4 ene. 2015

A cambiar de pareja

Las similitudes entre una danza colombiana llamada “De la escoba” y las alianzas políticas telúricas son demasiadas. Tanto como patéticas. Pero es año electoral en el país y la idea de “baile”, por más colombiano que sea, se presenta como apropiada para reflejar lo que vendrá (con el permiso de la película de Gustavo Mosquera, la banda sonora del mismo film realizada por Charly García y el memorable tangazo de Astor Piazzolla). La cuestión en el orden nacional es así: Mauricio Macri le propuso a Gabriela Michetti ser la candidata a compartir con él la fórmula presidencial del PRO. Michetti, quizás hastiada de su inocultable y eterna discusión con Horacio Rodríguez Larreta, al que el propio Mauricio mencionó como el candidato óptimo para reemplazarlo al frente del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, o quizás sabedora de que sería mejor para ella el “pájaro en mano” del sillón de la CABA que el “cien volando” de una hipotética y esquiva vicepresidencia, empezó a coquetearle a Sergio Massa, del Frente Renovador. A su vez, Sergio Massa le confesó al diario La Nación que “Gabriela Michetti sería una gran jefa de Gobierno”. Mientras tanto, con escenario de casorio en el Tenis Club Argentino de Palermo entre Esmeralda Mitre y Darío Lopérfido, alguien llamó a Alemania para avisarle al viajero Mauricio que “Lilita aceptó nuestro ofrecimiento”. El ofrecimiento de marras –informó un columnista de Infobae, invitado a la fiesta– era que Elisa Carrió (la misma que dinamitó hace poquito nomás las intentonas de Faunen despachándose a gusto contra Solanas, Morales, Sanz, Binner y tutti li fuochi) fuera el “emblema del PRO en la lucha contra la corrupción en el cargo de Procuradora General de la Nación ante una eventual victoria macrista en 2015”. La orden, como en la colombiana Danza de la Escoba, sin bastonero a la vista, parecía irrevocable: “A cambiar de pareja”. Y rapidito, que se nos vienen las Paso.

Aquí, allá y en todas partes. En el Compendio del folclore colombiano, dice su autor, el musicólogo Guillermo Abadía, que la Danza de la Escoba “es tal vez la más divertida de las mojigangas del oriente de Bogotá” y agrega que su alumna Martha Torres, en un trabajo de investigación propio sostiene que “dicha danza es un aire de torbellino y su coreografía tiene carácter jocoso y competitivo, es casi un juego”. Mojiganga, en el diccionario, no deja lugar a dudas: “Farsa representada con máscaras y disfraces ridículos en las fiestas públicas de raíz carnavalesca”. Casi casi igualito a lo que parece ser la ideología y sus consecuentes alianzas para los mencionados políticos connacionales.

La dicha danza (popularísima en el Valle de Aburra, subregión ubicada en el centro-sur del departamento de Antioquia, Colombia) se practica en toda fiesta social o actividad recreativa, al son de cualquier ritmo y con movimientos improvisados. Se repite: cualquier ritmo y con movimientos improvisados. Como por acá en la confección de boletas con las que todo argentino/a mayor de 16 años deberá lidiar en las geografías escolares de los cuartos oscuros.

La idea central –de la danza– gira en torno de una escoba y su función. El baile –las elecciones para determinados políticos– es una especie de competencia lúdica. El juego –la danza– consiste en que el hombre o la mujer que no tiene pareja baila con la escoba, mientras que los demás lo hacen en parejas mixtas. En un momento determinado –dice Abadía en su enjundioso estudio–, quien baila con la escoba la lanza al suelo, ésta es la señal para que las parejas se separen y corran en busca de otro compañero o compañera, oportunidad que aprovecha la persona que bailaba con la escoba para conseguir con quien bailar y si lo consigue, otra persona es la que queda sola, por lo tanto le toca bailar con el llamado caballito de las brujas. En otros casos, alguien, el mencionado bastonero, grita “a cambiar de pareja”, momento en el que se suspende la música y todos corren en busca de otro/a compañero/a de danza. O de partido (esto no lo agrega Abadía ni ningún otro musicólogo colombiano). El juego –la danza, las alianzas preelectorales– se repite hasta que termine la pieza musical y el que quede con la escoba tiene que pagar una pena.

En otras versiones de la danza (lo que parece más apropiado en la similitud con las alianzas políticas vernáculas), la escoba (el aliado o la aliada) no se tira al suelo, sino que se le entrega directamente a otra persona del sexo contrario, quien está obligada a recibirla y ceder a su compañero/a.

Un dato curioso que aporta, otra vez, Abadía, hace dudar del verdadero tema en cuestión del musicólogo colombiano, si la mencionada Danza de la Escoba o la mencionada política de alianzas preelectorales: “Es un baile de adultos de parejas mixtas, sueltas, tomadas, abrazadas o las tres situaciones combinadas. El lenguaje corporal depende del ritmo que se esté bailando. Por lo general, lo hacen desordenadamente, sin coordinación. Sus movimientos dentro del escenario son libres y espontáneos. El comportamiento depende de la personalidad de los participantes en el baile, pero en términos generales se tiene la tendencia a las actitudes exageradas, a la jocosidad y a lo humorístico, a lo ridículo y al desdoblamiento personal, sobre todo cuando los participantes han ingerido licor”. Y bueh.

Así las cosas, en medio del baile (léase “política de alianzas preelectorales”) Massa juró y perjuró que denunciaría a Carrió ante la Justicia por injurias y pidió que se le practiquen pericias psicológicas para comprobar su grado de locura. Carrió, ni lerda ni perezosa, contraatacó sin miramientos: “De la locura se puede volver, pero del narcotráfico no”. De la misma manera, pero con otras intenciones, el líder del Frente Renovador se refirió a Michetti: “Creo que más allá de no ser de mi partido o mi proyecto, Gabriela tiene coraje para ponerles coto a cuestiones menores como las barras manejando los trapitos, o cuestiones importantes, como limitar negocios como el juego o las concesiones para amigos, porque es una mujer con valores”. Macri, por su parte, confía en Rodríguez Larreta como “la continuidad cantada del modelo macrista”, mientras que considera a Michetti como una dirigente rebelde e inmanejable para él y otros “capitostes del PRO” –como los llaman desde la página cronista.com–, acostumbrados a tomar decisiones verticalistas. En la fiesta del casorio fashion entre Mitre y Lopérfido, Lilita y Gabriela se fundieron en un afectivo abrazo (las malas lenguas dicen que ese abrazo fue el famoso “sí” a la procuraduría ofrecida).

La danza continúa. Se sabe, Carrió es Carrió, Massa es Massa, Macri es Macri y Michetti es Michetti: sus exabruptos pueden motivar la entrada en escena de algún bastonero que grite sin contemplaciones con el elector “a cambiar de pareja” para que la escoba y las boletas se tornen cada vez más imprevisibles. Como una mojiganga, ni más ni menos.

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