en muchos casos son por motivos superficiales y en otros por heridas infringidas gratuitamente. En sectores ampliamente beneficiados por las políticas populares, existe una base cultural que los enfrenta a los que reciben planes y descreen de la ayuda estatal recibida para la movilidad social ascendente, reduciendo su mejoría exclusivamente a su propio esfuerzo personal.

En cambio en el establishment la bronca se transforma en temor, desconociendo en su torpeza que los gobiernos populares son los que más esfuerzos realizan para el desarrollo de un capitalismo nacional. Las limitaciones que padecen al ejercicio irrestricto del derecho de propiedad; por el derecho laboral aplicado en beneficio de los trabajadores; por el protagonismo de los sindicatos; por la presencia de los delegados de fábrica; por el mantenimiento o aumento del poder adquisitivo de los sueldos (que con ceguera sólo consideran costo laboral); y porque no son recibidos en la Casa Rosada con despliegue de alfombra roja. Todo eso es vivido como un menoscabo al capital: su ideología les impide comprender lo más conveniente y en muchos casos son artífices de un suicidio previsible. El analista José Natanson agrega importantes elementos a la comprensión bajo el título “El macrismo no es un golpe de suerte: “el macrismo se apoya en dos pilares. El primero es la decisión de prolongar el generoso entramado de políticas sociales construido por el kirchnerismo: Asignación Universal, jubilaciones, incluso las cooperativas del Argentina Trabaja, que en su momento había denunciado como un foco de clientelismo y corrupción. El segundo es su gestión en la Ciudad de Buenos Aires: como durante sus dos mandatos como jefe de gobierno Macri no rompió el consenso en torno a la universalidad de los servicios públicos (no privatizó las escuelas ni los hospitales y no les prohibió a los bonaerenses, ni siquiera a los paraguayos, atenderse en ellos), pudo construir la imagen de una administración eficiente y moderada, que además produjo una mejora importante del transporte público y que volcó recursos tanto al espacio público de parques y plazas como a la oferta cultural orientada a clase media. Eso no implica, aclaremos nuevamente, una evaluación positiva de su performance al frente del gobierno de la ciudad de la ciudad, sino apenas reconocer que si se hubiera comportado de otro modo probablemente no hubiera ganado todas las elecciones desde el 2007 y quizás tampoco la Presidencia. Porque el espejo de esta caracterización sosegada del macrismo es el agitado paisaje de trazo grueso que durante demasiado tiempo quiso pintar el kirchnerismo ( duro) : la consigna “Macri basura/ vos sos la dictadura”, en particular, reflejaba la incapacidad para comprender la verdadera naturaleza de la criatura política que tenía enfrente…… Sucede que el neoliberalismo macrista incluye también una propuesta de justicia, sintetizada en la perspectiva de igualdad de oportunidades, la única referencia más o menos abstracta que el presidente se atreve incluir en sus discursos. A menudo acompañada por exhortaciones a recuperar “la cultura del trabajo” y evitar “los atajos y las avivadas”, la igualdad de oportunidades……..; la perspectiva encarna en el trabajador meritocrático, el verdadero sujeto de esta nueva batalla cultural y sintoniza con la tradición inmigrante que es parte constitutiva de nuestra cultura política: la idea de progreso en base al esfuerzo individual ( a lo sumo familiar) que le permite al que llegó con una mano atrás y otra adelante progresar hasta ascender al mundo alfombrado de la clase media: el mito de “mi hijo el dotor”

Es en este panorama que cierto optimismo sobre el futuro derrota las dolorosas cuitas del presente.

LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN DISOLUCIÓN

Los dos partidos surgidos de la crisis del 2001 son los que han gobernado el país. La versión más radical que fue el kirchnerismo, archivó ahora su nombre de Frente para la Victoria para transmutarse en Unión Ciudadana. El PRO, expresión de la derecha y desde el 2015 restauradora, constituyó una alianza antiperonista con un radicalismo desprovisto de candidatos taquilleros y que a medida que el macrismo se consolida nacionalmente le va quitando presencia y votantes. El peronismo pejotista cercano al macrismo se va reduciendo y en ese escenario los que llegan por fuera de la política desde Miguel del Sel a Hector Baldassi tienen un hándicap de inicio.

Es un punto interesante señalar que las diferentes ramificaciones dispersas de tronco peronistas que sumadas alcanzaban entre el 60 y 70 % han disminuido en esta elección a un 43,71%

Reducidos a siglas a utilizar como instrumentos electorales, se va consumando un sistema político de baja densidad. Sólo el manejo del Estado empareja las cargas. Eso pasó con el Frente para la Victoria que se dispersó y transmutó cuando dejó de ser gobierno. Hoy es el PRO el que aparece extendido territorialmente y muy compacto como mecanismo electoral.

