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20 feb. 2015

Un silencio que duró poco

Los referentes de la oposición buscaron posicionarse ante su electorado e interpretaron lo que quiso decir la movilización del miércoles. Todos dejaron atrás la idea de que se trataba de una marcha para honrar la memoria de Alberto Nisman.

Por Werner Pertot

Se terminó el silencio. Los dirigentes de la oposición, que ensayaron un perfil bajo en la marcha del miércoles, salieron ayer a interpretar “el mensaje de la gente”. “Fue un golpe al corazón del modelo”, estimó la diputada Patricia Bullrich, quien tuiteó que la movilización, más que un “golpe blando, es un duro golpe en el culo”. Por su parte, la macrista Laura Alonso interpretó que “se debe poner en estudio la posibilidad de pedirle juicio político” a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Para Sergio Massa, “la sociedad en la calle dijo: ‘No vamos a tolerar que haya más mentiras’”. En el radicalismo la interpretaron como un llamado a “terminar con la impunidad”. También la compararon con “las marchas del final de la dictadura”.

Una vez que lograron secarse, tras el diluvio bajo el cual marcharon el miércoles, los distintos referentes de la oposición comenzaron a posicionarse ante su electorado y a interpretar lo que quiso decir la masiva movilización del miércoles. Hubo un común denominador: todos dejaron de lado la idea que esgrimían en los días previos de que se trataba de una marcha para conmemorar la memoria del fallecido fiscal Alberto Nisman.

“La Presidente hoy no puede escuchar. Compró un libreto, el suyo y no escucha a nadie”, afirmó el aún procesado jefe de Gobierno, Mauricio Macri. “Fue una marcha histórica en la línea de la convivencia democrática, respetuosa. Fui a la marcha como ciudadano, como uno más, reclamando por nuestro futuro. Reclamando que nos dejen vivir en paz, protegidos por una Justicia independiente”, sostuvo Macri.

Detrás de Macri avanzó la división Panzer del PRO. “¿Golpe blando? No, golpe duro en el culo por los 400 mil ciudadanos en la calle. Vayan pensando de qué se disfrazan”, lanzó una todavía empapada Patricia Bullrich, luego de la marcha. Ya recompuesta, ayer cambió el lugar al que se dirigió el golpe: “Esto fue un golpe al corazón de un modelo. A la sociedad no le interesa demasiado escuchar lo que dice el Gobierno”.

Por su parte, Alonso planteó que hay que pasar a la acción: “La cancha fue marcada y la marcó la gente; a las urnas y a la gente en la calle hay que respetarlas”. “La denuncia que presentó Nisman, que le valió la vida, tiene una gravedad institucional inusitada y soy de las personas que creen que hay que poner en estudio el pedido de juicio político contra el canciller y hay que poner en estudio la posibilidad de un pedido de juicio político contra la Presidenta”, sostuvo la diputada favorita del empresario del juego Daniel “El Tano” Angelici.

Massa, en tanto, interpretó que “la sociedad manifiesta los límites en la calle y en las urnas. Toda la sociedad le reclama cambios al Gobierno. La Argentina le puso un límite más a la idea de impunidad; le puso un límite a la idea de ‘Justicia militante’; le puso un límite a la resignación que se plantea desde algunos sectores de convivir con la muerte y con el dolor”. “Hay que usar la marcha para cambiar la historia argentina”, planteó Massa. “Empezó el final de una etapa que se termina en 258 días”, recordó el final del mandato de la Presidenta, así como lo hacen sus carteles en distintas partes de la provincia. Del homenaje a Nisman, no hubo palabra.

“Hace un mes comenzó una causa judicial. Ayer (por anteayer) comenzó la causa de la gente”, sostuvo el massista Francisco de Narváez, para quien el objetivo de la marcha fue obtener garantías de que “los jueces y los fiscales no van a tener miedo, que van a poder hablar por sus fallos”.

Desde el radicalismo, el titular del Comité Nacional, Ernesto Sanz, señaló que la movilización “fue un nuevo ejemplo de mala praxis del Gobierno, dado que le dedicó los últimos diez días con un empeño y una enjundia digna de mejores cosas caratulándola de golpista, de que estaba encabezada por verdaderos monstruos”.

“Fue una clara demostración de que los argentinos pretendemos terminar con la impunidad que se instaló en el poder, con esta actitud del Gobierno de hacer lo que le plazca y de poner fin al atropello oficial permanente”, se sumó el diputado radical Miguel Bazze.

“Pedían un Nunca Más contra la impunidad y la corrupción”, interpretó la legisladora Graciela Ocaña en diálogo con Radio Ciudad. “Me hizo acordar a las marchas del fin de la dictadura”, dijo Ocaña. “La gente se movilizó contra toda la inmundicia que salió de las cloacas de Le Parc, que estaba acumulada durante años. El primer reclamo, que es superficial, es el enojo contra el Gobierno. Pero más profundo es contra una matriz en la Argentina que ha degradado la calidad democrática a pasos agigantados”, afirmó el precandidato a jefe de Gobierno de Unen, Martín Lousteau, quien sumó al PRO a esa matriz: “El PRO destina en publicidad el triple, en términos de presupuesto, que el gobierno nacional”, recordó.

“La marcha de ayer y el reclamo de justicia también corre como reclamo para que quienes se han quedado con lo ajeno, quienes han usado posiciones de poder para beneficiarse personalmente, sean objeto de investigación y sanción en el marco de una Justicia independiente”, sostuvo la líder del GEN, Margarita Stolbizer.

Por su parte, el legislador del MST Alejandro Bodart –que no marchó, pero mandó a sus militantes a repartir volantes– consideró que “la multitud que marchó no va a encontrar salida tampoco con los fiscales y esta oposición. La propuesta de los organizadores no conduce al objetivo que movilizó a la gente, ya que este mismo Poder Judicial es parte responsable de la impunidad y el encubrimiento”.

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