9 oct. 2017

Che, ¿esta es tu cuadra?


En el corazón de Nueva Córdoba, a 20 metros del Parque de las Tejas, hasta el 2006 hubo una vieja casa en la que vivió, por 5 años, uno de los mayores mitos del mundo actual. Ni un graffiti lo recuerda. Chile al 200: la cuadra del Che.

1942 La Familia Guevara De la Serna, después de vivir más de una década en Alta Gracia, y debido al comienzo de la etapa secundaria del hijo mayor, se muda a Córdoba. Allí llegan el viejo Ernesto y su esposa Celia junto a sus 4 hijos. El mayor ya cursa la secundaria en el Deán Funes. Ernesto Guevara comienza a vivir el inicio de su lustro como ciudadano de Córdoba.

1943 Ernesto no es un joven más. Se viste raro, no le gusta bañarse y juega siempre, en el juego que sea, al extremo. Su desafío es no encontrar limitaciones. Y tampoco las encuentra en sus relaciones: de los amigos del cole, niños de clase media como él, a los villeros que viven frente a su casa. Del futbol en la calle, rodillas sangrantes, a la biblioteca del más grande pensador cordobés. Su amistad con Gustavo Roca, hijo del Gran Deodoro, recién fallecido, lo introduce al mundo de los libros. Ernesto agita la vida durante medio día. El otro medio día se lo pasa leyendo sobre la Obispo Salguero, la casa de los Roca.

1944 El golpe militar que frenó a los gobiernos del fraude patriótico no cambió las cosas y la militancia juvenil cordobesa a pleno se gana las calles. La liberación de París obliga a la fiesta popular de jóvenes universitarios en la plaza San Martín. Ernesto apenas pasa los 15 pero va. Es su primer acto. Se queda al lado del orador de turno, al frente de la Catedral. Le sacan fotos. No entiende nada. Llega la Policía y los caga a tiros. Entiende menos. En Chile al 200 empieza a leer El Capital para empezar a entender algo.

1945 Manifestaciones, actos relámpagos, paros de estudiantes, profesores cesanteados. Córdoba es un caos y Ernesto, un joven que de la mano de Alberto Granados, su amigo, ya estudiante de la UNC, empieza a mamar, en Córdoba, en Nueva Córdoba, en la calle Chile, lo que es el mundo de la rebelión. Los amigos universitarios de Ernesto van todos en cana. Él los visita, ellos le piden que se sume, él responde: denme un bufosso y yo juego. El revolver con que se armará después es nombrado en la Córdoba de las persecuciones y corridas.

2006 La casa de los Guevara De la Serna es puesta en venta. Sabe el intendente Luis Juez que allí vivió un cordobés que nació en Rosario, que se hizo médico en Buenos Aires, que se hizo cubano en la Sierra Maestra, pero que siempre se dijo a sí mismo que era cordobés. El cordobés, sabía el hoy senador macrista, que más ha trascendido las fronteras de este mundo. Lo sabía, también su antecesor, Germán Luis Kammerath Gordillo. Pero al liberal no le interesaba: para qué salvar la casa de un zurdito, habrá pensado, con todo lo que los perseguí. A Juez, en el fondo, tampoco le importó mucho. La casa se vende por 190 mil dólares. Nadie la quiere comprar.

2014 En Chile al 200 hay olor a sucio y obras en construcción que sacan a la cuadra de la agilidad propia de Nueva Córdoba. En esos 100 metros hay 6 –seis- viejas casonas similares a la demolida, aquella que llevaba la marca de la revolución inconclusa. No era una cuestión de vida o muerte. Sí la revolución. No la demolición. La que está al lado de lo que fuera la casa de Ernesto es ocupada por un instituto privado de relevancia menor. Ese pequeño instituto pudo hacer lo que el Estado municipal no. A menos de 20 metros del Parque, a 10 de la Avenida Chacabuco, al 288 de la cuadra, hay ahora un edificio. Su nombre cool: Ayres del Boulevard. En la Planta Baja, donde la familia Guevara cenaba cada noche, Ernesto y sus ataques de asma, Ernesto y su hombre nuevo, Ernesto y voy a cambiar el mundo, hay una peluquería: Club Glamour.
A veces se hace tan difícil querer a esta ciudad.

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