CRISTINA FERNÁNDEZ, EL PJ Y LAS PASO

El resultado a nivel nacional es auspicioso al haber alcanzado algo más que el 21%. Si embargo la diferencia estrecha en la Provincia de Buenos Aires la coloca en un campo de incertidumbre de cara a las elecciones de octubre, donde el gobierno avanzará con descalificaciones y el cronograma judicial. La actuación de los intendentes que la apoyaron no se tradujo en carteles en la vía pública, incluso abre un interrogante sobre la efectiva militancia realizada. El resultado no permite visualizar que los gobernadores del PJ que han tenido varios fracasos estruendosos se subordinen a su conducción. Son el sector de centro derecha de este espacio político, que no sólo por necesidad se subordinan al gobierno de turno. Los gobernadores carecen de envergadura para ser una alternativa política al kirchnerismo. En esa neutralización entre gobernadores sin proyección reunificadora por su dispersión y debilidad y Cristina Fernández con una base para avanzar pero con un techo bajo por el rechazo mayoritario de la población, se despliega el drama e incertidumbre de esta oposición.

El gobierno sortea sus enormes limitaciones con una fortaleza apuntalada por el poder económico, el establishment internacional, los medios dominantes y el poder judicial en su mayoría encolumnado con la Casa Rosada.

El oficialismo y la oposición obtienen guarismos muy por debajo de otras elecciones intermedias como la de Raúl Alfonsín que alcanzó el 43% contra 34% del peronismo.(1985) Menem con 40,22% contra 29% de la UCR,(1991) y Nestor Kirchner con 41,59% contra 17,7% del radicalismo ( 2005). Se parecen a los actuales guarismos a las elecciones del 2009 donde la Unión-PRO ( De Narváez-Solá), llegó al 34,6% contra el 32,3% del Frente para la Victoria ( Kirchner-Scioli) y la del 2013, el Frente para la Victoria 33,89 contra el Frente Cívico y Social con 24,84%.

LOS TERCEROS AFUERA

En un ámbito de enfrentamiento, los que han tratado de colocarse en el medio han sido ninguneados.

Sergio Massa perdió en su alianza con Margarita Stolbizer, quien le proveyó la norma IRAM en materia de anticorrupción a cambio de avanzar hacia un perfil antikirchnerista primero y antiperonista después. Le restó votos peronistas y no le sumó votos de un presunto progresismo de cartón. Tiene que alejarse de la avenida del medio convertida en un caminito y corre el riesgo de sufrir una sangría en favor de Cambiemos. Por otro lado el ser oficialista y opositor, como lo fue Massa desde octubre del 2015 o como en el caso de Martín Lousteau, finalmente se termina pagando.

Florencio Randazzo, quien privilegió su carrera a un proyecto de consolidación de una oposición sólida y fuerte al macrismo, quedó reducido a algo más de un 5%. De ahí pueden salir los votantes que ayuden a mejorar el cómputo de Cristina Fernández.

A Massa y Randazzo le costará mantener sus cómputos de agosto. La polarización les resultará una poderosa kriptonita. En ese contexto parece que Cambiemos tiene más chances de crecer carancheando en los votantes de Massa. Alguna interpretación sostiene que el drenaje ya se produjo en un porcentaje hacia Macri, lo que explica también el crecimiento de Cambiemos la última semana, junto con el despliegue realizado por la gobernadora María Eugenia Vidal.

Mauricio Macri y Cristina Fernández alternativamente fueron los más sólidos adversarios del modelo contrario. Incluso acertó Duran Barba cuando aconsejó en el 2015 no hacer una Alianza con Massa, para no contaminar lejanamente una alternativa tan antikirchnerista como en el fondo muy antiperonista y emerger publicitariamente como “la nueva política”

ELISA CARRIÓ Y MARÍA EUGENIA VIDAL

Elisa Carrió representa hoy un fenómeno muy particular. Con un partido inexistente o reducido a los que caben en un colectivo, tiene en la alianza Cambiemos más poder real que el radicalismo que le aportó distribución territorial.

Actúa como un amianto anticorrupción de un partido integrado en los principales ministerios por dirigentes empresariales con mucho más para ocultar que para exhibir. En ese papel y como oficialista va dejando pedazos cada vez mayores de su imagen de acorazada contra la corrupción. Al intentar un partido sólo con los “honestos” redujo su capital electoral al 1,8% en el 2011. El 13 de agosto obtuvo casi el 50% en la Ciudad de Buenos Aires y se constituye en una candidata con sostén electoral, cuando hasta ahora su poderío se basaba exclusivamente en su poder de fuego denunciador y su sostenimiento mediático. Como es tradicional, el oficialismo ganó en todos los barrios, lo que es un éxito importante que se potencia teniendo en cuenta los 10 años gobernando el territorio. Macri tenía hasta ahora una granada en su alianza. A partir de ahora Carrió es un tanque que sueña con la presidencia. La periodista Laura Di Marco lo sintetizó: “Un fantasma recorre Cambiemos: es Carrió. El "lilazo" abrumador generó sentimientos encontrados de euforia y preocupación.”

María Eugenia Vidal es una estrella ascendente en el pálido cielo dirigencial de Cambiemos. Su protagonismo electoral arrimó el bochín en una elección bonaerense donde su principal candidato a Senador fue un gol en contra. Su alojamiento en una base militar es una imagen publicitaria tan potente como en su oportunidad fue denominar Cambiemos a una coalición política.

Es difícil determinar cuánto hay de cierto en la pretendida lucha contra organizaciones delictivas que se generalizan desaprensivamente bajo la denominación de mafias. En cambio es un hallazgo imaginar que la respuesta de los afectados de su accionar la lleva a una situación de peligro extremo que sólo puede ser contrarrestada por un poderoso cinturón de seguridad.

MIRADA ELECTORAL DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

La provincia donde siempre se libra la batalla electoral fundamental, se compone de siete secciones: en las más numerosas la primera y la tercera ganó Unión Ciudadana. En la primera por una diferencia mínima y en la tercera con amplitud: 41,20% contra 28,34%. En las cinco restantes, menos numerosas, se impuso Cambiemos con diferencias significativas en la cuarta, quinta, sexta y séptima.

Dato al margen pero significativo, en la tercera sección incluye a La Matanza. En ese populoso distrito hubo corte de boletas significativas en diputados: con relación a Cristina Fernández, Fernanda Vallejos perdió 60.000 votos a favor de Graciela Ocaña.

Cambiemos perdió en varios distritos gobernados por sus intendentes: Lanús, San Vicente, Quilmes y Pilar. A su vez los dos intendentes que apoyan a Randazzo tuvieron mediocres desempeños y perdieron.

No comparto los análisis que se enfocan considerando que el 65% se opone al gobierno. Salvo situaciones excepcionales ( Perón en 1973 con el 62% de los votos, Cristina Fernández en el 2011 con el 54 % de los votos) una buena elección para el primero es obtener 44% o 46% de los votos.

De manera que generalmente el que gana es la primera minoría y todo el resto fragmentado es una mayoría. Eso es una realidad numérica, que no ayuda a la interpretación del escenario político.

EL OPTIMISMO SOBRE EL FUTURO DERROTÓ AL PRESENTE

Mientras el sector fluctuante que define las elecciones mantenga su cuota de esperanzada expectativa, el macrismo conservará su potencialidad electoral. Si el kirchnerismo entró en una meseta en los últimos años afectado por la caída del precio de los comodities y la maldición de la restricción externa, que sólo podía ser salteada avanzando, entre otras medidas, en la estatización del comercio exterior y una profunda reforma impositiva progresiva. Para el macrismo, el endeudamiento y el déficit tocan su límite y entonces los ajustes son imprescindibles para hacer sostenible su proyecto de refundación conservadora. En los dos casos, se llega a la imagen de andar en bicicleta: si se deja de pedalear el ciclista se cae. En el primer caso el avanzar implicaba enfrentar poderosos intereses. En el segundo, afrontar fuertes convulsiones sociales, consecuencia de la generalizada pérdida de derechos de los habitantes con desocupación creciente.

Un gobierno que se consolida electoralmente, habiendo alcanzado un 35,90%, y una oposición que para fortalecerse necesita de un tiempo que la realidad no le brinda.

Si esto finalmente es así, más que por la resistencia unificada opositora en el corto plazo, lo que puede minarlo interiormente al gobierno es la inviabilidad de su proyecto económico.

Su Caballo de Troya es la potencia dinamitadora de su proyecto. Es el momento en que el presente derrota al futuro y el optimismo se convierte en desilusión. La distancia de ese momento está fuera de cualquier pronóstico. Mientras tanto, el post octubre desde el gobierno es absolutamente previsible. Se aprontan al desembarco de Normandía. Desmantelar definitivamente al modelo de sustitución de importaciones. Es el camino anunciado y convalidado en términos relativos.

Basta apreciar la alegría de la Bolsa, la baja del dólar, la suscrición del 88% de las LEBAC en el vencimiento del 15 de agosto, la euforia de los medios dominantes, las felicitaciones superlativas del vicepresidente de los EE.UU y del vicepresidente de la Cámara de Comercio Norteamericana, para saber quiénes son los auténticos ganadores. La borrachera del triunfo, parte real y parte una gigantesca tergiversación llevó a Mauricio Macri a afirmar: "Estamos empezando a recorrer los mejores 20 años de la historia de la Argentina".

Demasiado tarde para lágrimas.

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